Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios y, cómo no, por haber dedicado un tiempo a leer este poema que, como ya me decís (y ya lo digo yo también) no es nada fácil, e incluso puede llegar a ser fatigoso y decepcionante. Sí, es así.
Por eso creo que, más que comentar una por una vuestras intervenciones, es más conveniente que yo mismo comente el poema (pensé hacerlo como nota a pie al publicarlo, pero al final preferí ofrecerlo primeramente desnudo de toda indicación); al comentarlo ahora iré citando muchas de vuestras ideas, alabanzas, censuras, denuncias... e intentaré aclarar lo que pueda.
Efectivamente, como decimos, se trata de un poema difícil. No está en él la belleza de la naturalidad y de la sencillez
la belleza esencial, la que habita en las cosas más simples...
sino la belleza del artificio y de la complejidad: sí, también éstas pueden ser bellas, aunque su belleza sea menos evidente, y a pesar de mi torpeza para reflejarlas.
La dificultad objetiva del poema exige unos prerrequisitos, que son éstos:
1) Hay que conocer un tipo de poesía que se llama
fábula mitológica, pues mi poema es una
parodia de ellas. Las fábulas mitológicas son un subgénero poético que floreció en el Renacimiento (de la mano de la recuperación que hizo el Humanismo de la Antigüedad clásica) y perduró (hablo de España) hasta mediados del siglo XVIII (sigo ciñéndome a España) y que tuvo su máximo esplendor en el Barroco. El carácter paródico de mi poema debe entenderse de dos formas simultáneamente: a) una construcción original que imita otra preexistente, como hacían en música, por ejemplo, los grandes polifonistas del siglo XV y XVI cuando componían misas sobre melodías famosas o preexistentes (Mille regretz, L'homme armé, O magnum mysterium...), y ahora hago yo; b) una imitación de tono jocoso (aunque, en el caso de mi poema, el carácter jocoso nunca es burlesco ni quiere arrancar la risa, sino que está presente de otra manera, que más abajo ejemplificaré).
2) Hay que conocer la
escuela poética antequerano-granadina, un conjunto de poetas de dicha zona geográfica que cultivaron durante el siglo XVII y principios del XVIII una manera muy peculiar y característica de hacer poesía dentro del imperante cultismo de la época: son poetas como Baharona de Soto, Pedro Espinosa, Soto de Rojas, Mira de Amescua, José Antonio Porcel...
3) Hay que ser capaz de saborear la belleza de la
lengua griega y su influencia sobre la lengua española.
Reconozco que estos prerrequisitos son exigentes. Pues sí: nadie piense que yo he construido esta fábula en cuatro días y sin esfuerzo. Es más, voy a reescribir estos prerrequisitos como objetivos, los que yo mismo me marqué a la hora de emprender la composición de este poema:
1) Quise hacer una parodia de las fábulas mitológicas del Barroco empleando una en concreto, tomada de las "Metamorfosis" de Ovidio (la fuente casi invariable de todas ellas).
2) Quise hacer un homenaje, o rendir tributo, a mis paisanos de la escuela poética antequerano-granadina.
3) Quise experimentar las posibilidades poéticas y el valor estético de los tecnicismos científicos de origen griego que conozco por mis estudios científicos: desde siempre me ha seducido la belleza sonora y etimológica (independientemente de su significado técnico) de palabras como paragénesis (="nacer al lado de"), ortoclasa (="fractura recta"), logaritmo (="razón + número"), fenocristal (="cristal manifiesto"), pirocloro (="fuego verde"), hematites (="piedra sangre")... Si este tipo de vocabulario tiene o no belleza o valor poético, es algo que dejo a criterio de cada lector. Pero quiero recalcar algo que me parece importante: no es necesario conocer el significado de los tecnicismos para dejarse cautivar por ellos. Yo, por ejemplo, no sé alemán, pero no por eso dejo de disfrutar de las cantatas de Bach, de los lieder de Schubert o de las óperas de Richard Strauss, aunque no entienda lo que se está cantando por no leer el texto o el libreto en versión bilingüe. Mi poema está concebido así, aunque eso no quiere decir que las palabras estén escogidas al azar: quien conozca los conceptos podrá notarlo y podrá acceder a un nuevo nivel de belleza (ahora sí, Elhi, belleza conceptual)
y una manera extrema (y ya muy propia) de relacionar o comparar la belleza esencial, la que habita en las cosas más simples, con la belleza conceptual que proviene de un exacerbado amor por lo científico
Como diría mi paisano Soto de Rojas, de la escuela granadina, "Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos".
Como consencuencia de este planteamiento, mi poema tiene las siguientes características:
1) El elemento lírico está totalmente ausente, pues las fábulas mitológicas no son poemas líricos, sino que se ocupan de la narración de historias conocidas de sobra; por eso, se centran sobre todo en la descripción del paisaje (a veces con gran detalle pictórico), de la arquitectura (tema muy del gusto barroco), de los personajes (sobre todo de su físico, no tanto de su carácter psíquico o de sus cualidades morales)... Por eso, quien intente acercarse a mi poema para llevarse una especie de "souvenir" anímico
He buscado un solo verso que guardarme, una joya para el alma, pero no la he hallado, debe ser por mi torpeza
no lo encontrará, y no por torpeza, sino porque no lo hay; o quien lo aborde desde las coordenadas de otra poética de signo lírico
me gusta más el Pablo Rodríguez Cantos de «Antes de que amanezca por tus ojos» que este que hoy ensaya tan fatigoso y decepcionante poema
se equivocará de cabo a rabo. Aquí estamos en un mundo poético totalmente distinto, que reclama un acercamiento desde su propia poética, no desde otras perspectivas.
2) El poema contiene una especie de taracea confeccionada con minerales en las estrofas ν-ο, como humilde y atenuado homenaje a esas listas de nombres florales tan características de la escuela poética antequerano-granadina. José María de Cossío lo explica bellísimamente
Características de la escuela granadina de poesía son [...] la minuciosidad del dibujo en imágenes y metáforas, la precisión descriptiva, esa afición a nombrar las flores por sus nombres, como saboreándoles y oliéndoles sensualmente" (José María de Cossío, Fábulas mitológicas en España, vol. II, Madrid 1998, p. 353).
Solo que aquí en vez de las flores de siempre, las que florecen en la superficie, tenemos otras nuevas, las que florecen en las profundidades de la tierra (también eso es Naturaleza) y las que florecen en el entendimiento humano (que también lo humano es Naturaleza).
3) El poema presta especial atención al significante mediante la colección de términos de ascendencia griega (como ya indicaba antes), pero también con otros recursos: la premeditada colocación de las palabras agudas y esdrújulas (tan importantes para el ritmo del verso caste-LLANO), la distribución de las resonancias internas (asonancias o consonancias) conforme a o a intenciones expresivas o descriptivas ("si paso a paso en tacto de hemisferio")... También he querido poner al límite al verso endecasílabo en sus "ritmos que encajan, rimas que convienen", unas veces con rimas casi imposibles (-unco y -axia de la estrofa λ, a juego con su carácter exaltado), otras veces con distribuciones inusuales de los acentos, desde el casi átono
"y vértice de mis superlativos" (2, con acento inducido en 6 si se quiere)
al pleno de acentos
"es oro, es fuego, es rosa, es plata, es nieve" (123456789, un endecasílabo con diez acentos, obviamente consecutivos, construido sobre la idea de Gabriel Bocángel en su "Fábula de Hero y Leandro": "es vela, es remo, es nauta y es navío", con ocho acentos).
Después de este comentario más o menos sistemático, paso ahora a comentar algunas de las observaciones que habéis hecho vosotros.
uno se asombra de encontrar significativas muestras de mal gusto en un desproporcionado e inútil alarde de conocimiento, más que de arte poética
En realidad, la poesía muchas veces ha explotado ciertas actividades humanas que, en principio, no tenían mucho de poético: la cacería, la cetrería, el arte de la guerra... ¿Por qué no podemos hacerlo con ese noble fruto de la razón humana que es el conocimiento científico y el vocabulario que ha generado?
sé de tu admiración por Góngora, y la entiendo; lamento, sin embargo, que esa admiración y ese afán por emularlo, lleguen a extremos tales que hayas perdido la perspectiva de cuán importante es tratar de ser genuino
No creo que incluir un pasaje "de escuela" sea una falta a la originalidad. Tampoco creo que haya muchos poetas que hayan explorado las posibilidades poéticas del lenguaje de las Matemáticas, de la Física, de la Geología. Este intento puede haber fracasado (juzgue cada uno), pero no creo que se pueda calificar de falta de originalidad.
