Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Al día siguiente de la casualidad del olvido
habrá una paz desabrida, plenitud de luz sin mundo
en la avenida lúcida de rectitud y de llegada.
Los cipreses de pies ahogados en la banqueta
ya no andarán conmigo; tampoco bailarán sin ti.
Llegaré al Parque del Ferrocarril donde estarán los niños
que azuzan a las lagartijas y saltan los durmientes,
el que vende el pan de su hambre, los pocos le compran.
Señoritas de escaso rostro atrapadas en su propio ruido
que no sabrán decirme si les hablo con los ojos,
o las miro con los dientes, o si me he perdido.
Sentado en el brocal de la fuente de Artemisa,
miraré su flecha invisible que apunta a un norte de patos,
y me sentiré como ahora, muy lejos de aquí.
Tal vez me pregunte: ¿A qué he venido?
¿Por qué llegué tan tarde si nadie me estuvo esperando?
No alucinaré ninguno de tus ojos en los nidos caídos,
ninguna de tus bocas en las ventanas que no me hablen,
ninguna voz tuya en ese silencio solo de nadie.
Sin embargo, una mala costura en las cicatrices del tiempo
querrá recordarme que te he olvidado, hoy o hace mucho:
un nombre borrado con toda la noche del cielo encima,
un cuerpo sin relieve desordenando su vacío de caricias,
un eterno ayer sin labios
que para siempre permanecerá sonriente.
habrá una paz desabrida, plenitud de luz sin mundo
en la avenida lúcida de rectitud y de llegada.
Los cipreses de pies ahogados en la banqueta
ya no andarán conmigo; tampoco bailarán sin ti.
Llegaré al Parque del Ferrocarril donde estarán los niños
que azuzan a las lagartijas y saltan los durmientes,
el que vende el pan de su hambre, los pocos le compran.
Señoritas de escaso rostro atrapadas en su propio ruido
que no sabrán decirme si les hablo con los ojos,
o las miro con los dientes, o si me he perdido.
Sentado en el brocal de la fuente de Artemisa,
miraré su flecha invisible que apunta a un norte de patos,
y me sentiré como ahora, muy lejos de aquí.
Tal vez me pregunte: ¿A qué he venido?
¿Por qué llegué tan tarde si nadie me estuvo esperando?
No alucinaré ninguno de tus ojos en los nidos caídos,
ninguna de tus bocas en las ventanas que no me hablen,
ninguna voz tuya en ese silencio solo de nadie.
Sin embargo, una mala costura en las cicatrices del tiempo
querrá recordarme que te he olvidado, hoy o hace mucho:
un nombre borrado con toda la noche del cielo encima,
un cuerpo sin relieve desordenando su vacío de caricias,
un eterno ayer sin labios
que para siempre permanecerá sonriente.
22 de septiembre de 2021
Última edición: