Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Con un temblor emocionado dejó,
con sus propias manos, el niño,
un barco de papel en las orillas del río.
Lo vio alejarse,
la ilusión dibujada en su rostro.
Iba en busca de aventuras,
a recorrer el mundo,
a pasar por tierras lejanas .
Zozobra de temporales,
penuria de aguas calmas,
alisios que, por crestas de inmensas olas,
le llevaran en volandas.
Otras gentes,
nuevas caras,
las mismas risas
y diferentes hablas.
Mira el niño fascinado
el camino que al barco se le abre
y sueña con confines,
allá donde el sol se acuesta
y ve como su barquito
atraviesa los juncales
y sortea los peñascos
y se pierde en lontananza.
Y suspira deseando
en el fondo de su alma
ser como ese barquito, valiente,
aventurero, al que no le asusta nada
y lanzarse a recorrer
los caminos del agua.
con sus propias manos, el niño,
un barco de papel en las orillas del río.
Lo vio alejarse,
la ilusión dibujada en su rostro.
Iba en busca de aventuras,
a recorrer el mundo,
a pasar por tierras lejanas .
Zozobra de temporales,
penuria de aguas calmas,
alisios que, por crestas de inmensas olas,
le llevaran en volandas.
Otras gentes,
nuevas caras,
las mismas risas
y diferentes hablas.
Mira el niño fascinado
el camino que al barco se le abre
y sueña con confines,
allá donde el sol se acuesta
y ve como su barquito
atraviesa los juncales
y sortea los peñascos
y se pierde en lontananza.
Y suspira deseando
en el fondo de su alma
ser como ese barquito, valiente,
aventurero, al que no le asusta nada
y lanzarse a recorrer
los caminos del agua.