La tía Concha

Luis Libra

Atención: poeta en obras
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La tía Concha pasó por este mundo
sin pena ni gloria.

Soltera, amable y discreta.
De pasiones y sentimientos
sencillos o secretos, ¡quién sabe!

La verdad, no podría escribir
un poema excesivamente conmovedor
o épico sobre ella.
Por más que le doy vueltas no sé
qué clase de poema podría escribirle,
(pero algo en mi interior me dice
que por lo menos merecía unos versos)

La tía Concha nunca ayudó a cruzar
la frontera a los perseguidos de la guerra
como mi tío abuelo,
ni salió jamás en la tele
como mi tío Rafa.
Tampoco tuvo descendientes
que la recordaran emocionados
todas las jodidas Nocheviejas.

Casi no recuerdo nada de ella.
Su imborrable sonrisa
cuando yo era un crío.
Barriendo en la casa de mi abuela,
su hermana, donde vivía.

Siempre, siempre rodeada
de su ejército de libros.
Y al final en una residencia
faltando gravemente el respeto a las monjas
y confundiendo nuestros nombres
y nuestras identidades.

En su entierro éramos seis o siete
incluidos los enterradores.
Mi madre y mi abuela lloraban,
mientras yo tonteaba con una prima
lejana rubia y muy simpática.

Como digo, su mundo eran los libros.
Ella siempre sonreía.
Quería a los suyos.
Algo dentro de mí me dice
que no se perdió tanto.

_______
 
Última edición:
maje, no seás degenere con tu prima. mirá que luego vienen los memes y los desvaríos atroces del ácido desoxirribonucleico.

por otro lado, concuerdo con tus conclusiones acerca de tu tía concha: no se perdió de nada. a veces no es necesario ir a un campo de guerra para hacer el bien; basta con mostrarle una sonrisa a alguien que lo necesita, bróder.

es un poema muy bonito, en la mejor acepción de la palabra.

salud.
 
maje, no seás degenere con tu prima. mirá que luego vienen los memes y los desvaríos atroces del ácido desoxirribonucleico.

por otro lado, concuerdo con tus conclusiones acerca de tu tía concha: no se perdió de nada. a veces no es necesario ir a un campo de guerra para hacer el bien; basta con mostrarle una sonrisa a alguien que lo necesita, bróder.

es un poema muy bonito, en la mejor acepción de la palabra.

salud.


Jajja, no te preocupes que no volví a ver a la prima nunca más. Y sí, no siempre es necesario hacer heroicidades para mejorar un poco el mundo, en realidad solo valdría con que todos pasáramos por la vida sin joder a los demás. Me alegra que te gustara, amigo. Un abrazo.
 
Luis amigo poeta, tu la recuerdas
la rescatas del olvido, te contradigo,
si se perdió casi todo, menos tu memoria.
Sentido, discreto, homenaje al fin.
Muy bueno.
Abrazo fraterno.


Pienso, querido Nelson, que vivir la vida plenamente es un término complejo y dado a múltiples interpretaciones personales. Evidentemente Alejando Magno, Marco Polo, Matahari, Ghandi o Mick Jagger nos podrían decir que vidas plenas han sido las suyas, no sé, supongo que la "plenitud" de lo vivido se sustenta en lograr lo que cada uno persiga. Me alegra que te gustara este poema. Muchas gracias y un fuerte abrazo amigo.
 
Última edición:
Luis querido amigo, soñamos a veces
con cierta trascendencia...me remito al
Poema de Pessoa "Tabaquería".
Pero igual persistimos.
Abrazo fraterno.

Un gran poema de Pessoa, sí señor. Y sí, persistir, trascender, exprimir la vida, o simplemente soñar... ¿quién conoce el sentido de la vida?
Abrazo fraterno, Nelson.
 
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La tía Concha pasó por este mundo
sin pena ni gloria.

Soltera, amable y discreta.
De pasiones y sentimientos
sencillos o secretos, ¡quién sabe!

