En la pátina de un verso anacarado
perseguía los recuerdos de mi infancia,
y el reflejo se perdía en la distancia
del azogue de ese verso desmayado.
En las hieles de mi ser, endemoniado,
se pudría sin remedio la fragancia
del poeta singular cuya ignorancia
se refugia en un desierto desolado.
Pero siento que mi pluma recupera
esa lírica pausada y sin complejos
que brotaba como el junco en la ribera.
Como reina que consulta a los espejos
convirtiendo la belleza en su quimera,
rememoro mis poemas a lo lejos.