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Fragilidad

Rosmery Pinilla Acosta

Moder.Surreal, Melanc. Imágen
Miembro del equipo
Moderadores
Fragilidad

Desdoblamos del silencio cual estéril
palabra que dentro de su sequia despliega vida,
y es allí donde renaces
-desde las cenizas-
tal vez de un pasado que se rehúsa
a ser pasado y de un presente
que se impregna de rojo, un rojo sangre que
se sublima desde el más frío de los infiernos llevando
consigo un cumulo de tristeza tras los cristales.


Sucede de tiempo atrás,
cuando los lamentos sucumbían en una noche
de retrasos, en una hilera de historia que hace
mella en los despojos del recuerdo y se apodera
de la mente ocultando su verdad tras los
colmillos de la ausencia; más allá de
mirarnos bajo el prejuicio del
pasado se imanta un ardid de presente
que resguarda soledad.


Nacemos frágiles, eso sí, en un día perfecto
desnudo de sombras, arropadas en un
concepto clásico de romanticismo,
de ese donde los días son color rosa
y el amor es la flor más preciada
en el jardín de los de deseos,
ciertamente es una falacia eso de
las mariposas en la panza.


El amor muchas veces es sufrimiento,
una paciencia eterna de querer que
la felicidad sea una constante,
pero llega la vida y te da un porrazo
una y otra vez para que te des cuenta
que el mejor día es hoy, que el ayer
se escabulle de vez en vez
mientras llega el melancólico
instante a apoderarse de nuestro ser
interrumpiendo el equilibrio que hay,
dilucidando que el olvido es una maldita
y eterna angustia.


Nos gobierna el calendario,
como cuando mayo se come
de a poco los pergaminos para
inmortalizar el anhelo de haber
desatado nudos, de haber cortado
el cordón umbilical de la añoranza que se
perpetua imperfecta al borde de los latidos.


Nos abrigamos en un árbol de sonrisas,
tratando de consumirnos pedazo
a pedazo el deseo intangible,
el amor sempiterno,
la perennidad del beso
y nos llegan las lágrimas a escondernos
el consuelo en una noche que no acaba;
remembranzas de un pasado noctámbulo,
de un instante que se hace eterno
en un corazón que suplica por agua,
en un desierto febril que señala la hora exacta
de la sed que aún no se sacia…




 
Me ha encantado este gran poema que nos compartes, amiga Rosmery, es de los que remueven el ánimo del lector.

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Rosmery,
después de leer tu hermoso poema, me dejaste un sinfín de fragancias poéticas en el alma...me sumergí en lo profundo de tu mensaje sobre la vida y el amor, lo repasé, me paré muchas veces para retomar el aroma, y en verdad, el poema se metió en el mismo corazón del que te escribe.

La vida puede ser hermosa y también de penurias increíbles, y no le importa el lugar ni la edad. Lo del amor, bueno, se dice que hay muchos peces en la mar, pero si no sé pescar o nadar, y si no soy marinero ni capitán, pues, estoy jodido, pero muy bien acompañado por el mejor amigo del hombre.

Saludos,
Fidel Guerra.
 
Fragilidad

Desdoblamos del silencio cual estéril
palabra que dentro de su sequia despliega vida,
y es allí donde renaces
-desde las cenizas-
tal vez de un pasado que se rehúsa
a ser pasado y de un presente
que se impregna de rojo, un rojo sangre que
se sublima desde el más frío de los infiernos llevando
consigo un cumulo de tristeza tras los cristales.


Sucede de tiempo atrás,
cuando los lamentos sucumbían en una noche
de retrasos, en una hilera de historia que hace
mella en los despojos del recuerdo y se apodera
de la mente ocultando su verdad tras los
colmillos de la ausencia; más allá de
mirarnos bajo el prejuicio del
pasado se imanta un ardid de presente
que resguarda soledad.


Nacemos frágiles, eso sí, en un día perfecto
desnudo de sombras, arropadas en un
concepto clásico de romanticismo,
de ese donde los días son color rosa
y el amor es la flor más preciada
en el jardín de los de deseos,
ciertamente es una falacia eso de
las mariposas en la panza.