si habitualmente eres muy gongorino aquí pareces haber llegado al sumun de ese estilo poético
A mí me han dicho muchas veces en el foro que mis poemas son muy gongorinos. Hace pocos días, por ejemplo, alguien me decía: "una reencarnación de Góngora". En realidad nada de esto es correcto. Emplear un hipérbaton duro, usar cultismos, amplificar la metáfora, recurrir a la mitología... no son cualidades exclusivas o distintivas del gongorismo, sino que son recursos habituales de los poetas cultistas. Lo específico de Góngora es llevar al extremo el uso de dichos elementos. En ese sentido, éste que nos ocupa es mi verdadero poema gongorino (junto a las "Soledades hechas en un día", poema burlesco), y el fruto máximo de mi acercamiento a dicho estilo, como bien apuntaba Juan Ramón. Cima que, por otra parte, es también una "caricatura de mí mismo", de mi "personal estilo" (que diría también Juan Ramón); el cual, sin ser mi única poética, es, sin embargo, el que he desplegado habitualmente en el foro. A partir de ahora (aprovecho para anunciarlo), esto va a cambiar. En realidad después de este poema ya no me queda nada que aportar en este estilo (bueno, para ser sincero, me queda una cuenta pendiente con el gongorismo, una parcela que, incomprensiblemente, apenas ha recibido esa influencia, hasta donde yo sé; algún día me gustaría explorar esa tierra virgen, pero ahora no es el momento).
***
Para terminar voy a hacer algo que me han pedido por mensaje privado: voy a explicar, como ejemplo ilustrativo, alguna estrofa del poema, para mostrar cómo está construido. Concretamente será la estrofa θ:
Dos polarizadores paralelos,
círculo osculador en doble altura:
arriba, la razón de mis desvelos;
abajo, mi pasión de curvatura.
Y tanto se sonrojan los gemelos
-celestes no- que, entrando en la espesura,
se equivocó la abeja de colores:
libó granates y olvidó las flores.
Esta estrofa, en su primera mitad, canta a los ojos y a los labios de la amada. En poesía, los ojos (y su mirada) cautivan, embrujan, iluminan, queman, encienden... Los labios son rojos, carmesíes, carnosos, sedosos, rubíes, claveles, destilan aljófar... Y yo me pregunté: ¿hay algo que no se haya dicho ya de ojos y labios? Pues eso es lo que yo quiero. Que yo sepa, nunca se ha comparado el poder de la mirada con la polarización de la luz (concepto que, aunque no se conozca, nada más por su nombre ya es sugerente); y nunca nadie se fijó en la curvatura de los labios (salvo la geometría, que maneja el concepto de "circunferencia osculatriz": es una circunferencia que, en ciertas condiciones, puede trazarse de forma que toque un punto de una curva con cierta curvatura precisa, como si la circunferencia besase a la curva; de ahí su nombre; vemos, pues, que la Ciencia, a veces, sabe captar la poesía intrínseca de los objetos que maneja; la poesía, en cambio, es poco permeable al encanto de lo científico, como puede notarse de la lectura de este hilo; mi poema, en cierto sentido, trata de devolverle el favor haciendo poesía con los términos científicos).
Pues esas son las características que quise usar, y las puse, además, en una construcción paralela de nominales puras, como si faltaran palabras (de hecho faltan los verbos, pues la acción se suspende ante la contemplación) que combina el término imaginario de la metáfora (se elude el real) con el efecto:
Arriba, [tus ojos son] dos polarizadores paralelos [y son] la razón de mis desvelos.
Abajo, [tus labios son] círculo osculador en doble altura [y son] mi pasión de curvatura.
Pero en la segunda parte de la octava, la contemplación da paso a la acción: ya no nos conformamos con mirar, sino que vamos a besar (la geometría del beso, por cierto, reaparecerá en la siguiente estrofa en la tensión de esas curvas del toro; toro que no es el animal, sino el toro de revolución, cuya forma es semejante a la de los labios).
Vamos a besar: por eso "se sonrojan los gemelos". ¿Quiénes son estos gemelos? ¿Las mejillas o los labios? En realidad, cualquiera de ellos (cada uno sabrá dónde puede besar ;-) O mejor, los dos a la vez, en la línea de lo que ya ocurrió en la estrofa γ, donde la amada es simultáneamente "blanca, dorada y morena", y simultáneamente también "oro, fuego, rosa, plata y nieve", y todo a una, de forma que la imagen de la amada fusiona todos los elementos del canon femenino de belleza desde Petrarca, esos siete siglos de poesía que aquí aparecen condensados (como en un sueño) en el instante de un par de versos:
...y todo a una,
si es un tiempo de siglos siete breve,
es oro, es fuego, es rosa, es plata, es nieve.
