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Sonriendo...
Yo quería escribirte unos versos, que me salieran del pecho, quería,
y embelesada ante tu majestuosidad quede.
Deseaba hacerte un homenaje antes que estas manos adormezcan,
y contemplando tu lindura me extasié.
Y así fue como empecé:
Ondean las olas, apacibles;
lo hacen
en su calidez habitual,
y los cocoteros palmean en sinfonía orquestal,
en la brisa de sal llega un beso en mi frente
cierro los ojos para verle y estaba allí,
tan de repente estaba; era la morenita sultana
que la bienvenida me daba;
¡Oh, Virgen Chinita!,
qué sensación más grata, quédate conmigo ante estas aguas sagradas;
¡Las de nuestro lago de plata!
Y la morenita sultana sonreía, ¡lindo lo hacía! con su sonrisa escarlata,
pues fue su marea la que a estas orillas la trajera.
Ya todo iniciaba, cuando un buchón irrumpió
pues un bocachico pesco, en nuestras narices lo hizo.
Ay, pero que ingenua soy; como pude imaginar
que al lago marabino podía en verso halagar
si es que él es fuente de poesía para regalar;
par de gaviotas bajito…
muy bajito volaban
en aquel cielo tan… brillante
bajo ese sol tan…tan dorado
tan por las rubias codiciado,
y las gaviotas se alejaron
serenito lo hicieron;
ya era tarde noche en la ribera
y comida le ofrecieron;
sí, por allá por los palafitos
donde se asientan nuestros guajiritos,
cerquitica, donde el relámpago catatumbero
pega sus gritos y deja el aire limpio,
como una cascada de espejitos
nos deja a todos calladitos..
Que más puedo decir, que los gaiteros no hayan dicho
¡Mi lago de Maracaibo! del Zulia orgullo
con tus cabrias del venezolano pan,
tu puente cetro de unión sobre marullos
brazo de fraternidad del que viene o va.
Te debo un poema mi lago,
uno donde converse de romance y estrellas,
donde la luna llena se peine en tu estela,
y los pescadores en sus canoas y piraguas
hasta casarse el sol y la aurora
su serenata con un cuatro te ofrezcan
y diga a los cuatro vientos cuanto te hemos inmolado;
¡Mi lago!
***
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