La verdad, no podría escribir
un poema conmovedor
o épico sobre ella.
Por mucho que le doy vueltas
no sé qué clase de poema podría escribir
sobre ella, (pero algo en mi interior me dice
que por lo menos merecía unos versos)

La tía Concha nunca ayudó a cruzar
la frontera a los perseguidos de la guerra
como mi tío abuelo,
ni salió jamás en la tele
como mi tío Rafa.
Tampoco tuvo descendientes
que la recordaran emocionados
todas las jodidas Nocheviejas.

Casi no recuerdo nada de ella.
Su imborrable sonrisa
cuando yo era un crío.
Barriendo en la casa de mi abuela,
su hermana, donde vivía.

Siempre, siempre rodeada
de su ejército de libros.
Y al final en una residencia
faltando gravemente el respeto a las monjas
y confundiendo nuestros nombres
y nuestras identidades.

En su entierro éramos seis o siete
incluidos los enterradores.
Mi madre y mi abuela lloraban,
mientras yo tonteaba con una prima
lejana rubia y muy simpática.

Como digo, su mundo eran los libros.
Ella siempre sonreía.
Quería a los suyos.
Algo dentro de mí me dice
que no se perdió nada.

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La tía concha sin haber “hecho mucho” tiene un poema.
Bonitas líneas con mensajes sin vueltas e imaginación. Me agrada como expones los temas.
 
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sin pena ni gloria.

Soltera, amable y discreta.
De pasiones y sentimientos
sencillos o secretos, ¡quién sabe!

La verdad, no podría escribir
un poema conmovedor
o épico sobre ella.
Por mucho que le doy vueltas
no sé qué clase de poema podría escribir
sobre ella, (pero algo en mi interior me dice
que por lo menos merecía unos versos)

La tía Concha nunca ayudó a cruzar
la frontera a los perseguidos de la guerra
como mi tío abuelo,
ni salió jamás en la tele
como mi tío Rafa.
Tampoco tuvo descendientes
que la recordaran emocionados
todas las jodidas Nocheviejas.

Casi no recuerdo nada de ella.
Su imborrable sonrisa
cuando yo era un crío.
Barriendo en la casa de mi abuela,
su hermana, donde vivía.

Siempre, siempre rodeada
de su ejército de libros.
Y al final en una residencia
faltando gravemente el respeto a las monjas
y confundiendo nuestros nombres
y nuestras identidades.

En su entierro éramos seis o siete
incluidos los enterradores.
Mi madre y mi abuela lloraban,
mientras yo tonteaba con una prima
lejana rubia y muy simpática.

Como digo, su mundo eran los libros.
Ella siempre sonreía.
Quería a los suyos.
Algo dentro de mí me dice
que no se perdió nada.

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Muy buenos estos versos. Gran cierre.
Me encanta este realismo tuyo.
¡Abrazo, Luis!
 
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La tía Concha pasó por este mundo
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Soltera, amable y discreta.
De pasiones y sentimientos
sencillos o secretos, ¡quién sabe!

La verdad, no podría escribir
un poema conmovedor
o épico sobre ella.
Por mucho que le doy vueltas
no sé qué clase de poema podría escribir
sobre ella, (pero algo en mi interior me dice
que por lo menos merecía unos versos)

La tía Concha nunca ayudó a cruzar
la frontera a los perseguidos de la guerra
como mi tío abuelo,
ni salió jamás en la tele
como mi tío Rafa.
Tampoco tuvo descendientes
que la recordaran emocionados
todas las jodidas Nocheviejas.

Casi no recuerdo nada de ella.
Su imborrable sonrisa
cuando yo era un crío.
Barriendo en la casa de mi abuela,
su hermana, donde vivía.

Siempre, siempre rodeada
de su ejército de libros.
Y al final en una residencia
faltando gravemente el respeto a las monjas
y confundiendo nuestros nombres
y nuestras identidades.

En su entierro éramos seis o siete
incluidos los enterradores.
Mi madre y mi abuela lloraban,
mientras yo tonteaba con una prima
lejana rubia y muy simpática.

Como digo, su mundo eran los libros.
Ella siempre sonreía.
Quería a los suyos.
Algo dentro de mí me dice
que no se perdió nada.

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ahora pensándolo bien tienes razón no se perdió de nada; pero carajo Luis; es tu tía... escríbele algo más emotivo ;) :D
Muy buen poema amigo.
un abrazo.
 
