Jorge Salvador
Poeta adicto al portal
Cuánto padezco ni el Señor lo sabe,
poco me quejo para tanta pena;
llevo una dieta de verdura obscena
donde te juro que ni el hambre cabe.
Mi María Antonia me cerró con llave
la única iglesia que mi fe la llena;
ya ni me acuerdo de si estaba buena,
gracias que todo lo hace Onán más suave
Pasta la artrosis por mi cuerpo tordo
pisoteando los maltrechos huesos;
más me torturo combatiendo excesos,
más los doctores diagnostican: ¡gordo!
Luego este agobio de la flatulencia,
y este arrugarse, y esta incontinencia…
poco me quejo para tanta pena;
llevo una dieta de verdura obscena
donde te juro que ni el hambre cabe.
Mi María Antonia me cerró con llave
la única iglesia que mi fe la llena;
ya ni me acuerdo de si estaba buena,
gracias que todo lo hace Onán más suave
Pasta la artrosis por mi cuerpo tordo
pisoteando los maltrechos huesos;
más me torturo combatiendo excesos,
más los doctores diagnostican: ¡gordo!
Luego este agobio de la flatulencia,
y este arrugarse, y esta incontinencia…
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