Con el alma encogida, pero con todo merecimiento, quiero dejar en nuestro rincón a esta joven poeta Afgana, asesinada a manos de su marido, como prueba de la valentía de estas mujeres, escritoras, pintoras, poetas, de un país que ha retrocedido en el tiempo para horror de sus mujeres y niñas.
El peligro talibán vuelve a convertir a la poeta Nadia Anjuman en un referente de la lucha de las mujeres.
Uno de los poemas de la autora, asesinada por su marido, se ha hecho viral en las redes sociales
La llegada del régimen talibán a Afganistán ha encendido todas las alarmas respecto a los derechos de las mujeres, aniquilados hace dos décadas durante el antiguo gobierno integrista islámico. Es por ello que estos días se ha hecho viral en las redes un poema de la afgana Nadia Anjuman, fallecida en el 2005 a causa de una paliza propinada por su marido y la familia de este, un suceso que no llegó a tener una resolución clara de la justicia, más allá de que el esposo pasara apenas un mes en la cárcel.
Pocos meses antes de su muerte, Anjuman había publicado con gran éxito en su país el poemario ‘Gol-e-Duda’ que podría traducirse como ‘Flores ahumadas’. La suya fue una poesía testimonial en la que autora vertía sus ansias de libertad y que rápidamente captó la atención de lectores y lectoras por su lenguaje moderno y nada afectado, kilómetro cero de la nueva poesía en su país. Ahora, cuando dentro y fuera de Afganistán se tienen las peores expectativas para los derechos femeninos el comprometido poema ha vuelto a cobrar actualidad.
No deseo abrir la boca
No deseo abrir la boca
¿A qué podría cantar?
A mí, a quien la vida odia,
tanto me da cantar que callar.
¿Acaso debo hablar de dulzura
cuando es tanta la amargura que siento?
Ay, el festín del opresor
me ha tapado la boca.
Sin nadie a mi lado en la vida
¿a quién dedicaré mi ternura?
Tanto me da decir, reír,
morir, existir.
Yo y mi forzada soledad
con mi dolor y mi tristeza.
He nacido para nada
mi boca debería estar sellada.
Ha llegado, corazón, la primavera,
el momento propicio del festejo.
¿Pero qué puedo hacer si un ala
tengo ahora atrapada?
Así no puedo volar.
Llevo mucho tiempo en silencio,
pero nunca olvidé la melodía
que no paro de susurrar.
Las canciones que brotan de mi corazón
me recuerdan que algún día
romperé la jaula.
Volando saldré de esta soledad
y cantaré con melancolía.
No soy un frágil álamo
sacudido por el viento.
Soy una mujer afgana
Entiéndase pues mi constante queja.
" Estoy enjaulada en este rincón
llena de melancolía y pena…
Mis alas están cerradas y no puedo volar…
Soy una mujer afgana y debo aullar. "
Un Llanto Sordo
" El sonido de las verdes huellas está en la lluvia
nos llega desde la carretera
almas sedientas y faldas polvorientas llegaron del desierto
su ardiente respiración y el espejismo-fundido
de sus bocas secas y de polvo cubiertas
nos llegan, ahora, desde la carretera
sus atormentados cuerpos, chicas criadas en el dolor
la alegría alejada de sus rostros
corazones viejos y alineados de grietas
no surgen sonrisas en los inhóspitos océanos de sus labios
ni una lágrima brota del seco cause de sus ojos
¡Oh Dios!
¿Podría ignorar si sus sordos llantos que saltaron del cielo,
alcanzan las nubes?
El sonido de las verdes huellas está en la lluvia. "
Llegaron del desierto
El sonido de las verdes huellas está en la lluvia
nos llega desde la carretera
almas sedientas y faldas polvorientas llegaron del desierto
su ardiente respiración y el espejismo fundido
de sus bocas secas y cubiertas de polvo
nos llegan ahora desde la carretera
sus atormentados cuerpos, muchachas criadas en el dolor
la alegría alejada de sus rostros
corazones viejos y alineados de grietas
no surgen sonrisas en los inhóspitos océanos de sus labios
ni una lágrima brota del seco cauce de sus ojos
¡Oh Dios!
¿Podría ignorar si sus sordos llantos que saltaron del cielo
alcanzan las nubes?
El sonido de las verdes huellas está en la lluvia
Recuerdos de color azul claro - claro
Oh los exiliados anónimos de montaña,
Oh joyas de nombres sofocados en el pantano de silencio,
Oh tú, cuya memoria se pierde tenue
agua turbia del mar del olvido,
¿dónde está el origen clara de sus pensamientos?
¿Qué mano devastadora ha quitado sus caras de oro? En este vórtice, fabricante de la oscuridad,
donde se calmar a su luna?
Si después de este tormento, portador de la muerte,
el mar se calme,
si las nubes, de vaciarse de sufrimiento,
si la luna traen afecto,
alcanzaría la sonrisa? Si desea suavizar el corazón de la montaña,
la hierba crecería y no habría una abundancia?
En sus picos, uno de sus nombres se convertiría en el faro?
La apariencia de sus memorias luz azul - luz,
daría esperanza a los ojos cansados de peces miedo
del tumulto de la corriente?
cadenas de acero
¿Cuántas veces se ha quitado de los labios
mi canción, y cuántas veces
silenciado el susurro de mi espíritu poético!
El significado de la alegría era
enterrado por la fiebre de la tristeza. Si con mis versos que noten una luz:
esto sería el resultado de mis imaginación profundas.
Mis lágrimas no se utilizaron para nada
y se puede hacer nada más que esperanza. Aunque soy la hija de ciudades de poesía,
mis versos eran mediocres.
Mi trabajo es como una planta carente de atención,
de la que no se puede esperar mucho. En los archivos de la historia,
Esto es todo lo que me es
Anjuman nació en Herat en 1980 y se graduó en la escuela secundaria. Apasionada de la literatura, durante el régimen talibán asistió a clases clandestinas de poesía en un formato que de puertas para afuera era aparentemente una escuela de corte y confección. Más tarde estudió Literatura persa en la Universidad de Herat. Anjuman sintió un profundo compromiso con la poesía, a pesar de los riesgos que siendo mujer le suponía la escritura.
“Desde que tengo memoria”, escribió, “he amado la poesía, y las cadenas con las que seis años de cautiverio bajo el régimen talibán me ataron los pies me llevaron a entrar vacilante en la arena de la poesía. El estímulo de amigos que pensaban como yo me dio la confianza para seguir este camino, pero incluso ahora, cuando doy el primer paso, la punta de mi pluma tiembla, como lo hago yo, porque no me siento a salvo de tropezar en este camino, cuando el camino por delante es difícil y mis pasos son inestables ".
En sus poemas, Anjuman parece anticipar su propio destino y fama póstuma, ya que su trabajo es hoy la bandera del movimiento feminista afgano. Murió a los 25 años, posiblemente porque su marido consideró su trabajo como deshonroso para su familia. Dejó una niña de pocos meses.