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La tía Concha pasó por este mundo
sin pena ni gloria.

Soltera, amable y discreta.
De pasiones y sentimientos
sencillos o secretos, ¡quién sabe!

La verdad, no podría escribir
un poema conmovedor
o épico sobre ella.
Por mucho que le doy vueltas
no sé qué clase de poema podría escribir
sobre ella, (pero algo en mi interior me dice
que por lo menos merecía unos versos)

La tía Concha nunca ayudó a cruzar
la frontera a los perseguidos de la guerra
como mi tío abuelo,
ni salió jamás en la tele
como mi tío Rafa.
Tampoco tuvo descendientes
que la recordaran emocionados
todas las jodidas Nocheviejas.

Casi no recuerdo nada de ella.
Su imborrable sonrisa
cuando yo era un crío.
Barriendo en la casa de mi abuela,
su hermana, donde vivía.

Siempre, siempre rodeada
de su ejército de libros.
Y al final en una residencia
faltando gravemente el respeto a las monjas
y confundiendo nuestros nombres
y nuestras identidades.

En su entierro éramos seis o siete
incluidos los enterradores.
Mi madre y mi abuela lloraban,
mientras yo tonteaba con una prima
lejana rubia y muy simpática.

Como digo, su mundo eran los libros.
Ella siempre sonreía.
Quería a los suyos.
Algo dentro de mí me dice
que no se perdió nada.

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Dulce semblanza de tu tía. Un gusto leerte.
 
ahora pensándolo bien tienes razón no se perdió de nada; pero carajo Luis; es tu tía... escríbele algo más emotivo ;) :D
Muy buen poema amigo.
un abrazo.


A mí me parece emotivo, lo que pasa es que es un poema realista y hay que guardar las formas, los poemas dedicados a seres queridos suelen ser demasiado lacrimógenos :). Muchas gracias, Danie. Un abrazo amigo.
 
A mí me parece emotivo, lo que pasa es que es un poema realista y hay que guardar las formas, los poemas dedicados a seres queridos suelen ser demasiado lacrimógenos :). Muchas gracias, Danie. Un abrazo amigo.
Amigo; lo mío fue solo una pequeña broma… Claro que tu poema es emotivo y lírico; más que nada en la última parte.
Pero sí, como dices; la poesía realista tiende a ser directa y con pocas emociones para no recaer en lo del gas pimienta jejeje

Sabes; hoy estuve leyendo unos textos de escritores universales ya muy conocidos “ y te voy a decir una burrada” pero como que de golpe me pareció ver mejores poemas en el foro. Si las comparaciones son feas; pero a veces pasa que uno lee y te deja esa sabor que casi dices “guau” y con esos escritores famosos no me pasó y con el foro y algunos autores de acá sí.
Bueno; no quiero que se hinchen como esponja en cerveza: D pero yo creo que no hay nada que envidiarle a esos mundialmente famosos escritores.

Claro… no todo lo que uno escribe es siempre para el Olimpo; a veces solo hay pequeñas luces y con eso basta.

Un abrazo amigo.
 
Amigo; lo mío fue solo una pequeña broma… Claro que tu poema es emotivo y lírico; más que nada en la última parte.
Pero sí, como dices; la poesía realista tiende a ser directa y con pocas emociones para no recaer en lo del gas pimienta jejeje

Sabes; hoy estuve leyendo unos textos de escritores universales ya muy conocidos “ y te voy a decir una burrada” pero como que de golpe me pareció ver mejores poemas en el foro. Si las comparaciones son feas; pero a veces pasa que uno lee y te deja esa sabor que casi dices “guau” y con esos escritores famosos no me pasó y con el foro y algunos autores de acá sí.
Bueno; no quiero que se hinchen como esponja en cerveza: D pero yo creo que no hay nada que envidiarle a esos mundialmente famosos escritores.

Claro… no todo lo que uno escribe es siempre para el Olimpo; a veces solo hay pequeñas luces y con eso basta.

Un abrazo amigo.


