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Ochenta años (Desde el Generalife)

lesmo

Poeta veterano en el portal

Nadie más. Abierto todo.
Pero ya nadie faltaba.
No eran mujeres, ni niños,
no eran hombres, eran lágrimas
— ¿quién se podía llevar
la inmensidad de sus lágrimas?—
que temblaban, que corrían
arrojándose en el agua.

[…]

Generalife
Juan Ramón Jiménez
dedicado a Isabel García Lorca​




Ochenta años
(Desde el Generalife)

¿Qué me dirá a mí la fuente

tan llena de luto y lágrimas?
¿Ese reguero de espantos
en el jardín de las águilas?
¿Y con qué acordado acento
cien surtidores se clavan
en el estanque cubierto
con una manta escarlata?
Allí, junto a los rosales,
empedrado y filigrana
no sé de qué están mojados
si de llantos o de agua.
Porque muy cerca, ¡tan cerca!...,
tras aquella loma blanca,
al abrigo de un olivo
descerrajaron sus balas.
¡Ay espantosos taladros,
plomos de las madrugadas,
silbos de una muerte agreste
bajo las estrellas pálidas!
Llorad todos los jardines,
lloradle todas las lágrimas
a aquel que nació poeta
y a borbotones cantaba:
“Tengo miedo de perder
de tus dos ojos de estatua
la maravilla que tienen
y en mi mejilla asombrada
la caricia de la rosa
de mis noches solitarias”.
Lloradle todas las fuentes,
vestid de negro las aguas
que se conviertan en tinta,
que hablen por el que hablaba.
Cómo pudo pronunciar
sin saber qué le esperaba
el verso premonitorio
de una voz sin su garganta.
Cómo pudo predecir
de los ríos de Granada
que el uno llevara llanto
y el otro sangre en el agua.
Cómo pudo ver tu entierro
-¡ay petenera gitana!-
lleno de gente siniestra
en una falseta amarga.
Y mientras le diga agosto
el memento en la mañana,
Granada mirará al cielo
sin esconder la mirada.
 
Última edición:
Nadie más. Abierto todo.
Pero ya nadie faltaba.
No eran mujeres, ni niños,
no eran hombres, eran lágrimas
— ¿quién se podía llevar
la inmensidad de sus lágrimas?—
que temblaban, que corrían
arrojándose en el agua.

[…]

Generalife
Juan Ramón Jiménez
dedicado a Isabel García Lorca​




Ochenta años (Desde el Generalife)

¿Qué me dirá a mí la fuente

tan llena de luto y lágrimas?
¿Ese reguero de espantos
en el jardín de las águilas?
¿Y con qué acordado acento
cien surtidores se clavan
en el estanque cubierto
con una manta escarlata?
Allí, junto a los rosales,
empedrado y filigrana
no sé de qué están mojados
si de llantos o de agua.
Porque muy cerca, ¡tan cerca!...,
tras aquella loma blanca,
al abrigo de un olivo
descerrajaron sus balas.
¡Ay espantosos taladros,
plomos de las madrugadas,
silbos de una muerte agreste
bajo las estrellas pálidas!
Llorad todos los jardines,
lloradle todas las lágrimas
a aquel que nació poeta
y a borbotones cantaba:
“Tengo miedo de perder
de tus dos ojos de estatua
la maravilla que tienen
y en mi mejilla asombrada
la caricia de la rosa
de mis noches solitarias”.
Lloradle todas las fuentes,
vestid de negro las aguas
que se conviertan en tinta,
que hablen por el que hablaba.
Cómo pudo pronunciar
sin saber qué le esperaba
el verso premonitorio
de una voz sin su garganta.
Cómo pudo predecir
de los ríos de Granada
que el uno llevara llanto
y el otro sangre en el agua.
Cómo pudo ver tu entierro
-¡ay petenera gitana!-
lleno de gente siniestra
en una falseta amarga.
Y mientras le diga agosto
el memento en la mañana,
Granada mirará al cielo
sin esconder la mirada.
Ayyy Salvador qué momentos más sublimes y emotivos en recuerdo de nuestro amado poeta Federico, llora Granada su pérdida con lágrimas de agua clara, con su rumor de fuentes, con su huerta callada... y mira al cielo con una mirada limpia y satisfecha porque sabe que allí arriba está su poeta. Me han encantado los versos que le dedica Juan R. Jiménez a su hermana pequeña Isabelita, ella al visitar la Vega granadina lo hizo en silencio y sus gentes la tocaban emocionadas recordando a su poeta porque ella se le parecía físicamente muchísimo... ayyy me ha encantado leerte, muchísimo, siempre me encanta mi querido amigo. Besazos llenos de admiración y de cariño....muááááácksss...
 
