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  • Herramienta de Métrica Española mejorada

    Hemos renovado por completo nuestro analizador de métrica: ahora analiza poemas enteros con detección de sinalefas, sinéresis, esquema rímico, tipo de estrofa y mucho más. Además, incluye dos nuevas herramientas: Rimas — busca rimas consonantes y asonantes filtradas por sílabas — y Sinónimos — encuentra palabras alternativas que encajen en tu verso. Está en fase de pruebas — tu opinión nos ayuda a perfeccionarlo. Si encuentras algún error o tienes sugerencias, escríbenos a info@mundopoesia.com. Probar la nueva versión →

Peces

musador

esperando...
Sobre el agua caminan los insectos
entre las nubes que navegan puras
manteniendo en sus nobles singladuras
la derrota del viento en sus trayectos.

No hay ondas que perturben los perfectos
esquemas planos, lúcidas texturas
que van de orilla a orilla sin cesuras
mostrándonos del mundo los prospectos.

Pero irrumpe en la lámina la ola
que hace un pez que consigue por sorpresa
atrapar a un insecto en su cabriola.

Otro mundo hay debajo de la ilesa
superficie en que vemos nuestra aureola:
los fantasmas lo habitan, con su presa.
 
Sobre el agua caminan los insectos
entre las nubes que navegan puras
manteniendo en sus nobles singladuras
la derrota del viento en sus trayectos.

No hay ondas que perturben los perfectos *
esquemas planos, lúcidas texturas
que van de orilla a orilla sin cesuras
mostrándonos del mundo los prospectos.

Pero irrumpe en la lámina la ola
que hace un pez que consigue por sorpresa
atrapar a un insecto en su cabriola.

Otro mundo hay debajo de la ilesa *
superficie en que vemos nuestra aureola:
los fantasmas lo habitan, con su presa.
Aquí también difiero en tu manera de escandir la palabra 'aureola', hermano ─para mí tetrasílaba─ tal como la asumí en mi soneto «La quimera del corazón», cuya primera estrofa es:

Brilla la luna inmensa, su areola
baña con sus reflejos nuestro lecho.
La noche es en el mástil de mi pecho
negro pendón que en la quietud tremola. [...]


Gerardo Diego, en su romance «Ella», también escande la palabra 'aureola' como tetrasílaba:

¿No la conocéis? Entonces
imaginadla, soñadla.
¿Quién será capaz de hacer
el retrato de la amada?,
Yo sólo podría hablaros
vagamente de su lánguida
figura, de su aureola
triste, profunda y romántica.


Lo mismo hace Evaristo Ribera Chevremont en su hermoso soneto titulado 'Espuma', de su obra «Inefable Orilla». Lo transcribo completo para tu disfrute:

De lo ligero de la madrugada;
de lo sutil en lo fugaz ─neblina,
vapor o nube─ queda en el mar fina,
fluyente y tremulante pincelada.

De lo que el mar en su extensión afina
─perla en matización, concha irisada─,
queda un halo brillante en la oleada.
Halo que en pulcra irradiación culmina.

Los pétalos del lirio da la tierra
al mar, y el mar los tiene. El mar encierra
gracias, y gracias a sus gracias suma.

Y va mostrando, cuando la aureola
de la belleza ciñe, en mar y ola,
el blancor indecible de la espuma.


La lista sería mucho más larga; pero, por supuesto, eso no significa que sea la manera correcta. Si fuera así, ¿en dónde dejaríamos los enormes versos de J.L. Borges y de Unamuno?

A mi ciudad de patios cóncavos como cántaros
y de calles que surcan las leguas como un vuelo,
a mi ciudad de esquinas con aureola de ocaso
y arrabales azules, hechos de firmamento [...]


(J.L. Borges, «Versos de catorce»)


Pobre alma triste que caminas sola
perdida del desierto en las arenas,
llevando a cuestas solitarias penas
oscuras, que no brillan con la aureola [...]


(Miguel de Unamuno, «Soledad»)


De modo que es un asunto apasionante este de la resolución de encuentros vocálicos en función de la métrica del verso. Siempre existirán las licencias métricas, pero en la mayoría de los casos será nuestra propia manera de pronunciar las palabras lo que determinará la variante prosódica a elegir. ¿No lo crees?