Yo, los poemas que más me gustan son los que suelo leer es en páginas de poesía de poetas actuales que han publicado en editoriales un poco importantes. Pienso que leer solo aquí o en foros como este te puede crear una falsa idea en cuanto a calidad poética. Cierto que por estos lares se lee algún gran poema de vez en cuando, pero no es habitual. Una cosa es que un poema nos "llegue", y otra distinta que en realidad sea un gran poema. Yo, cuando leo a autores como Szymborska, Cartarescu o Manuel Vilas me muero de envidia :)

un abrazo amigo.
 
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La tía Concha pasó por este mundo
sin pena ni gloria.

Soltera, amable y discreta.
De pasiones y sentimientos
sencillos o secretos, ¡quién sabe!

La verdad, no podría escribir
un poema conmovedor
o épico sobre ella.
Por mucho que le doy vueltas
no sé qué clase de poema podría escribir
sobre ella, (pero algo en mi interior me dice
que por lo menos merecía unos versos)

La tía Concha nunca ayudó a cruzar
la frontera a los perseguidos de la guerra
como mi tío abuelo,
ni salió jamás en la tele
como mi tío Rafa.
Tampoco tuvo descendientes
que la recordaran emocionados
todas las jodidas Nocheviejas.

Casi no recuerdo nada de ella.
Su imborrable sonrisa
cuando yo era un crío.
Barriendo en la casa de mi abuela,
su hermana, donde vivía.

Siempre, siempre rodeada
de su ejército de libros.
Y al final en una residencia
faltando gravemente el respeto a las monjas
y confundiendo nuestros nombres
y nuestras identidades.

En su entierro éramos seis o siete
incluidos los enterradores.
Mi madre y mi abuela lloraban,
mientras yo tonteaba con una prima
lejana rubia y muy simpática.

Como digo, su mundo eran los libros.
Ella siempre sonreía.
Quería a los suyos.
Algo dentro de mí me dice
que no se perdió nada.

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Claro que no se perdió de nada tu tía Concha, simpático el nombre, leyó y leyó y pues si era discreta:D es que las cosas no hay que andar gritándolas a los 4 vientos:p ¿has escuchado los dichos: dime de qué exageras y te diré de qué careces; y..De las aguas mansas, líbranos, Señor ? Jajajaja me tiré a tu tía concha con esta mente pervertida. Me gustó mucho tu poema a tu querida tía. Es broma, amigo, con cariño. Un abrazo grande.
 
Última edición por un moderador:
Claro que no se perdió de nada tu tía Concha, simpático el nombre, leyó y leyó y pues si era discreta:D es que las cosas no hay que andar gritándolas a los 4 vientos:p ¿has escuchado los dichos: dime de qué exageras y te diré de qué careces; y..De las aguas mansas, líbranos, Señor ? Jajajaja me tiré a tu tía concha con esta mente pervertida. Me gustó mucho tu poema a tu querida tía. Es broma, amigo, con cariño. Un abrazo grande.


Si es que los "poetas" somos unos bocazas :D. Me gustó tu comentario, amiga. Mil gracias y un nuevo abrazo.
 
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La tía Concha pasó por este mundo
sin pena ni gloria.

Soltera, amable y discreta.
De pasiones y sentimientos
sencillos o secretos, ¡quién sabe!

La verdad, no podría escribir
un poema conmovedor
o épico sobre ella.
Por mucho que le doy vueltas
no sé qué clase de poema podría escribir
sobre ella, (pero algo en mi interior me dice
que por lo menos merecía unos versos)

La tía Concha nunca ayudó a cruzar
la frontera a los perseguidos de la guerra
como mi tío abuelo,
ni salió jamás en la tele
como mi tío Rafa.
Tampoco tuvo descendientes
que la recordaran emocionados
todas las jodidas Nocheviejas.

Casi no recuerdo nada de ella.
Su imborrable sonrisa
cuando yo era un crío.
Barriendo en la casa de mi abuela,
su hermana, donde vivía.

Siempre, siempre rodeada
de su ejército de libros.
Y al final en una residencia
faltando gravemente el respeto a las monjas
y confundiendo nuestros nombres
y nuestras identidades.