Ayyy Salvador qué momentos más sublimes y emotivos en recuerdo de nuestro amado poeta Federico, llora Granada su pérdida con lágrimas de agua clara, con su rumor de fuentes, con su huerta callada... y mira al cielo con una mirada limpia y satisfecha porque sabe que allí arriba está su poeta. Me han encantado los versos que le dedica Juan R. Jiménez a su hermana pequeña Isabelita, ella al visitar la Vega granadina lo hizo en silencio y sus gentes la tocaban emocionadas recordando a su poeta porque ella se le parecía físicamente muchísimo... ayyy me ha encantado leerte, muchísimo, siempre me encanta mi querido amigo. Besazos llenos de admiración y de cariño....muááááácksss...
Sabía yo, mi querida amiga, que ibas a compartir siquiera la emoción que tuve al escribir estos versos, precisamente ayer que hacía ochenta años que el odio, la mezquindad, la torpeza y tantas otras maldades terminaron con la vida del poeta de Fuentevaqueros. Destacar que él se sabía poeta precisando "Si soy poeta, lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo, y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema".
Estos torpes versos mío salieron de la emoción y creo que nada más que de la emoción. Por eso el que tú, grandísima poeta, compartas estos sentimiento a mi par me llena de profunda satisfacción.
Recibe mi más fuerte abrazo desde la amistad y la admiración.
Salva.
 
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Pero ya nadie faltaba.
No eran mujeres, ni niños,
no eran hombres, eran lágrimas
— ¿quién se podía llevar
la inmensidad de sus lágrimas?—
que temblaban, que corrían
arrojándose en el agua.

[…]

Generalife
Juan Ramón Jiménez
dedicado a Isabel García Lorca​




Ochenta años (Desde el Generalife)

¿Qué me dirá a mí la fuente

tan llena de luto y lágrimas?
¿Ese reguero de espantos
en el jardín de las águilas?
¿Y con qué acordado acento
cien surtidores se clavan
en el estanque cubierto
con una manta escarlata?
Allí, junto a los rosales,
empedrado y filigrana
no sé de qué están mojados
si de llantos o de agua.
Porque muy cerca, ¡tan cerca!...,
tras aquella loma blanca,
al abrigo de un olivo
descerrajaron sus balas.
¡Ay espantosos taladros,
plomos de las madrugadas,
silbos de una muerte agreste
bajo las estrellas pálidas!
Llorad todos los jardines,
lloradle todas las lágrimas
a aquel que nació poeta
y a borbotones cantaba:
“Tengo miedo de perder
de tus dos ojos de estatua
la maravilla que tienen
y en mi mejilla asombrada
la caricia de la rosa
de mis noches solitarias”.
Lloradle todas las fuentes,
vestid de negro las aguas
que se conviertan en tinta,
que hablen por el que hablaba.
Cómo pudo pronunciar
sin saber qué le esperaba
el verso premonitorio
de una voz sin su garganta.
Cómo pudo predecir
de los ríos de Granada
que el uno llevara llanto
y el otro sangre en el agua.
Cómo pudo ver tu entierro
-¡ay petenera gitana!-
lleno de gente siniestra
en una falseta amarga.
Y mientras le diga agosto
el memento en la mañana,
Granada mirará al cielo
sin esconder la mirada.
Y como pintan tus letras
tan magistrales palabras,
ecos que aún resuenan
por los montes de Granada.

Sublime poema que tengo el placer de comenta y aplaudir con toda mi fuerza

Un gran abrazo

Alfonso
 
Última edición:
Como pintas con tus letras
en magistrales palabras
ecos que aún resuenan
por los montes de Granada.

Sublime poema que tengo el placer de comenta y aplaudir con toda mi fuerza

Un gran abrazo

Alfonso
Así es, querido Alfonso, aún resuenan los ecos amargos de aquel día en que apagaron miserablemente la voz que fue, de su generación, la que alcanzó mayor resonancia internacional.
Muchas gracias por acompañarme en la emoción de estos versos.
Recibe mi abrazo bien fuerte.
 
Nadie más. Abierto todo.
Pero ya nadie faltaba.
No eran mujeres, ni niños,
no eran hombres, eran lágrimas
— ¿quién se podía llevar
la inmensidad de sus lágrimas?—
que temblaban, que corrían
arrojándose en el agua.

[…]

Generalife
Juan Ramón Jiménez
dedicado a Isabel García Lorca​




Ochenta años (Desde el Generalife)

¿Qué me dirá a mí la fuente

tan llena de luto y lágrimas?
¿Ese reguero de espantos
en el jardín de las águilas?
¿Y con qué acordado acento
cien surtidores se clavan
en el estanque cubierto
con una manta escarlata?
Allí, junto a los rosales,
empedrado y filigrana
no sé de qué están mojados
si de llantos o de agua.
Porque muy cerca, ¡tan cerca!...,
tras aquella loma blanca,
al abrigo de un olivo
descerrajaron sus balas.
¡Ay espantosos taladros,
plomos de las madrugadas,
silbos de una muerte agreste
bajo las estrellas pálidas!
Llorad todos los jardines,
lloradle todas las lágrimas
a aquel que nació poeta
y a borbotones cantaba:
“Tengo miedo de perder
de tus dos ojos de estatua
la maravilla que tienen
y en mi mejilla asombrada
la caricia de la rosa
de mis noches solitarias”.
Lloradle todas las fuentes,
vestid de negro las aguas
que se conviertan en tinta,
que hablen por el que hablaba.
Cómo pudo pronunciar
sin saber qué le esperaba
el verso premonitorio
de una voz sin su garganta.
Cómo pudo predecir
de los ríos de Granada
que el uno llevara llanto
y el otro sangre en el agua.
Cómo pudo ver tu entierro
-¡ay petenera gitana!-
lleno de gente siniestra
en una falseta amarga.
Y mientras le diga agosto
el memento en la mañana,
Granada mirará al cielo
sin esconder la mirada.