Respecto al soneto en sí, veo que estás muy inspirado en estos días, cosa que me alegra inmensamente. Plasmas, en esta oportunidad, un par de encabalgamientos inusuales en tu práctica poética (5 y 12), logrando una gran fluidez sintáctica que se nota especialmente en los cuartetos, en donde la claridad es tanta que ni siquiera hacen falta los signos de puntuación. Referente al fondo, y buscando comprender lo que me parece un final espeluznante y misterioso... ¿Cuál es la presa de los fantasmas que habitan en ese otro mundo bajo la superficie?
 
Sobre el agua caminan los insectos
entre las nubes que navegan puras
manteniendo en sus nobles singladuras
la derrota del viento en sus trayectos.

No hay ondas que perturben los perfectos
esquemas planos, lúcidas texturas
que van de orilla a orilla sin cesuras
mostrándonos del mundo los prospectos.

Pero irrumpe en la lámina la ola
que hace un pez que consigue por sorpresa
atrapar a un insecto en su cabriola.

Otro mundo hay debajo de la ilesa
superficie en que vemos nuestra aureola:
los fantasmas lo habitan, con su presa.

Excelente soneto.
Saludos cordiales.
 
Última edición:
Agradezco, hermano, tu indagación acerca de la escansión de «aureola»; sus resultados no me sorprenden, por cierto, aunque me tranquiliza especialmente el amparo de Borges. La influencia del quechua y su pobreza de vocales nos lleva a los argentinos a algunas sinéresis poco usuales, generadas por pronunciar la «e» inacentuada muy cercana a la «i»; como experimento, pruebo a leer ese verso cambiando «nuestra» por «la», y me suena terrible. Posiblemente la rima con «cabriola» contribuya a esta derivación.

La discreta presencia de los peces bajo el agua es un hecho natural que me intriga; en las limosas aguas de mi río ni siquiera se los vislumbra, aunque los biguás y otros pescadores los encuentran; es bastante frecuente la irrupción de un pez capturando un insecto, eso sí.

En el segundo terceto llevo el asunto al mito de Narciso: hay fantasmas que habitan en los espejos: ¿cuál es su presa? No daré aquí respuesta a tan honda pregunta, quise dejarla en el misterio.

abrazo
Jorge

Aquí también difiero en tu manera de escandir la palabra 'aureola', hermano ─para mí tetrasílaba─ tal como la asumí en mi soneto «La quimera del corazón», cuya primera estrofa es:

Brilla la luna inmensa, su areola
baña con sus reflejos nuestro lecho.
La noche es en el mástil de mi pecho
negro pendón que en la quietud tremola. [...]


Gerardo Diego, en su romance «Ella», también escande la palabra 'aureola' como tetrasílaba:

¿No la conocéis? Entonces
imaginadla, soñadla.
¿Quién será capaz de hacer
el retrato de la amada?,
Yo sólo podría hablaros
vagamente de su lánguida
figura, de su aureola
triste, profunda y romántica.


Lo mismo hace Evaristo Ribera Chevremont en su hermoso soneto titulado 'Espuma', de su obra «Inefable Orilla». Lo transcribo completo para tu disfrute:

De lo ligero de la madrugada;
de lo sutil en lo fugaz ─neblina,
vapor o nube─ queda en el mar fina,
fluyente y tremulante pincelada.

De lo que el mar en su extensión afina
─perla en matización, concha irisada─,
queda un halo brillante en la oleada.
Halo que en pulcra irradiación culmina.

Los pétalos del lirio da la tierra
al mar, y el mar los tiene. El mar encierra
gracias, y gracias a sus gracias suma.

Y va mostrando, cuando la aureola
de la belleza ciñe, en mar y ola,
el blancor indecible de la espuma.


La lista sería mucho más larga; pero, por supuesto, eso no significa que sea la manera correcta. Si fuera así, ¿en dónde dejaríamos los enormes versos de J.L. Borges y de Unamuno?

A mi ciudad de patios cóncavos como cántaros
y de calles que surcan las leguas como un vuelo,
a mi ciudad de esquinas con aureola de ocaso
y arrabales azules, hechos de firmamento [...]


(J.L. Borges, «Versos de catorce»)


Pobre alma triste que caminas sola
perdida del desierto en las arenas,
llevando a cuestas solitarias penas
oscuras, que no brillan con la aureola [...]