El amor muchas veces es sufrimiento,
una paciencia eterna de querer que
la felicidad sea una constante,
pero llega la vida y te da un porrazo
una y otra vez para que te des cuenta
que el mejor día es hoy, que el ayer
se escabulle de vez en vez
mientras llega el melancólico
instante a apoderarse de nuestro ser
interrumpiendo el equilibrio que hay,
dilucidando que el olvido es una maldita
y eterna angustia.


Nos gobierna el calendario,
como cuando mayo se come
de a poco los pergaminos para
inmortalizar el anhelo de haber
desatado nudos, de haber cortado
el cordón umbilical de la añoranza que se
perpetua imperfecta al borde de los latidos.


Nos abrigamos en un árbol de sonrisas,
tratando de consumirnos pedazo
a pedazo el deseo intangible,
el amor sempiterno,
la perennidad del beso
y nos llegan las lágrimas a escondernos
el consuelo en una noche que no acaba;
remembranzas de un pasado noctámbulo,
de un instante que se hace eterno
en un corazón que suplica por agua,
en un desierto febril que señala la hora exacta
de la sed que aún no se sacia…




Es pasado es una cosa perniciosa, un óxido que si te descuidas te herrumbra el presente. Lo mismo con el romanticismo: en principio se trataba de la liberación del yo de todo aquello que lo hacía insignificante, pero terminó en un montón de conceptos del deber ser que esa libertad se convirtió en cadena, y el amor que todo lo haría posible se trasformó en relaciones de dominación y dependencia. La mejor relación romántica, supongo, es la que puedas tener contigo misma: aprender a quererse para ser una buena compañía de uno mismo tal cual. Claro, esto también suena muy romántico, ¿verdad? Pero ya que al final de cuentas no nos tenemos más que a nosotros mismos todo el tiempo que duramos, vale intentarlo.
Qué gusto leerte, carnalita Ros. Cuídate mucho y muchas gracias por compartir.
 
He leído su poema, compañera Rosmery... y, ciertamente en toda relación siempre aparecerán los momentos más difíciles; a los cuales hay que "conjuntamente" siempre superar. Felicitaciones por tan contundente argumentación. Cordialmente:

Muchas gracias por el comentario y justamente esa es la belleza de la vida los benditos momentos no tan buenos.
Gracias de nuevo un abrazo para ti.
 
Fragilidad

Desdoblamos del silencio cual estéril
palabra que dentro de su sequia despliega vida,
y es allí donde renaces
-desde las cenizas-
tal vez de un pasado que se rehúsa
a ser pasado y de un presente
que se impregna de rojo, un rojo sangre que
se sublima desde el más frío de los infiernos llevando
consigo un cumulo de tristeza tras los cristales.


Sucede de tiempo atrás,
cuando los lamentos sucumbían en una noche
de retrasos, en una hilera de historia que hace
mella en los despojos del recuerdo y se apodera
de la mente ocultando su verdad tras los
colmillos de la ausencia; más allá de
mirarnos bajo el prejuicio del
pasado se imanta un ardid de presente
que resguarda soledad.


Nacemos frágiles, eso sí, en un día perfecto
desnudo de sombras, arropadas en un
concepto clásico de romanticismo,
de ese donde los días son color rosa
y el amor es la flor más preciada
en el jardín de los de deseos,
ciertamente es una falacia eso de
las mariposas en la panza.


El amor muchas veces es sufrimiento,
una paciencia eterna de querer que
la felicidad sea una constante,
pero llega la vida y te da un porrazo
una y otra vez para que te des cuenta
que el mejor día es hoy, que el ayer
se escabulle de vez en vez
mientras llega el melancólico
instante a apoderarse de nuestro ser
interrumpiendo el equilibrio que hay,
dilucidando que el olvido es una maldita
y eterna angustia.


Nos gobierna el calendario,
como cuando mayo se come
de a poco los pergaminos para
inmortalizar el anhelo de haber
desatado nudos, de haber cortado
el cordón umbilical de la añoranza que se
perpetua imperfecta al borde de los latidos.