Muy hermosa tu inspiración, Lesmo... Vibrante poema.
Cómo se nota, cómo se siente, cuando los versos fueron escritos con el corazón en un puño.
¡Bravo!
 
Muy hermosa tu inspiración, Lesmo... Vibrante poema.
Cómo se nota, cómo se siente, cuando los versos fueron escritos con el corazón en un puño.
¡Bravo!
Muy agradecido, Kalkbadan, por la apreciación con que ha visto estas letras, que, insisto son las de una emoción de un aficionado. Seguro habrá homenajes mucho más acordes con la altura de nuestro universal poeta asesinado.
Desde la admiración un muy cordial saludo.
 
No sé si será una percepción errónea por mi parte, pero creo que el embrujo de Granada ha calado en tu inspiración, que es tan buena como siempre, pero con un puntito gitano y romancero, lo mismo son imaginaciones mías...
Precioso el poema.
Un abrazo.
 
Última edición:
No sé si será una percepción errónea por mi parte, pero creo que el embrujo de Granada ha calado en tu inspiración, que es tan buena como siempre, pero con un puntito gitano y romancero, lo mismo son imaginaciones mías...
Precioso el poema.
Un abrazo.
Mi querida amiga: Es casi imposible desasirse aquí de eso que llamas el puntillo romancero y gitano, quién sabe si yo no llevo algo de sangre aceituna por mis arterias. De todas maneras te comento que tengo un hermano que, aparte de su labor docente en la Universidad de Granada, toca la guitarra como los ángeles (flamencos se entiende) y tras escucharlo tantas veces algo se va quedando. Tengo que decirte que el embrujo lo tienes tú al darte cuenta de inmediato de ese matiz que puede tener esta composición. Te agradezco mucho que te hayas asomado a estas letras y me hayas dejado este tan agradable comentario.
Con mi abrazo bien fuerte.
 
Magnífico homenaje, Lesmo; como bien te dice Eratalia, yo también capté en este romance el alma gitana que ponía Lorca en los suyos ¿qué mejor manera de recordarlo?

Has hecho un poema soberbio, amigo. Me ha calado hasta los huesos, y lo he saboreado en varias relecturas. Gracias.

Ochenta años ya de una ignominia tan trerrible que el mundo no ha podido olividarla; he oído una noticia recientemente que dice que desde Argentina se va a pedir a España que abra una investigación sobre su muerte y sus restos, ¡desde Argentina!, y es que aquí, en su país, al parecer no ha habido mucho interés en averiguarlo.

Un abrazo con mi felicitación.

Nadie más. Abierto todo.
Pero ya nadie faltaba.
No eran mujeres, ni niños,
no eran hombres, eran lágrimas
— ¿quién se podía llevar
la inmensidad de sus lágrimas?—
que temblaban, que corrían
arrojándose en el agua.

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Juan Ramón Jiménez
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Ochenta años (Desde el Generalife)

¿Qué me dirá a mí la fuente

tan llena de luto y lágrimas?
¿Ese reguero de espantos
en el jardín de las águilas?
¿Y con qué acordado acento
cien surtidores se clavan
en el estanque cubierto
con una manta escarlata?
Allí, junto a los rosales,
empedrado y filigrana
no sé de qué están mojados
si de llantos o de agua.
Porque muy cerca, ¡tan cerca!...,
tras aquella loma blanca,
al abrigo de un olivo
descerrajaron sus balas.
¡Ay espantosos taladros,
plomos de las madrugadas,
silbos de una muerte agreste
bajo las estrellas pálidas!
Llorad todos los jardines,
lloradle todas las lágrimas
a aquel que nació poeta
y a borbotones cantaba:
“Tengo miedo de perder
de tus dos ojos de estatua
la maravilla que tienen
y en mi mejilla asombrada
la caricia de la rosa
de mis noches solitarias”.
Lloradle todas las fuentes,
vestid de negro las aguas
que se conviertan en tinta,
que hablen por el que hablaba.
Cómo pudo pronunciar
sin saber qué le esperaba
el verso premonitorio
de una voz sin su garganta.
Cómo pudo predecir
de los ríos de Granada
que el uno llevara llanto
y el otro sangre en el agua.
Cómo pudo ver tu entierro
-¡ay petenera gitana!-
lleno de gente siniestra
en una falseta amarga.
Y mientras le diga agosto
el memento en la mañana,
Granada mirará al cielo
sin esconder la mirada.
 
Magnífico homenaje, Lesmo; como bien te dice Eratalia, yo también capté en este romance el alma gitana que ponía Lorca en los suyos ¿qué mejor manera de recordarlo?

Has hecho un poema soberbio, amigo. Me ha calado hasta los huesos, y lo he saboreado en varias relecturas. Gracias.

Ochenta años ya de una ignominia tan trerrible que el mundo no ha podido olividarla; he oído una noticia recientemente que dice que desde Argentina se va a pedir a España que abra una investigación sobre su muerte y sus restos, ¡desde Argentina!, y es que aquí, en su país, al parecer no ha habido mucho interés en averiguarlo.

Un abrazo con mi felicitación.
Mi querido amigo: Te agradezco profundamente las palabras que derramas sobre estas letras que, como dices, quisieron homenajear la memoria de este nuestro grandísimo poeta. Celebro que haya sido de tu agrado esta propuesta con ese aire sacromontano (no sé si me acabo de inventar una palabra) que decís que tiene. Sabes del lugar destacado en el que pongo todas tus opiniones. Vamos a ver en qué queda esa petición de Argentina para una investigación definitiva sobre todo lo que rodeó el asesinato de Federico García Lorca. Pidamos que de una vez por todas se aclare todo.
Recibe mi abrazo, que te mando siempre desde la admiración y amistad.
Salvador.
Edito mi respuesta para agradecerte que tú me llevaras al preciosísimo romance que Juan Ramón Jiménez dedicó a Isabel García Lorca. Lo tengo en mi escritorio junto a otros poemas que releo con frecuencia. Gracias otra vez.
 
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no eran hombres, eran lágrimas
— ¿quién se podía llevar
la inmensidad de sus lágrimas?—
que temblaban, que corrían
arrojándose en el agua.

[…]

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Ochenta años (Desde el Generalife)

¿Qué me dirá a mí la fuente

tan llena de luto y lágrimas?
¿Ese reguero de espantos
en el jardín de las águilas?
¿Y con qué acordado acento
cien surtidores se clavan
en el estanque cubierto
con una manta escarlata?
Allí, junto a los rosales,
empedrado y filigrana
no sé de qué están mojados
si de llantos o de agua.
Porque muy cerca, ¡tan cerca!...,
tras aquella loma blanca,
al abrigo de un olivo
descerrajaron sus balas.
¡Ay espantosos taladros,
plomos de las madrugadas,
silbos de una muerte agreste
bajo las estrellas pálidas!
Llorad todos los jardines,
lloradle todas las lágrimas
a aquel que nació poeta
y a borbotones cantaba:
“Tengo miedo de perder
de tus dos ojos de estatua
la maravilla que tienen
y en mi mejilla asombrada
la caricia de la rosa
de mis noches solitarias”.
Lloradle todas las fuentes,
vestid de negro las aguas
que se conviertan en tinta,
que hablen por el que hablaba.
Cómo pudo pronunciar
sin saber qué le esperaba
el verso premonitorio
de una voz sin su garganta.
Cómo pudo predecir
de los ríos de Granada
que el uno llevara llanto
y el otro sangre en el agua.
Cómo pudo ver tu entierro
-¡ay petenera gitana!-
lleno de gente siniestra
en una falseta amarga.
Y mientras le diga agosto
el memento en la mañana,
Granada mirará al cielo
sin esconder la mirada.
Precioso poema dedicado a la alhambra que me ha encantado leer. Un fuerte abrazo amigo.
 
Nadie más. Abierto todo.
Pero ya nadie faltaba.
No eran mujeres, ni niños,
no eran hombres, eran lágrimas
— ¿quién se podía llevar
la inmensidad de sus lágrimas?—
que temblaban, que corrían
arrojándose en el agua.

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Juan Ramón Jiménez
dedicado a Isabel García Lorca​




Ochenta años (Desde el Generalife)

¿Qué me dirá a mí la fuente

tan llena de luto y lágrimas?
¿Ese reguero de espantos
en el jardín de las águilas?
¿Y con qué acordado acento
cien surtidores se clavan
en el estanque cubierto
con una manta escarlata?
Allí, junto a los rosales,
empedrado y filigrana
no sé de qué están mojados
si de llantos o de agua.
Porque muy cerca, ¡tan cerca!...,
tras aquella loma blanca,
al abrigo de un olivo
descerrajaron sus balas.
¡Ay espantosos taladros,
plomos de las madrugadas,
silbos de una muerte agreste
bajo las estrellas pálidas!
Llorad todos los jardines,
lloradle todas las lágrimas
a aquel que nació poeta
y a borbotones cantaba:
“Tengo miedo de perder
de tus dos ojos de estatua
la maravilla que tienen
y en mi mejilla asombrada
la caricia de la rosa
de mis noches solitarias”.
Lloradle todas las fuentes,
vestid de negro las aguas
que se conviertan en tinta,
que hablen por el que hablaba.
Cómo pudo pronunciar
sin saber qué le esperaba
el verso premonitorio
de una voz sin su garganta.
Cómo pudo predecir
de los ríos de Granada
que el uno llevara llanto
y el otro sangre en el agua.
Cómo pudo ver tu entierro
-¡ay petenera gitana!-
lleno de gente siniestra
en una falseta amarga.
Y mientras le diga agosto
el memento en la mañana,
Granada mirará al cielo
sin esconder la mirada.
Magistrales, emotivas, intimas,letras de alta factura poética como pocas, este tributo a Lorca es lo mejor y más elevado que he leido a su memoria, muy propio de tu enorme talento, lo he apreciado bastante...¡¡¡APLAUSOS!!!, recibe un afectuoso abrazo Salvador.
 
Nadie más. Abierto todo.
Pero ya nadie faltaba.
No eran mujeres, ni niños,
no eran hombres, eran lágrimas
— ¿quién se podía llevar
la inmensidad de sus lágrimas?—
que temblaban, que corrían
arrojándose en el agua.

[…]

Generalife
Juan Ramón Jiménez
dedicado a Isabel García Lorca​




Ochenta años (Desde el Generalife)

¿Qué me dirá a mí la fuente

tan llena de luto y lágrimas?
¿Ese reguero de espantos
en el jardín de las águilas?
¿Y con qué acordado acento
cien surtidores se clavan
en el estanque cubierto
con una manta escarlata?
Allí, junto a los rosales,
empedrado y filigrana
no sé de qué están mojados
si de llantos o de agua.
Porque muy cerca, ¡tan cerca!...,
tras aquella loma blanca,
al abrigo de un olivo
descerrajaron sus balas.
¡Ay espantosos taladros,
plomos de las madrugadas,
silbos de una muerte agreste
bajo las estrellas pálidas!
Llorad todos los jardines,
lloradle todas las lágrimas
a aquel que nació poeta
y a borbotones cantaba:
“Tengo miedo de perder
de tus dos ojos de estatua
la maravilla que tienen
y en mi mejilla asombrada
la caricia de la rosa
de mis noches solitarias”.
Lloradle todas las fuentes,
vestid de negro las aguas
que se conviertan en tinta,
que hablen por el que hablaba.
Cómo pudo pronunciar
sin saber qué le esperaba
el verso premonitorio
de una voz sin su garganta.
Cómo pudo predecir
de los ríos de Granada
que el uno llevara llanto
y el otro sangre en el agua.
Cómo pudo ver tu entierro
-¡ay petenera gitana!-
lleno de gente siniestra
en una falseta amarga.
Y mientras le diga agosto
el memento en la mañana,
Granada mirará al cielo
sin esconder la mirada.
Yo estoy convencido de que efectivamente te han salido de la emoción de la misma manera que creo que los has escrito de un tirón que no le resta ni un ápice a su belleza lírica.
Yo mas que una investigación sobre su muerte, como dice Juan, lo que no debiéramos hacer es matarle dos veces por no leerle, habiendo sido uno de los más grandes poetas que este país ha dado. Eso si que sería hacerle justicia.
"Si soy poeta, lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo, y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema".
Totalmente de acuerdo con esta frase, pero lo más importante es haber nacido con esa sensibilidad, porque tanta técnica y dedicación podriamos emplear muchos, pero algunos tendríamos que irnos a casa, como vulgarmente se dice, si no alcanzamos ese grado de sensibilidad que es patrimonio de unos pocos.
Mis felicitaciones por tan hermoso poema.
Un cordial saludo
 
Precioso poema dedicado a la alhambra que me ha encantado leer. Un fuerte abrazo amigo.
Querida Paloma: Aunque se ha situado en el Generalife el motivo del romance era homenajear, desde mi humilde perspectiva, a García Lorca en el ochenta aniversario de la gran ignominia que fue su asesinato. Desde el Generalife se intuyen no muy lejos las tierras donde se llevó a cabo esta atrocidad. Juan Ramón Jiménez me ha ayudado a escribir estas letras tras haber leído el romance que dedicó a Isabel García Lorca.
Te agradezco mucho el paso por mis letras y el amable comentario que dejas en ellas.
Con mi abrazo bien fuerte.
 
Magistrales, emotivas, intimas,letras de alta factura poética como pocas, este tributo a Lorca es lo mejor y más elevado que he leido a su memoria, muy propio de tu enorme talento, lo he apreciado bastante...¡¡¡APLAUSOS!!!, recibe un afectuoso abrazo Salvador.
Mi querido Manuel: Me haces un honor inmenso acercándote a estas letras que con que sean de tu agrado tienen suficiente recompensa. No tengo palabras para agradecer las tuyas con lo que te mandaré mi abrazo emocionado desde la amistad que te profeso.
Salvador.
 
Yo estoy convencido de que efectivamente te han salido de la emoción de la misma manera que creo que los has escrito de un tirón que no le resta ni un ápice a su belleza lírica.
Yo mas que una investigación sobre su muerte, como dice Juan, lo que no debiéramos hacer es matarle dos veces por no leerle, habiendo sido uno de los más grandes poetas que este país ha dado. Eso si que sería hacerle justicia.
"Si soy poeta, lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo, y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema".
Totalmente de acuerdo con esta frase, pero lo más importante es haber nacido con esa sensibilidad, porque tanta técnica y dedicación podriamos emplear muchos, pero algunos tendríamos que irnos a casa, como vulgarmente se dice, si no alcanzamos ese grado de sensibilidad que es patrimonio de unos pocos.
Mis felicitaciones por tan hermoso poema.
Un cordial saludo
Pues has dado el clavo, estimado compañero. Vicente Gaos en la edición de la Antología del Grupo Poético de 1927 está de acuerdo contigo cuando indica que "Federico García Lorca es el ejemplo típico de poeta nato, lo que no excluye que haya en él mucho de aprendido"
Aciertas también al decir que los grados altos de sensibilidad solo son patrimonio de unos pocos, los demás vamos haciendo lo que podemos y vamos sabiendo a fuerza de coscorrones.
Muchas gracias por el detenimiento con el pasas por estas letras y por tu valiosa huella.
Con mi saludo muy cordial.
 
Nadie más. Abierto todo.
Pero ya nadie faltaba.
No eran mujeres, ni niños,
no eran hombres, eran lágrimas
— ¿quién se podía llevar
la inmensidad de sus lágrimas?—
que temblaban, que corrían
arrojándose en el agua.

[…]

Generalife
Juan Ramón Jiménez
dedicado a Isabel García Lorca​




Ochenta años (Desde el Generalife)

¿Qué me dirá a mí la fuente

tan llena de luto y lágrimas?
¿Ese reguero de espantos
en el jardín de las águilas?
¿Y con qué acordado acento
cien surtidores se clavan
en el estanque cubierto
con una manta escarlata?
Allí, junto a los rosales,
empedrado y filigrana
no sé de qué están mojados
si de llantos o de agua.
Porque muy cerca, ¡tan cerca!...,
tras aquella loma blanca,
al abrigo de un olivo
descerrajaron sus balas.
¡Ay espantosos taladros,
plomos de las madrugadas,
silbos de una muerte agreste
bajo las estrellas pálidas!
Llorad todos los jardines,
lloradle todas las lágrimas
a aquel que nació poeta
y a borbotones cantaba:
“Tengo miedo de perder
de tus dos ojos de estatua
la maravilla que tienen
y en mi mejilla asombrada
la caricia de la rosa
de mis noches solitarias”.
Lloradle todas las fuentes,
vestid de negro las aguas
que se conviertan en tinta,
que hablen por el que hablaba.
Cómo pudo pronunciar
sin saber qué le esperaba
el verso premonitorio
de una voz sin su garganta.
Cómo pudo predecir
de los ríos de Granada
que el uno llevara llanto
y el otro sangre en el agua.
Cómo pudo ver tu entierro
-¡ay petenera gitana!-
lleno de gente siniestra
en una falseta amarga.
Y mientras le diga agosto
el memento en la mañana,
Granada mirará al cielo
sin esconder la mirada.

Precioso homenaje al maestro. Excelente trabajo, querido poeta amigo.
Muy bien Salva, muy bien.
Abrazos, poeta.
 
Última edición:
Precioso homenaje al maestro. Excelente trabajo, querido poeta amigo.
Muy bien Salva, muy bien.
Abrazos, poeta.
Me alegra enormemente que hayan sido de tu agrado estas letras que salieron del corazón y que las veas bajo el prisma del tributo al maestro que lo es de tantos que intentamos gatear por estos mundos.
Recibe mi abrazo bien fuerte, querido Luis.
Salva.
 
Un lindo homenaje a dos grandes poetas, estimado. Y que el «río de nuestra lengua» corra vibrante con nuevas aguas y sangres, honrando las fuentes generosas del Generalife de las que tanta poesía mana.
abrazo
Jorge
 
Última edición:
Un lindo homenaje a dos grandes poetas, estimado. Y que el «río de nuestra lengua» corra vibrante con nuevas aguas y sangres, honrando las fuentes generosas del Generalife de la que tanta poesía mana.
abrazo
Jorge
Muchas gracias, estimado compañero, por la apreciación de estas letras. Te digo "así sea" a esos deseos de que desde esos jardines los que son buenos poetas inunden de poesía estas tierras.
Recibe tú mi abrazo desde la admiración.
Salvador.
 
Nadie más. Abierto todo.
Pero ya nadie faltaba.
No eran mujeres, ni niños,
no eran hombres, eran lágrimas
— ¿quién se podía llevar
la inmensidad de sus lágrimas?—
que temblaban, que corrían
arrojándose en el agua.

[…]

Generalife
Juan Ramón Jiménez
dedicado a Isabel García Lorca​




Ochenta años (Desde el Generalife)

¿Qué me dirá a mí la fuente

tan llena de luto y lágrimas?
¿Ese reguero de espantos
en el jardín de las águilas?
¿Y con qué acordado acento
cien surtidores se clavan
en el estanque cubierto
con una manta escarlata?
Allí, junto a los rosales,
empedrado y filigrana
no sé de qué están mojados
si de llantos o de agua.
Porque muy cerca, ¡tan cerca!...,
tras aquella loma blanca,
al abrigo de un olivo
descerrajaron sus balas.
¡Ay espantosos taladros,
plomos de las madrugadas,
silbos de una muerte agreste
bajo las estrellas pálidas!
Llorad todos los jardines,
lloradle todas las lágrimas
a aquel que nació poeta
y a borbotones cantaba:
“Tengo miedo de perder
de tus dos ojos de estatua
la maravilla que tienen
y en mi mejilla asombrada
la caricia de la rosa
de mis noches solitarias”.
Lloradle todas las fuentes,
vestid de negro las aguas
que se conviertan en tinta,
que hablen por el que hablaba.
Cómo pudo pronunciar
sin saber qué le esperaba
el verso premonitorio
de una voz sin su garganta.
Cómo pudo predecir
de los ríos de Granada
que el uno llevara llanto
y el otro sangre en el agua.
Cómo pudo ver tu entierro
-¡ay petenera gitana!-
lleno de gente siniestra
en una falseta amarga.
Y mientras le diga agosto
el memento en la mañana,
Granada mirará al cielo
sin esconder la mirada.

Me ha impresionado el comentario de lomafresquita haciendo colación de la anécdota en la visita de Juan Ramón Jimenez con la hermana del poeta: Me han encantado los versos que le dedica Juan R. Jiménez a su hermana pequeña Isabelita, ella al visitar la Vega granadina lo hizo en silencio y sus gentes la tocaban emocionadas recordando a su poeta porque ella se le parecía físicamente muchísimo. Yo no conocía esa visita ni el poema Generalife.
Por lo demás Salva poco puedo añadir yo ahora que empiezo a ser un mero mecánico aprendiz de poeta comparado con tu obra que acabo de leer y releer, así como los comentarios de compañeros en la página, compañeros que son verdaderos poetas también en muchos casos.
Me parece simplemente BRILLANTE.
Un abrazo con mi amistad
 
Me ha impresionado el comentario de lomafresquita haciendo colación de la anécdota en la visita de Juan Ramón Jimenez con la hermana del poeta: Me han encantado los versos que le dedica Juan R. Jiménez a su hermana pequeña Isabelita, ella al visitar la Vega granadina lo hizo en silencio y sus gentes la tocaban emocionadas recordando a su poeta porque ella se le parecía físicamente muchísimo. Yo no conocía esa visita ni el poema Generalife.
Por lo demás Salva poco puedo añadir yo ahora que empiezo a ser un mero mecánico aprendiz de poeta comparado con tu obra que acabo de leer y releer, así como los comentarios de compañeros en la página, compañeros que son verdaderos poetas también en muchos casos.
Me parece simplemente BRILLANTE.
Un abrazo con mi amistad
Muchísimas gracias, amigo mío, por acercarte a este espacio y dejar este comentario. Pepe, querido amigo, yo sigo siendo un aprendiz, y por muchos años. Algunas veces emergen sentimientos que con dificultad uno los pasa a palabras, este puede ser uno de esos casos, pero claro tratándose de Federico, la cosa es siempre más favorable.
Mil y mil gracias de nuevo.
Con un fuerte abrazo.
Salva.
 
Nadie más. Abierto todo.
Pero ya nadie faltaba.
No eran mujeres, ni niños,
no eran hombres, eran lágrimas
— ¿quién se podía llevar
la inmensidad de sus lágrimas?—
que temblaban, que corrían
arrojándose en el agua.

[…]

Generalife
Juan Ramón Jiménez
dedicado a Isabel García Lorca​




Ochenta años (Desde el Generalife)

¿Qué me dirá a mí la fuente

tan llena de luto y lágrimas?
¿Ese reguero de espantos
en el jardín de las águilas?
¿Y con qué acordado acento
cien surtidores se clavan
en el estanque cubierto
con una manta escarlata?
Allí, junto a los rosales,
empedrado y filigrana
no sé de qué están mojados
si de llantos o de agua.
Porque muy cerca, ¡tan cerca!...,
tras aquella loma blanca,
al abrigo de un olivo
descerrajaron sus balas.
¡Ay espantosos taladros,
plomos de las madrugadas,
silbos de una muerte agreste
bajo las estrellas pálidas!
Llorad todos los jardines,
lloradle todas las lágrimas
a aquel que nació poeta
y a borbotones cantaba:
“Tengo miedo de perder
de tus dos ojos de estatua
la maravilla que tienen
y en mi mejilla asombrada
la caricia de la rosa
de mis noches solitarias”.
Lloradle todas las fuentes,
vestid de negro las aguas
que se conviertan en tinta,
que hablen por el que hablaba.
Cómo pudo pronunciar
sin saber qué le esperaba
el verso premonitorio
de una voz sin su garganta.
Cómo pudo predecir
de los ríos de Granada
que el uno llevara llanto
y el otro sangre en el agua.
Cómo pudo ver tu entierro
-¡ay petenera gitana!-
lleno de gente siniestra
en una falseta amarga.
Y mientras le diga agosto
el memento en la mañana,
Granada mirará al cielo
sin esconder la mirada.
Qué belleza, mi querido Salvador!!! Esto es de antología, mientras lo leía mi cuerpo vibraba, he leído poco con esta tremenda sensación que invade el interior. Te aplaudo de pie; mis felicitaciones !!!
Un abrazo.
 