(Miguel de Unamuno, «Soledad»)


De modo que es un asunto apasionante este de la resolución de encuentros vocálicos en función de la métrica del verso. Siempre existirán las licencias métricas, pero en la mayoría de los casos será nuestra propia manera de pronunciar las palabras lo que determinará la variante prosódica a elegir. ¿No lo crees?

Respecto al soneto en sí, veo que estás muy inspirado en estos días, cosa que me alegra inmensamente. Plasmas, en esta oportunidad, un par de encabalgamientos inusuales en tu práctica poética (5 y 12), logrando una gran fluidez sintáctica que se nota especialmente en los cuartetos, en donde la claridad es tanta que ni siquiera hacen falta los signos de puntuación. Referente al fondo, y buscando comprender lo que me parece un final espeluznante y misterioso... ¿Cuál es la presa de los fantasmas que habitan en ese otro mundo bajo la superficie?
 
Sobre el agua caminan los insectos
entre las nubes que navegan puras
manteniendo en sus nobles singladuras
la derrota del viento en sus trayectos.

No hay ondas que perturben los perfectos
esquemas planos, lúcidas texturas
que van de orilla a orilla sin cesuras
mostrándonos del mundo los prospectos.

Pero irrumpe en la lámina la ola
que hace un pez que consigue por sorpresa
atrapar a un insecto en su cabriola.

Otro mundo hay debajo de la ilesa
superficie en que vemos nuestra aureola:
los fantasmas lo habitan, con su presa.


Es una suerte que la contemplación de lo que te rodea te inspire de esta manera. Te felicito por ese viaje de tu mente y tu aventura con el lenguaje de tus versos. A mi también me intriga ese último terceto, que habla del reflejo de la propia imagen, y los fantasmas que habitan bajo esa" ilesa superficie", la presa es quizás el que se asoma y que queda atrapado por esos fantasmas de los que no puede desprenderse. Bueno, esa es mi interpretación.

Un abrazo.
Isabel
 
Sobre el agua caminan los insectos
entre las nubes que navegan puras
manteniendo en sus nobles singladuras
la derrota del viento en sus trayectos.

No hay ondas que perturben los perfectos
esquemas planos, lúcidas texturas
que van de orilla a orilla sin cesuras
mostrándonos del mundo los prospectos.

Pero irrumpe en la lámina la ola
que hace un pez que consigue por sorpresa
atrapar a un insecto en su cabriola.

Otro mundo hay debajo de la ilesa
superficie en que vemos nuestra aureola:
los fantasmas lo habitan, con su presa.
Magistral.
Felicidades.
Un saludo
 
Sobre el agua caminan los insectos
entre las nubes que navegan puras
manteniendo en sus nobles singladuras
la derrota del viento en sus trayectos.

No hay ondas que perturben los perfectos
esquemas planos, lúcidas texturas
que van de orilla a orilla sin cesuras
mostrándonos del mundo los prospectos.

Pero irrumpe en la lámina la ola
que hace un pez que consigue por sorpresa
atrapar a un insecto en su cabriola.

Otro mundo hay debajo de la ilesa
superficie en que vemos nuestra aureola:
los fantasmas lo habitan, con su presa.
Sobre el agua caminan los insectos
entre las nubes que navegan puras
manteniendo en sus nobles singladuras
la derrota del viento en sus trayectos.

No hay ondas que perturben los perfectos
esquemas planos, lúcidas texturas
que van de orilla a orilla sin cesuras
mostrándonos del mundo los prospectos.

Pero irrumpe en la lámina la ola
que hace un pez que consigue por sorpresa
atrapar a un insecto en su cabriola.

Otro mundo hay debajo de la ilesa
superficie en que vemos nuestra aureola:
los fantasmas lo habitan, con su presa.
El eterno ciclo de la cadena alimenticia donde el hombre en la cúspide es de los pocos que se hacen de una presa por mero placer.
Extraordinarios versos que narran parte de ese destino.
Saludos cordiales.
 
Sobre el agua caminan los insectos
entre las nubes que navegan puras
manteniendo en sus nobles singladuras
la derrota del viento en sus trayectos.

No hay ondas que perturben los perfectos
esquemas planos, lúcidas texturas
que van de orilla a orilla sin cesuras
mostrándonos del mundo los prospectos.

Pero irrumpe en la lámina la ola
que hace un pez que consigue por sorpresa
atrapar a un insecto en su cabriola.

Otro mundo hay debajo de la ilesa
superficie en que vemos nuestra aureola:
los fantasmas lo habitan, con su presa.
Muy bueno, Jorge! Admiro lo que hacés.
Abrazo.
 
