Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
He visto al ocaso despedirse
por el mar y la noche lloraba sin poderla consolar, los segundos eran tantos como la arena y la sal,
Brotando de su plateado rostro ennegrecido en el llanto que la hacían recordar, momentos de antaño que ya no volverán.
Un pañuelo del tiempo en sus mejillas
secó los ríos de sus ojos negros
antes enrojecidos por un sol desnudo ahora queda oscuridad.
Para luego sorprender a las horas en una mañana larga y triunfante cual heroico contendiente, tras una dura pelea la victoria ostentó.
El lucero de la mañana, del estomago de la penumbra, surgió airoso y triunfador. Tan limpio, impoluto de culpas de una mañana antigua corrompida por las cosas de un día fatídico y desventurado.
Ahora durmamos... Pronto llegará la madrugada y tras ella el fulgor de un nuevo día, un día sin igual, lleno de vida, vida sin par...
Sin cadenas ni velo en los ojos, con un viento tan fresco y puro, y lleno de tiempos y más tiempos hasta el fin de los tiempos infinitos.
por el mar y la noche lloraba sin poderla consolar, los segundos eran tantos como la arena y la sal,
Brotando de su plateado rostro ennegrecido en el llanto que la hacían recordar, momentos de antaño que ya no volverán.
Un pañuelo del tiempo en sus mejillas
secó los ríos de sus ojos negros
antes enrojecidos por un sol desnudo ahora queda oscuridad.
Para luego sorprender a las horas en una mañana larga y triunfante cual heroico contendiente, tras una dura pelea la victoria ostentó.
El lucero de la mañana, del estomago de la penumbra, surgió airoso y triunfador. Tan limpio, impoluto de culpas de una mañana antigua corrompida por las cosas de un día fatídico y desventurado.
Ahora durmamos... Pronto llegará la madrugada y tras ella el fulgor de un nuevo día, un día sin igual, lleno de vida, vida sin par...
Sin cadenas ni velo en los ojos, con un viento tan fresco y puro, y lleno de tiempos y más tiempos hasta el fin de los tiempos infinitos.
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