Me gusta mucho la rotundidad del primer verso. Es como decir que para ser tú mismo te ha bastado un solo intento y no hay opción a ser otro. Eso es identidad en estado puro. Más allá de los cuartetos introduces otro concepto que me chifla, el del extrañamiento, que no es sino consecuencia del abismo que se abre ante nosotros cuando decidimos no renunciar a ser quien somos. Admiro a quien se obstina en sus propias formas y se traza un camino del que no piensa desviarse un ápice. Hay también quien te dice no voy y a continuación da dos pasos en dirección tuya. Decir lo que pienso me parece una obligación, pero es cierto que cuando nadie te pregunta es una intrusión. Sabes mejor que nadie que para que el vampiro entre dentro de casa, querido Sergio, hace falta una invitación y ya luego se establece el vínculo de sangre. Relacionarse también entraña responsabilidades y un consumo de tiempo y, sinceramente, Sergio, ¿a quién le sobra el tiempo? Así que cada vez que no reconocen mis argumentos como argumentos de autoridad me están haciendo un regalo extraordinario, y sí, el del tiempo, que puedo dedicar a lo que me importa. Oye, el soneto, impresionante y esa liturgia tuya de uno diario, como dice Grace, es digna de encomio. Un abrazo. Luis