El elogio.
Con una frase sencilla
celebra las cosas bellas,
verás que dejas más huellas
que unos pasos en la arcilla.
Quien por sus méritos brilla
merece tu apoyo pleno.
Pero no serás tan bueno
si al reconocerlo tardas,
pues si un elogio te guardas
te quedas con algo ajeno.
El piropo.
El piropo ya no existe.
Se murió de feminismo.
Júpiter parece el mismo,
Cupido se ha puesto triste.
Mas si por algún despiste
insistes en piropear,
prepárate pa enfrentar
los jueces y su sentencia,
¡ya sacarás la experiencia!
¡Ya dejarás de admirar!
La rutina.
Poco a poco, sigilosa
nos acecha la rutina,
primero llovizna fina
luego, una lluvia copiosa.
Hacemos cosa tras cosa
como en círculos eternos.
Mas, si a soltar viejos pernos
tu imaginación no atina
ponte en guardia: la rutina
es la madre de los cuernos.
Con una frase sencilla
celebra las cosas bellas,
verás que dejas más huellas
que unos pasos en la arcilla.
Quien por sus méritos brilla
merece tu apoyo pleno.
Pero no serás tan bueno
si al reconocerlo tardas,
pues si un elogio te guardas
te quedas con algo ajeno.
El piropo.
El piropo ya no existe.
Se murió de feminismo.
Júpiter parece el mismo,
Cupido se ha puesto triste.
Mas si por algún despiste
insistes en piropear,
prepárate pa enfrentar
los jueces y su sentencia,
¡ya sacarás la experiencia!
¡Ya dejarás de admirar!
La rutina.
Poco a poco, sigilosa
nos acecha la rutina,
primero llovizna fina
luego, una lluvia copiosa.
Hacemos cosa tras cosa
como en círculos eternos.
Mas, si a soltar viejos pernos
tu imaginación no atina
ponte en guardia: la rutina
es la madre de los cuernos.
Última edición: