LUZYABSENTA
Poeta que no puede vivir sin el portal
En ese espacio se podía caminar descalzo y arrimarse a las marcas del secreto. Era su cabello, el cuerpo y el alma un fantástico reparto que se aproximaba a un chal negro. Los flujos rojos habían desaparecido, las yemas sin leche caliente se sentían huidas y las temblorosas manos tenían un tinte de piedra fría.
Era la mujer de la isla de la soledad, siempre esperando el vapor de la mañana como queriéndose otorgar un aroma de maíz y un cariño de cometa desencantada.
Negros labios para esa asistencia de los motivos del camino, negros como el telar de un destino que se convertía en una quimera viciosa y más propia de una luna buscada entre la paz del basalto oscuro que quería. Aquellas manos siempre juntas en una posesión rociada frente al telar del tiempo.
Negras eran las piedras de la isla, sombrías las arenas de aquel año que concordaba con un fluido donde las decepciones vivían, mientras su vida, como rugosa y con terribles golpes de afeitado, seguía siendo un camino inmolado. El perverso color enlutado era tan solo un presentimiento que se aproximaba a la imagen de una vela ahogada en lágrimas.
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(luzyabsenta)
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