Nos abrigamos en un árbol de sonrisas,
tratando de consumirnos pedazo
a pedazo el deseo intangible,
el amor sempiterno,
la perennidad del beso
y nos llegan las lágrimas a escondernos
el consuelo en una noche que no acaba;
remembranzas de un pasado noctámbulo,
de un instante que se hace eterno
en un corazón que suplica por agua,
en un desierto febril que señala la hora exacta
de la sed que aún no se sacia…




un cerveza y un vino, un abrazo y una noche entera durmiendo acurrucados curan todo fragilidad ros. En este tiempo que nada es eterno, hay que aprovechar la cura al máximo y lo más rápido posible. Nuestros corazones y ni nuestras vidas no son sempiternas, así que yo soy partidario de pensar que no hay tiempo que perder y que la sed nunca se sacie. Porque lo más jodido es cuando perdemos toda motivación por andar con llenura. Te quiero mucho ros... y quiero que sigas escribiendo y no pierdas tu esencia. Muuakks bechos muchos
 
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Fragilidad

Desdoblamos del silencio cual estéril
palabra que dentro de su sequia despliega vida,
y es allí donde renaces
-desde las cenizas-
tal vez de un pasado que se rehúsa
a ser pasado y de un presente
que se impregna de rojo, un rojo sangre que
se sublima desde el más frío de los infiernos llevando
consigo un cumulo de tristeza tras los cristales.


Sucede de tiempo atrás,
cuando los lamentos sucumbían en una noche
de retrasos, en una hilera de historia que hace
mella en los despojos del recuerdo y se apodera
de la mente ocultando su verdad tras los
colmillos de la ausencia; más allá de
mirarnos bajo el prejuicio del
pasado se imanta un ardid de presente
que resguarda soledad.


Nacemos frágiles, eso sí, en un día perfecto
desnudo de sombras, arropadas en un
concepto clásico de romanticismo,
de ese donde los días son color rosa
y el amor es la flor más preciada
en el jardín de los de deseos,
ciertamente es una falacia eso de
las mariposas en la panza.


El amor muchas veces es sufrimiento,
una paciencia eterna de querer que
la felicidad sea una constante,
pero llega la vida y te da un porrazo
una y otra vez para que te des cuenta
que el mejor día es hoy, que el ayer
se escabulle de vez en vez
mientras llega el melancólico
instante a apoderarse de nuestro ser
interrumpiendo el equilibrio que hay,
dilucidando que el olvido es una maldita
y eterna angustia.


Nos gobierna el calendario,
como cuando mayo se come
de a poco los pergaminos para
inmortalizar el anhelo de haber
desatado nudos, de haber cortado
el cordón umbilical de la añoranza que se
perpetua imperfecta al borde de los latidos.


Nos abrigamos en un árbol de sonrisas,
tratando de consumirnos pedazo
a pedazo el deseo intangible,
el amor sempiterno,
la perennidad del beso
y nos llegan las lágrimas a escondernos
el consuelo en una noche que no acaba;
remembranzas de un pasado noctámbulo,
de un instante que se hace eterno
en un corazón que suplica por agua,
en un desierto febril que señala la hora exacta
de la sed que aún no se sacia…





La vida nos enseña que cada obstáculo, y la fragilidad, la hipersensibilidad pueden ser uno de ellos, es una oportunidad para cultivar la fortaleza.
Ojalá todos aprendamos a levantarnos después de cada caída.
Siempre es un gusto encontrar la mirada profundamente emotiva de tus letras, Rosmery.
Un abrazo y mi admiración.
 
Rosmery,
después de leer tu hermoso poema, me dejaste un sinfín de fragancias poéticas en el alma...me sumergí en lo profundo de tu mensaje sobre la vida y el amor, lo repasé, me paré muchas veces para retomar el aroma, y en verdad, el poema se metió en el mismo corazón del que te escribe.

La vida puede ser hermosa y también de penurias increíbles, y no le importa el lugar ni la edad. Lo del amor, bueno, se dice que hay muchos peces en la mar, pero si no sé pescar o nadar, y si no soy marinero ni capitán, pues, estoy jodido, pero muy bien acompañado por el mejor amigo del hombre.