En su entierro éramos seis o siete
incluidos los enterradores.
Mi madre y mi abuela lloraban,
mientras yo tonteaba con una prima
lejana rubia y muy simpática.

Como digo, su mundo eran los libros.
Ella siempre sonreía.
Quería a los suyos.
Algo dentro de mí me dice
que no se perdió nada.

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Es como si proyectaras "es lo que hay", lo comido por lo servido o algo así.
Aunque las letras, en cierta forma, rompe el esquema.
Me ha encantado, Luis.
Un abrazo.
 
Es como si proyectaras "es lo que hay", lo comido por lo servido o algo así.
Aunque las letras, en cierta forma, rompe el esquema.
Me ha encantado, Luis.
Un abrazo.


Bueno, reconozco que es un poema un poco "raro" :). En realidad es un poema-retrato y dedicatoria a la tía Concha y a la vez un homenaje en modo realista a todas esas personas que pueden pasar un tanto desapercibidas a los ojos de la gente (quizás por su discreción y/o calma ante la vida), pero que a su modo son felices, y su amabilidad y buen corazón las hacen muy especiales y queridas.
Me alegra mucho que te gustara, Rosa. Muchas gracias y un abrazo grande, compi.
 
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La tía Concha pasó por este mundo
sin pena ni gloria.

Soltera, amable y discreta.
De pasiones y sentimientos
sencillos o secretos, ¡quién sabe!

La verdad, no podría escribir
un poema excesivamente conmovedor
o épico sobre ella.
Por más que le doy vueltas no sé
qué clase de poema podría escribirle,
(pero algo en mi interior me dice
que por lo menos merecía unos versos)

La tía Concha nunca ayudó a cruzar
la frontera a los perseguidos de la guerra
como mi tío abuelo,
ni salió jamás en la tele
como mi tío Rafa.
Tampoco tuvo descendientes
que la recordaran emocionados
todas las jodidas Nocheviejas.

Casi no recuerdo nada de ella.
Su imborrable sonrisa
cuando yo era un crío.
Barriendo en la casa de mi abuela,
su hermana, donde vivía.

Siempre, siempre rodeada
de su ejército de libros.
Y al final en una residencia
faltando gravemente el respeto a las monjas
y confundiendo nuestros nombres
y nuestras identidades.

En su entierro éramos seis o siete
incluidos los enterradores.
Mi madre y mi abuela lloraban,
mientras yo tonteaba con una prima
lejana rubia y muy simpática.

Como digo, su mundo eran los libros.
Ella siempre sonreía.
Quería a los suyos.
Algo dentro de mí me dice
que no se perdió nada.

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En los libros encontró compañía. Algo es algo.
Un abrazo, Luis.
 
¿Sabes? tu poema me recordó uno de Jaime Sabines, la "tía Chofi", tal parece que las tías solas son comunes y los poetas siempre dejan algún registro de la existencia de ellas hasta el día de su muerte.

