Arropado por la niebla,
en brazos de un mar de invierno,
varado en los arrecifes
se levantaba un pesquero.
Ruinoso, triste, yacente,
con anémonas ornado
y la quilla malherida,
llegó de los mares bravos.
Por debajo de los cielos,
nervios de metal sonaban,
¡oh, qué llantos se sentían
brotando de su garganta!
Se apagaban las estrellas
al ósculo de la aurora,
por el aire se esparcía
el romance de las olas.
Pesquero ¿dónde guardas las
almas de los marineros,
aquellos ecos de gritos
que por siempre ya se fueron?
¿Quién cerrará tus heridas
para que nadie te toque?
¿Qué manos sin cesación
darán luz a tus faroles?
Triste soledad ¡Memento!
Reposas sobre la arena
y tú, no puedes sentir
por ser de hierro y madera...
Más aunque guardes las formas
sin remeros ni velajes,
manos mojadas del tiempo
harán de ti viejas sales.
En una noche profunda
y al unísono los barcos,
la mar dejaba en la arena
los nombres de sus ahogados.
Luis
en brazos de un mar de invierno,
varado en los arrecifes
se levantaba un pesquero.
Ruinoso, triste, yacente,
con anémonas ornado
y la quilla malherida,
llegó de los mares bravos.
Por debajo de los cielos,
nervios de metal sonaban,
¡oh, qué llantos se sentían
brotando de su garganta!
Se apagaban las estrellas
al ósculo de la aurora,
por el aire se esparcía
el romance de las olas.
Pesquero ¿dónde guardas las
almas de los marineros,
aquellos ecos de gritos
que por siempre ya se fueron?
¿Quién cerrará tus heridas
para que nadie te toque?
¿Qué manos sin cesación
darán luz a tus faroles?
Triste soledad ¡Memento!
Reposas sobre la arena
y tú, no puedes sentir
por ser de hierro y madera...
Más aunque guardes las formas
sin remeros ni velajes,
manos mojadas del tiempo
harán de ti viejas sales.
En una noche profunda
y al unísono los barcos,
la mar dejaba en la arena
los nombres de sus ahogados.
Luis