Última edición:
Qué belleza, mi querido Salvador!!! Esto es de antología, mientras lo leía mi cuerpo vibraba, he leído poco con esta tremenda sensación que invade el interior. Te aplaudo de pie; mis felicitaciones !!!
Un abrazo.
Un comentario amablemente expresivo me dejas aquí, querido angelcesar, lo agradezco enormemente. Celebro que estas letras hayan resultado ser de tu agrado.
Mil gracias, de nuevo.
Con un abrazo fuerte.
Salvador.
 
Nadie más. Abierto todo.
Pero ya nadie faltaba.
No eran mujeres, ni niños,
no eran hombres, eran lágrimas
— ¿quién se podía llevar
la inmensidad de sus lágrimas?—
que temblaban, que corrían
arrojándose en el agua.

[…]

Generalife
Juan Ramón Jiménez
dedicado a Isabel García Lorca​




Ochenta años (Desde el Generalife)

¿Qué me dirá a mí la fuente

tan llena de luto y lágrimas?
¿Ese reguero de espantos
en el jardín de las águilas?
¿Y con qué acordado acento
cien surtidores se clavan
en el estanque cubierto
con una manta escarlata?
Allí, junto a los rosales,
empedrado y filigrana
no sé de qué están mojados
si de llantos o de agua.
Porque muy cerca, ¡tan cerca!...,
tras aquella loma blanca,
al abrigo de un olivo
descerrajaron sus balas.
¡Ay espantosos taladros,
plomos de las madrugadas,
silbos de una muerte agreste
bajo las estrellas pálidas!
Llorad todos los jardines,
lloradle todas las lágrimas
a aquel que nació poeta
y a borbotones cantaba:
“Tengo miedo de perder
de tus dos ojos de estatua
la maravilla que tienen
y en mi mejilla asombrada
la caricia de la rosa
de mis noches solitarias”.
Lloradle todas las fuentes,
vestid de negro las aguas
que se conviertan en tinta,
que hablen por el que hablaba.
Cómo pudo pronunciar
sin saber qué le esperaba
el verso premonitorio
de una voz sin su garganta.
Cómo pudo predecir
de los ríos de Granada
que el uno llevara llanto
y el otro sangre en el agua.
Cómo pudo ver tu entierro
-¡ay petenera gitana!-
lleno de gente siniestra
en una falseta amarga.
Y mientras le diga agosto
el memento en la mañana,
Granada mirará al cielo
sin esconder la mirada.

Que grande eres Salvador
Que poética mirada.
En esas fuentes estuve
cuando pasé por Granada,
en la sultana provincia
hice minúscula escala,
mas he quedado prendado
de la belleza del agua.

Un fuerte abrazo.
Rique.
 
Que grande eres Salvador
Que poética mirada.
En esas fuentes estuve
cuando pasé por Granada,
en la sultana provincia
hice minúscula escala,
mas he quedado prendado
de la belleza del agua.

Un fuerte abrazo.
Rique.
Mil y mil gracias amigo por este comentario tan expresivo en verso. Celebro que estas letras hayan sido de tu agrado como celebro esas impresiones que te causó esta Granada en la que ahora estoy.
Te abrazo con todos mis afectos.
Salva.
 
Nadie más. Abierto todo.
Pero ya nadie faltaba.
No eran mujeres, ni niños,
no eran hombres, eran lágrimas
— ¿quién se podía llevar
la inmensidad de sus lágrimas?—
que temblaban, que corrían
arrojándose en el agua.

[…]

Generalife
Juan Ramón Jiménez
dedicado a Isabel García Lorca​




Ochenta años (Desde el Generalife)

¿Qué me dirá a mí la fuente

tan llena de luto y lágrimas?
¿Ese reguero de espantos
en el jardín de las águilas?
¿Y con qué acordado acento
cien surtidores se clavan
en el estanque cubierto
con una manta escarlata?
Allí, junto a los rosales,
empedrado y filigrana
no sé de qué están mojados
si de llantos o de agua.
Porque muy cerca, ¡tan cerca!...,
tras aquella loma blanca,
al abrigo de un olivo
descerrajaron sus balas.
¡Ay espantosos taladros,
plomos de las madrugadas,
silbos de una muerte agreste
bajo las estrellas pálidas!
Llorad todos los jardines,
lloradle todas las lágrimas
a aquel que nació poeta
y a borbotones cantaba:
“Tengo miedo de perder
de tus dos ojos de estatua
la maravilla que tienen
y en mi mejilla asombrada
la caricia de la rosa
de mis noches solitarias”.
Lloradle todas las fuentes,
vestid de negro las aguas
que se conviertan en tinta,
que hablen por el que hablaba.
Cómo pudo pronunciar
sin saber qué le esperaba
el verso premonitorio
de una voz sin su garganta.
Cómo pudo predecir
de los ríos de Granada
que el uno llevara llanto
y el otro sangre en el agua.
Cómo pudo ver tu entierro
-¡ay petenera gitana!-
lleno de gente siniestra
en una falseta amarga.
Y mientras le diga agosto
el memento en la mañana,
Granada mirará al cielo
sin esconder la mirada.



Impresionante, Salva, de verdad te lo digo. De momento las palabras se me agolpan en la garganta y hasta que no las controle no puedo decir más. Continuará.


Un fuerte abrazo y FELIZ NAVIDAD.
 

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