La muerte llegó así Miguel, del viento,
para apagar tu luz de cirio y cera,
y del último silbo con su aliento
tu verso iluminó a la primavera.
Pero al morir así, como tu has muerto,
quedó en tu voz un grito incandescente,
un grito que clamando en el desierto
llega hasta un Dios que escucha indiferente.
Para morir así -roto y sin brío-
hubieras preferido la trinchera
que rasga el corazón su alambre frío
alzando el tricolor de tu bandera.
Muda está ya tu voz de ansias inquietas
como mudo el silencio más sombrío,
y en ausencia de tu eco los poetas
cantarán a ese espacio ya vacío.
Pastor en Orihuela -que es el caso-
dime en que prado estás, creciente y puro,
para llevar mi verso a tu Parnaso
y así alcanzar el numen que procuro.
Dónde quedó tu voz, ¿En las espigas?
¿Entre la dulce miel de los panales?
¿En esa claridad que tú prodigas?
tan blanca que es un pan de cereales
Y se ha quedado en tu era el cielo oscuro
de llorarte y llorarte -y de no verte-
y es mi canción del llanto, un llanto duro
con música de pena por tu muerte
¡Miguel!, ¡Miguel! --clama llorando el río--
y ese clamor se inspira en tu bravura,
y responde el silencio helado y frío
con un eco cargado de amargura.
Ya se apagó de luz la primavera
y en un grito de flores quedó marzo,
sin tu voz muere el silbo en la pradera
y el topacio del cielo es solo cuarzo.
Se ha quedado tu voz casi dormida,
callada ya definitivamente,
y en el barbecho de la tierra herida
germinará en un surco tu simiente.
para apagar tu luz de cirio y cera,
y del último silbo con su aliento
tu verso iluminó a la primavera.
Pero al morir así, como tu has muerto,
quedó en tu voz un grito incandescente,
un grito que clamando en el desierto
llega hasta un Dios que escucha indiferente.
Para morir así -roto y sin brío-
hubieras preferido la trinchera
que rasga el corazón su alambre frío
alzando el tricolor de tu bandera.
Muda está ya tu voz de ansias inquietas
como mudo el silencio más sombrío,
y en ausencia de tu eco los poetas
cantarán a ese espacio ya vacío.
Pastor en Orihuela -que es el caso-
dime en que prado estás, creciente y puro,
para llevar mi verso a tu Parnaso
y así alcanzar el numen que procuro.
Dónde quedó tu voz, ¿En las espigas?
¿Entre la dulce miel de los panales?
¿En esa claridad que tú prodigas?
tan blanca que es un pan de cereales
Y se ha quedado en tu era el cielo oscuro
de llorarte y llorarte -y de no verte-
y es mi canción del llanto, un llanto duro
con música de pena por tu muerte
¡Miguel!, ¡Miguel! --clama llorando el río--
y ese clamor se inspira en tu bravura,
y responde el silencio helado y frío
con un eco cargado de amargura.
Ya se apagó de luz la primavera
y en un grito de flores quedó marzo,
sin tu voz muere el silbo en la pradera
y el topacio del cielo es solo cuarzo.
Se ha quedado tu voz casi dormida,
callada ya definitivamente,
y en el barbecho de la tierra herida
germinará en un surco tu simiente.
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