César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Guardiana del remanso, poesía,
acantonado frente al mar te espero;
pelícano del mástil del velero
que en el atardecer dorado expía
las cuentas de un pasado traicionero.
Te espero con guitarra y sin sombrero
cada tarde y mañana, noche fría,
en que borracho de alcohol y fantasía,
aferrado a la pluma y al tintero,
con des-versos sublimo mi agonía.
Te aguardo obsesionado y con porfía
mientras miro tu huella en el sendero
bañada por la estela del lucero
y en silencio me digo "vida mía,
un día haz de llegar, aquí te espero".
Yo te espero, mujer de cuerpo entero,
sin resabios de necia cobardía;
cual espera la lluvia, y desafía
al verano implacable y hechicero
el brote que no es árbol todavía.
Definitivamente aguardo el día
tardío, o de aparecer ligero,
de acompañados, dos, y ausencias, cero,
pues, alma del remanso, Poesía,
contra toda esperanza, yo te espero.
acantonado frente al mar te espero;
pelícano del mástil del velero
que en el atardecer dorado expía
las cuentas de un pasado traicionero.
Te espero con guitarra y sin sombrero
cada tarde y mañana, noche fría,
en que borracho de alcohol y fantasía,
aferrado a la pluma y al tintero,
con des-versos sublimo mi agonía.
Te aguardo obsesionado y con porfía
mientras miro tu huella en el sendero
bañada por la estela del lucero
y en silencio me digo "vida mía,
un día haz de llegar, aquí te espero".
Yo te espero, mujer de cuerpo entero,
sin resabios de necia cobardía;
cual espera la lluvia, y desafía
al verano implacable y hechicero
el brote que no es árbol todavía.
Definitivamente aguardo el día
tardío, o de aparecer ligero,
de acompañados, dos, y ausencias, cero,
pues, alma del remanso, Poesía,
contra toda esperanza, yo te espero.
Abril y flores en la acera y la calzada. 2019. César Guevara.