Manuel Bast
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tras la puerta se muestran, desdeñosas,
las paredes de blancos azulejos,
las ventanas cerradas y los viejos
pisos llanos de lánguidas baldosas,
a un costado las camas ominosas
dan soporte a los cuerpos sin reflejos
que intubados, diezmados y perplejos,
hacen frente a las pestes contagiosas.
Muchos mueren producto de este mal,
por millones se infectan, ¿es normal
dar la vida por pago a la imprudencia?
¿Merecemos camastros de hospital?
—Interpelo al sentir de tu conciencia—
¿Qué ganamos en base a la impaciencia?
las paredes de blancos azulejos,
las ventanas cerradas y los viejos
pisos llanos de lánguidas baldosas,
a un costado las camas ominosas
dan soporte a los cuerpos sin reflejos
que intubados, diezmados y perplejos,
hacen frente a las pestes contagiosas.
Muchos mueren producto de este mal,
por millones se infectan, ¿es normal
dar la vida por pago a la imprudencia?
¿Merecemos camastros de hospital?
—Interpelo al sentir de tu conciencia—
¿Qué ganamos en base a la impaciencia?
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