Amanecí triste el día de tu muerte, tía Chofi,
pero esa tarde me fui al cine e hice el amor.
Yo no sabía que a cien leguas de aquí estabas muerta
con tus setenta años de virgen definitiva,
tendida sobre un catre, estúpidamente muerta.
Hiciste bien en morirte, tía Chofi,
porque no hacías nada, porque nadie te hacía caso,
porque desde que murió abuelita, a quien te consagraste,
ya no tenías qué hacer y a leguas se miraba
que querías morirte y te aguantabas.
¡Hiciste bien!
Yo no quiero elogiarte como acostumbran los arrepentidos,
porque te quise a tu hora, en el lugar preciso,
y harto sé lo que fuiste, tan corriente, tan simple,
pero me he puesto a llorar como una niña porque te moriste.
¡Te siento tan desamparada,
tan sola, sin nadie que te ayude a pasar la esquina,
sin quien te dé un pan!
Me aflige pensar que estás bajo la tierra
tan fría de Berriozábal,
sola, sola, terriblemente sola,
como para morirse llorando.
Ya sé que es tonto eso, que estás muerta,
que más vale callar,
¿pero qué quieres que haga
si me conmueves más que el presentimiento de tu muerte?
Ah, jorobada, tía Chofi,
me gustaría que cantaras
o que contaras el cuento de tus enamorados.
Los campesinos que te enterraron sólo tenían
tragos y cigarros,
y yo no tengo más.
Ha de haberse hecho el cielo ahora con tu muerte,
y un Dios justo y benigno ha de haberte escogido.
Nunca ha sido tan real eso en lo que tu creíste.
Tan miserable fuiste que te pasaste dando tu vida
a todos. Pedías para dar, desvalida.
Y no tenías el gesto agrio de las solteronas
porque tu virginidad fue como una preñez de muchos hijos.
En el medio justo de dos o tres ideas que llenaron tu vida
te repetías incansablemente
y eras la misma cosa siempre.
Fácil, como las flores del campo
con que las vecinas regaron tu ataúd,
nunca has estado tan bien como en ese abandono de la muerte.
Sofía, virgen, antigua, consagrada,
debieron enterrarte de blanco
en tus nupcias definitivas.
Tú que no conociste caricia de hombre
y que desjaste que llegaran a tu rostro arrugas antes que besos,
tú, casta, limpia, sellada,
debiste llevar azahares tu último día.
Exijo que los ángeles te tomen
y te conduzcan a la morada de los limpios.
Sofía virgen, vaso transparente, cáliz,
que la muerte recoja tu cabeza blandamente
y que cierre tus ojos con cuidados de madre
mientras entona cantos interminables.
Vas a ser olvidada de todos
como los lirios del campo,
como las estrellas solitarias;
pero en las mañanas, en la respiración del buey,
en el temblor de las plantas,
en la mansedumbre de los arroyos,
en la nostalgia de las ciudades,
serás como la niebla intocable, hálito de Dios que despierta.
Sofía virgen, desposada en un cementerio de provincia,
con una cruz pequeña sobre tu tierra,
estás bien allí, bajo los pájaros del monte,
y bajo la yerba, que te hace una cortina para mirar al mundo.

Jaime Sabines.
 
¿Sabes? tu poema me recordó uno de Jaime Sabines, la "tía Chofi", tal parece que las tías solas son comunes y los poetas siempre dejan algún registro de la existencia de ellas hasta el día de su muerte.

Amanecí triste el día de tu muerte, tía Chofi,
pero esa tarde me fui al cine e hice el amor.
Yo no sabía que a cien leguas de aquí estabas muerta
con tus setenta años de virgen definitiva,
tendida sobre un catre, estúpidamente muerta.
Hiciste bien en morirte, tía Chofi,
porque no hacías nada, porque nadie te hacía caso,
porque desde que murió abuelita, a quien te consagraste,
ya no tenías qué hacer y a leguas se miraba
que querías morirte y te aguantabas.
¡Hiciste bien!
Yo no quiero elogiarte como acostumbran los arrepentidos,
porque te quise a tu hora, en el lugar preciso,
y harto sé lo que fuiste, tan corriente, tan simple,
pero me he puesto a llorar como una niña porque te moriste.
¡Te siento tan desamparada,
tan sola, sin nadie que te ayude a pasar la esquina,
sin quien te dé un pan!
Me aflige pensar que estás bajo la tierra
tan fría de Berriozábal,
sola, sola, terriblemente sola,
como para morirse llorando.
Ya sé que es tonto eso, que estás muerta,
que más vale callar,
¿pero qué quieres que haga
si me conmueves más que el presentimiento de tu muerte?
Ah, jorobada, tía Chofi,
me gustaría que cantaras
o que contaras el cuento de tus enamorados.
Los campesinos que te enterraron sólo tenían
tragos y cigarros,
y yo no tengo más.
Ha de haberse hecho el cielo ahora con tu muerte,
y un Dios justo y benigno ha de haberte escogido.
Nunca ha sido tan real eso en lo que tu creíste.
Tan miserable fuiste que te pasaste dando tu vida
a todos. Pedías para dar, desvalida.
Y no tenías el gesto agrio de las solteronas
porque tu virginidad fue como una preñez de muchos hijos.
En el medio justo de dos o tres ideas que llenaron tu vida
te repetías incansablemente
y eras la misma cosa siempre.
Fácil, como las flores del campo
con que las vecinas regaron tu ataúd,
nunca has estado tan bien como en ese abandono de la muerte.
Sofía, virgen, antigua, consagrada,
debieron enterrarte de blanco
en tus nupcias definitivas.
Tú que no conociste caricia de hombre
y que desjaste que llegaran a tu rostro arrugas antes que besos,
tú, casta, limpia, sellada,
debiste llevar azahares tu último día.
Exijo que los ángeles te tomen
y te conduzcan a la morada de los limpios.
Sofía virgen, vaso transparente, cáliz,
que la muerte recoja tu cabeza blandamente
y que cierre tus ojos con cuidados de madre
mientras entona cantos interminables.
Vas a ser olvidada de todos
como los lirios del campo,
como las estrellas solitarias;
pero en las mañanas, en la respiración del buey,
en el temblor de las plantas,
en la mansedumbre de los arroyos,
en la nostalgia de las ciudades,
serás como la niebla intocable, hálito de Dios que despierta.
Sofía virgen, desposada en un cementerio de provincia,
con una cruz pequeña sobre tu tierra,
estás bien allí, bajo los pájaros del monte,
y bajo la yerba, que te hace una cortina para mirar al mundo.