Es una suerte que la contemplación de lo que te rodea te inspire de esta manera. Te felicito por ese viaje de tu mente y tu aventura con el lenguaje de tus versos. A mi también me intriga ese último terceto, que habla del reflejo de la propia imagen, y los fantasmas que habitan bajo esa" ilesa superficie", la presa es quizás el que se asoma y que queda atrapado por esos fantasmas de los que no puede desprenderse. Bueno, esa es mi interpretación.

Un abrazo.
Isabel
¿Asomarse al espejo? Una maniobra muy arriesgada, querida Isabel, para emprenderla hay que tener la audacia inocente de Alicia...

gracias y abrazo
Jorge
 
Sobre el agua caminan los insectos
entre las nubes que navegan puras
manteniendo en sus nobles singladuras
la derrota del viento en sus trayectos.

No hay ondas que perturben los perfectos
esquemas planos, lúcidas texturas
que van de orilla a orilla sin cesuras
mostrándonos del mundo los prospectos.

Pero irrumpe en la lámina la ola
que hace un pez que consigue por sorpresa
atrapar a un insecto en su cabriola.

Otro mundo hay debajo de la ilesa
superficie en que vemos nuestra aureola:
los fantasmas lo habitan, con su presa.
Un placer pasar por tu poema , siempre lo es mi querido amigo, un abrazo.
 
El eterno ciclo de la cadena alimenticia donde el hombre en la cúspide es de los pocos que se hacen de una presa por mero placer.
Extraordinarios versos que narran parte de ese destino.
Saludos cordiales.
Buena parte de los peces la pasan bastante bien, creo yo. Es cierto que el hombre con sus redes es un predador terrible para algunas especies... Me resultan misteriosos los peces, esos seres que rara vez vemos en su ambiente pero que ahí pululan...

gracias y abrazo
Jorge
 
Jorge
No me detengo a analizar nada de lo formal de tu poema, porque no me siento capacitada para ello, pero si puedo decir que al leerte me he tejido una historia: me ha parecido ver los pequeños insectos caminar por el agua mansa que va corriendo y de pronto el pez dando su voltereta en el aire, rompiendo quizá la monotonía, dinamizando el instante, como llamándonos la atención a los que solo miramos la superficie y no imaginamos que al envés de las cosas hay un mundo de posibilidades.
¿mantienes tu número telefónico?, espero que si, para que alguna vez me escribas.
Un abrazo del tamaño de mis alas, querido amigo.
Ana.
 
A decir verdad, Ángel, te diré que más admiro yo lo que vos hacés en las presentes circunstancias.

abrazote
Jorge
Mi opinión es que no se debería permitir contestar a un comentario con tres meses de retraso. Me parece una falta de respeto para el compañero que tuvo la deferencia de emplear su tiempo en leer y comentar un poema.
Pero insisto, sólo es mi opinión
 
Mi opinión es que no se debería permitir contestar a un comentario con tres meses de retraso. Me parece una falta de respeto para el compañero que tuvo la deferencia de emplear su tiempo en leer y comentar un poema.
Pero insisto, sólo es mi opinión
Hola, Jorge Salvador:
En este portal, como en otros, se aprende a conocer a las personas a través de lo que escriben y de sus mensajes. Con Musador está todo bien, puedo inferir su retraso en contestar por motivos más que suficientes y no me hace falta su explicación. Sé que su respuesta viene del corazón y se lo agradezco profundamente. Me ha corregido, me ha enseñado y le tengo aprecio.
Un abrazo para ambos.
 
Hola, Jorge Salvador:
En este portal, como en otros, se aprende a conocer a las personas a través de lo que escriben y de sus mensajes. Con Musador está todo bien, puedo inferir su retraso en contestar por motivos más que suficientes y no me hace falta su explicación. Sé que su respuesta viene del corazón y se lo agradezco profundamente. Me ha corregido, me ha enseñado y le tengo aprecio.
Un abrazo para ambos.
Perfecto, Ángel. Sólo era una reflexión sin ánimo de ofender ni criticar a nadie. Hay cosas que son como son y no pueden ser de otra manera, una de ellas es la ética, que debe estar por encima de todo siempre y en todo lugar.
Un abrazo
 
Bellísimo soneto, con ese punto tuyo de cientifismo lúdico. Un saludo. Luis
 

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