Jorge Salvador
Poeta adicto al portal
Esas cosas que sólo se dicen nunca
o se callan por siempre;
que secuestran el alma
y envenenan la mente.
Esa duda que todo lo sabe cierto,
ese error repetido
de manera inconsciente y que se convierte
con el tiempo en castigo.
Esa calle de en medio que tuerce al centro,
ese cáliz con vodka;
esos ceros sin unos
que llevarse a la boca.
Ese idilio a la búsqueda de su amante,
esa causa en su efecto;
esos besos de Judas que no despiertan
ni a la bella durmiente.
Ese anchísimo filtro de lo mediocre
que se traga a los niños
para hacerlos toreros,
diputados o frikis.
Ese gol sin portero que no lo falla
ni Juanita Banana
y se paga más caro que la vacuna
contra el mal de los años.
Esa frase bailando en pelota viva,
que buscando un trabajo
para huir de la hambruna,
se escapó de un poema.
Esa mosca sin dientes hambreando en la sopa
de un chef vago y roñoso
que le llama vanguardia a la tontería
de comerse los platos.
Y ese perro buscando en la carretera
la matrícula errónea
mientras un hijo puta
toma el sol en la playa.
Esas cosas que sólo se dicen nunca,
que nos muerden por dentro,
y que apenas logramos confesarle a la muerte
cuando nadie nos mira…
o se callan por siempre;
que secuestran el alma
y envenenan la mente.
Esa duda que todo lo sabe cierto,
ese error repetido
de manera inconsciente y que se convierte
con el tiempo en castigo.
Esa calle de en medio que tuerce al centro,
ese cáliz con vodka;
esos ceros sin unos
que llevarse a la boca.
Ese idilio a la búsqueda de su amante,
esa causa en su efecto;
esos besos de Judas que no despiertan
ni a la bella durmiente.
Ese anchísimo filtro de lo mediocre
que se traga a los niños
para hacerlos toreros,
diputados o frikis.
Ese gol sin portero que no lo falla
ni Juanita Banana
y se paga más caro que la vacuna
contra el mal de los años.
Esa frase bailando en pelota viva,
que buscando un trabajo
para huir de la hambruna,
se escapó de un poema.
Esa mosca sin dientes hambreando en la sopa
de un chef vago y roñoso
que le llama vanguardia a la tontería
de comerse los platos.
Y ese perro buscando en la carretera
la matrícula errónea
mientras un hijo puta
toma el sol en la playa.
Esas cosas que sólo se dicen nunca,
que nos muerden por dentro,
y que apenas logramos confesarle a la muerte
cuando nadie nos mira…
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