Jaime Sabines.


Sí, supongo que las tías solas inspiran bastante, jeje, y es que antes eran un poco como una rareza, y en cierto modo se las compadecía (injustamente). Ahora, que cada vez hay más personas de la mediana edad solteras o divorciadas y sin hijos, en un futuro cercano habrá más "tías y tíos solos" que de los otros ;).
No conocía este poema de Sabines y me ha gustado mucho, muchas gracias por traerlo, Luciana. Un abrazo.
 
Sí, supongo que las tías solas inspiran bastante, jeje, y es que antes eran un poco como una rareza, y en cierto modo se las compadecía (injustamente). Ahora, que cada vez hay más personas de la mediana edad solteras o divorciadas y sin hijos, en un futuro cercano habrá más "tías y tíos solos" que de los otros ;).
No conocía este poema de Sabines y me ha gustado mucho, muchas gracias por traerlo, Luciana. Un abrazo.
¿Lo calificarías como un poema realista?
 
¿Lo calificarías como un poema realista?


Personalmente sí lo considero un poema realista, por lo menos en una gran parte (especialmente en su primera mitad). Pero es una pregunta interesante, pues el poema comienza siendo muy realista y aproximadamente hacia la mitad se hace más metafórico. Ciertamente hay un contraste curioso y bastante marcado.
 
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La tía Concha pasó por este mundo
sin pena ni gloria.

Soltera, amable y discreta.
De pasiones y sentimientos
sencillos o secretos, ¡quién sabe!

La verdad, no podría escribir
un poema excesivamente conmovedor
o épico sobre ella.
Por más que le doy vueltas no sé
qué clase de poema podría escribirle,
(pero algo en mi interior me dice
que por lo menos merecía unos versos)

La tía Concha nunca ayudó a cruzar
la frontera a los perseguidos de la guerra
como mi tío abuelo,
ni salió jamás en la tele
como mi tío Rafa.
Tampoco tuvo descendientes
que la recordaran emocionados
todas las jodidas Nocheviejas.

Casi no recuerdo nada de ella.
Su imborrable sonrisa
cuando yo era un crío.
Barriendo en la casa de mi abuela,
su hermana, donde vivía.

Siempre, siempre rodeada
de su ejército de libros.
Y al final en una residencia
faltando gravemente el respeto a las monjas
y confundiendo nuestros nombres
y nuestras identidades.

En su entierro éramos seis o siete
incluidos los enterradores.
Mi madre y mi abuela lloraban,
mientras yo tonteaba con una prima
lejana rubia y muy simpática.

Como digo, su mundo eran los libros.
Ella siempre sonreía.
Quería a los suyos.
Algo dentro de mí me dice
que no se perdió nada.

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¿Qué sería del mundo sin personas como la tía Concha? Supongo que un lugar bastante más despiadado.
Me parece que es un homenaje muy bello y emotivo, Luis, y además estoy de acuerdo contigo..... "no se perdió nada".
Recibe un admirado abrazo, querido amigo.
Javier

 

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