Saludos,
Fidel Guerra.

Gracias por la lectura, Fidel, muy hermoso lo que dices en el comentario, gracias.
Abrazos para ti.
 
:) Es el amor con sus torres invencibles, con su ir y venir de mar antiguo, como un animal, el amor en todas sus caras necesarias. Somos una especie subyugada a la pasión primera, dependemos de nuestro corazón, no hay vida sin amor. Con los años aprendí que hay muchas formas de amor (que son formas puras del cariño, trabajo, vocación de ayuda, naturaleza, hijos) . Donde este tu corazón estará tu vida. Buena suerte. :cool:
 
Es pasado es una cosa perniciosa, un óxido que si te descuidas te herrumbra el presente. Lo mismo con el romanticismo: en principio se trataba de la liberación del yo de todo aquello que lo hacía insignificante, pero terminó en un montón de conceptos del deber ser que esa libertad se convirtió en cadena, y el amor que todo lo haría posible se trasformó en relaciones de dominación y dependencia. La mejor relación romántica, supongo, es la que puedas tener contigo misma: aprender a quererse para ser una buena compañía de uno mismo tal cual. Claro, esto también suena muy romántico, ¿verdad? Pero ya que al final de cuentas no nos tenemos más que a nosotros mismos todo el tiempo que duramos, vale intentarlo.
Qué gusto leerte, carnalita Ros. Cuídate mucho y muchas gracias por compartir.

El romanticismo y sus vicios no?:D
Es un placer verte por estos lares querido Pedro, te mando un abrazo envuelto con mi gratitud.
 
Fragilidad

Desdoblamos del silencio cual estéril
palabra que dentro de su sequia despliega vida,
y es allí donde renaces
-desde las cenizas-
tal vez de un pasado que se rehúsa
a ser pasado y de un presente
que se impregna de rojo, un rojo sangre que
se sublima desde el más frío de los infiernos llevando
consigo un cumulo de tristeza tras los cristales.


Sucede de tiempo atrás,
cuando los lamentos sucumbían en una noche
de retrasos, en una hilera de historia que hace
mella en los despojos del recuerdo y se apodera
de la mente ocultando su verdad tras los
colmillos de la ausencia; más allá de
mirarnos bajo el prejuicio del
pasado se imanta un ardid de presente
que resguarda soledad.


Nacemos frágiles, eso sí, en un día perfecto
desnudo de sombras, arropadas en un
concepto clásico de romanticismo,
de ese donde los días son color rosa
y el amor es la flor más preciada
en el jardín de los de deseos,
ciertamente es una falacia eso de
las mariposas en la panza.


El amor muchas veces es sufrimiento,
una paciencia eterna de querer que
la felicidad sea una constante,
pero llega la vida y te da un porrazo
una y otra vez para que te des cuenta
que el mejor día es hoy, que el ayer
se escabulle de vez en vez
mientras llega el melancólico
instante a apoderarse de nuestro ser
interrumpiendo el equilibrio que hay,
dilucidando que el olvido es una maldita
y eterna angustia.


Nos gobierna el calendario,
como cuando mayo se come
de a poco los pergaminos para
inmortalizar el anhelo de haber
desatado nudos, de haber cortado
el cordón umbilical de la añoranza que se
perpetua imperfecta al borde de los latidos.


Nos abrigamos en un árbol de sonrisas,
tratando de consumirnos pedazo
a pedazo el deseo intangible,
el amor sempiterno,
la perennidad del beso
y nos llegan las lágrimas a escondernos
el consuelo en una noche que no acaba;
remembranzas de un pasado noctámbulo,
de un instante que se hace eterno
en un corazón que suplica por agua,
en un desierto febril que señala la hora exacta
de la sed que aún no se sacia…




Voy a llamarlo dulce fragilidad, es mejor recordarlo así.
Cada estrofa encierra profundas reflexiones que deberíamos llevar consigo.
Siempre es un honor visitarla.

Saludos
 
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