Mejillas o labios, por tanto, como cualquiera habría podido adivinar. ¿Por qué aparece, entonces, esa aclaración "celestes no"? Los "gemelos celestes" son Cástor y Pólux, los gemelos de la constelacion de Géminis. Aclarar que no estamos hablando de la constelación parece un capricho innecesario, un ripio, o una censurable imitación de las construcciones gongorinas. En realidad no es así, porque "celeste" también es el nombre de un color, y como a continuación vemos que "se equivocó la abeja de colores", la advertencia "celestes no" funciona como una preparación de la metáfora del beso, y enlaza, además, con versos anteriores que se referían a los ojos (que son azules, como las cianitas de la estrofa δ; la cianita es un bello mineral azul), de modo que confirma lo que decíamos, que hemos pasado de estar contemplando los ojos (primera parte de la octava) a algo mucho más sensual y activo, como el beso. Así, a posteriori notamos (noté) que la advertencia no era tan innecesaria o tan gratuita. La primera versión de esos versos era:
Y tanto se sonrojan los gemelos
que, entrando del esquisto en la espesura,
se equivocó la abeja de colores:
libó granates y olvidó las flores.
"Entrar en la espesura del esquisto", (es decir, vencer resistencias, pues el esquisto es una roca que presenta filos cortantes) era un verso que imitaba el "entrémonos más hondo en la espesura" de San Juan de la Cruz (también el "olvidó las flores" tiene que ver con "dejando mi cuidado / entre las azucenas olvidado"), pero decidí modificarlo para dar entrada a la aclaración "celestes no", pues me pareció que aquí daba un juego poético más interesante. Reconozco que tuve mis dudas, y al final preferí esta opción.
Comento también algunos ejemplos de esos "chistes" poéticos (se llaman así) a los que me refería antes cuando hablaba del segundo significado de
parodia.
En la última estrofa, el primer verso nombra a Apolo con la expresión "el de amor errante -y no planeta-". Como sabemos, Apolo, igual que la mayoría de los dioses mitológios, tuvo muchos enamoramientos; por eso digo "el de amor errante". Pero, aunque sea errante, no es planeta. Y es que la palabra "planeta" viene del griego "planetós" que significa, justamente, "errante": ello se debe a que los planetas, a diferencia de las estrellas, no siguen órbitas definidas en el firmamento; por eso se les llamón en la Antigüedad "estrellas errantes". Pero Apolo, asociado al sol, no sólo no es un planeta, sino que su órbita es bien conocida desde épocas muy remotas.
Otro chiste también de tipo léxico: "Himeneo aviva una antorcha verde en pirocloro". Dice Ovidio que a estas bodas no asistió Himeneo, y que no se encendieron antorchas: dos signos de muy mal agüero. Aquí, en mi poema, hay un mecanismo (casi freudiano) de condensación y desplazamiento, pues Himeneo sí asiste y enciende una antorcha... pero de color verde. El verde tiene para mí connotaciones negativas, de modo que aquí aparece un "fuego verde"... ¿Fuego verde? ¿De qué me suena eso? Fuego = piros y verde = chloros en griego: ¡pirocloro! Pirocloro es el nombre de un mineral (el mineral microscópico que, precisamente, aparece en la imagen de mi avatar en el foro). El mineral se llama así porque una de las pruebas de laboratorio con que se puede identificar consiste en pulverizarlo y acercarle una llama, la cual se tiñe de verde.
En realidad, todos los cantos de amor del poema tienen este tono referido de chiste poético, en la medida en que usan un vocabulario y una poética totalmente impropias para el amor: si Polifemo, por ejemplo, intenta atraer a Galatea enumerando (hiperbólicamente) su fuerza, su belleza y sus posesiones (todo muy propio), aquí el amante lo que hace es decirle que cuente los infinitos decimales del número
e. Nadie ha enamorado nunca así a una chica. ¿O sí? ¿Quizá Sheldon Cooper?.
Y así podríamos seguir con otras expresiones y otras estrofas. No todas, desde luego, tienen explicaciones o construcciones tan complicadas como éstas; pero todas tienen una explicación lógica.. Algunas proceden sencillamente de una imagen. Como ayuda adjunto a continuación unas imágenes que pueden orientar.
Salvador Dalí, Galatea de las esferas (1952)
bella bajo el cociente de las clases
de equivalencia, y más, de esferas sumas;
más bella que el conjunto de los primos
factorizada arpegios y racimos.
Anfibolita con epidota (verde), anfíbol (oscuro), cuarzo (gris) y granate (rojo).
Playa de La Herradura, Granada, Andalucía, España
Microfotografía (60 aumentos)
de los esquistos la epidota en grietas
con los haces de anfíboles se afina
Izquierda: Crisoberilo
Ampanorana Este, Distrito Ambatondrazaka, Región Alaotra-Mangoro, Provincia Toamasina (Tamatave), Madagascar
11 x 11 x 2 mm.
Derecha: Rutilo
Magnet Cove, Hot Spring County, Arkansas, Estados Unidos
10 x 10 mm.
y a emular se atrevió al crisoberilo
la irracional estrella del rutilo
Saludos y, nuevamente, gracias a todos los que leéis y comentáis.