Camy
Camelia Miranda
Y avasallas con tu olor castrense
el cardumen de mis ojos,
con esa línea deseosa,
que se propaga por los pasillos de la poesía,
llegando tan puntual y misionera,
haciendo revolución
en la esquina más callada de mi límbico.
Sí,
un torbellino haciendo canción
en cada surco de mi vida,
que vio hasta tu sombra,
tu cuerpo adorable, necesario,
vulnerable,
erguido ante mí
y tan mío.
Hoy, somos testigos casi mudos
y un río que no para de versar,
en este instante de brocales,
de hojas en ayuno,
de tanto recorrido merecido.
Más no importa cuánto haga,
diga o piense.
Retaré a la ladera de la razón
cada vez que quiera,
como hoy;
y dejaré que su mandato
destrone la noche de mi silencio.
Lo visaré como a mí,
hasta esos senderos
de los cuales,
sólo mis manos tienen memoria.
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