Callejero60
Sé agua ... o nada.
¡Bígaro concupiscente que abellotado desluces
la tan áurea proporción de esta augusta estampa mía!
¡Solo un poco de Carrara, morcillón y bien dispuesto,
y sería yo perfecto como imperfecta es la vida!
Maldito sea el mancebo, al que dejaron encargo
de velar por aquel largo que más que enhiesto lucía.
¡Torpe mortal! ¡Puto andamio!,
que al mover sin miramiento, por recrearse la vista
de antológica tacada segó el pendón de la envidia.
No sé si fuera castigo o descuido de aprendiz
-o que no se halló manera de enmendar tal tropelía-
lo que me dejó en los brazos de aquesta gloria finita,
que empezara con Adonis y terminó con David
y un tan mísero atributo -más propio de un querubín-
que sería el hazmerreír en un certamen de pichas.
•
Por mor de salvar los muebles, y la sangre no corriera
enmendar quiso la plana un fantoche marmolista
-gloria antigua de ese gremio y algo dado a la bebida-
que vendía boquerones por los bares y plazuelas;
y entre trémulo su pulso, y el danzar de sus dioptrías
el otrora tan maestro era tan solo un parguela
lampeante por un vaso y un bocata de tortilla,
o en su defecto un cavero con lonchas de mortadela.
Mas, como el tipo gozaba de la Nobleza, su estima,
el dedócrata de turno lo hizo fijo en plantilla;
lo colocó con contrato y con jornada intensiva,
y bordando lo bordado,
mostrando un diente picado...
le regaló una sonrisa.
•
Metido ya en la faena de desaguisar la guisa
-o fue lo que le entendió a un tal don Joáo Armáo,
que según supo después era albanés y encargado-
lióse con el asunto
-con el tembleque citado-
y en el quinto cincelazo le sobraba la camisa,
el pantalón, la chaqueta, y un nicky de cuello alto
-que aunque nunca se ponía-
lo llevaba de amuleto, desde aquel día en que un gato
se le tirara al pescuezo con tamaña alevosía
que de no ser por la prenda que amortiguó la embestida,
malvas estaría criando
en el patio de las idas.
Camiseta de tirantes,
sus gallumbos de botones abrigando las rodillas,
sombrero de cuatro picos que con el pañuelo hacía,
medio cigarro en la boca y un milagro por delante;
mas, sin nadie allí mirando, como todo buen artista
se metió dos lingotazos de inspiración amarilla
y otros doce le siguieron con el fin de borrar pistas.
•
Ya cincelando aquel miembro
-de mi talla, la ruina-
aquel funesto maestro
con la cogorza por dentro y por fuera insulsa pinta-
venciéndole estaba el sueño cuando se agarró a la piña
llevándose mis ensueños,
¡llevándose mi alegría!.
...Y llevándose por suerte el contrato de por vida
que le hiciera el mamarracho
que provocó tal parida.
•
Es lo mejor de mi historia
que el tajo siguió su prima
con veintidós primaveras y afinadora de liras,
que afinando y afinando
el tajo dejaba arriba
y don Joáo, escaldado, temiéndose la estampida
le hizo un contrato por horas
de los de invisible tinta.
Largas piernas, alto talle y delantera más iva
que nada tenía que ver con Fortunata y Jacinta.
•
¡Y fue ella la hacedora;
de esta historia, la heroína,
la que sin querer queriendo
me devolvía a la vida.!
Tirando de ingenio innato
y sabiendo la premisa,
se volcó en su cometido
con ilusión desmedida.
Un cubo con escayola preparó la bien nacida...
y una mosca de caballo rebozada fue mi guinda;
rematando la faena puso con magia lasciva
una breva por recova, a modo de plusvalía.
••
Mis ojos buscan el éter
con la mirada perdida;
como queriendo no ver
el rigor de mi desdicha,
aunque el consuelo en mi hombro retozará, medio yerto
hasta vengarme del sieso que me talló sin lentillas,
cuando despliegue mi onda, silvando como hace el viento,
y una pedrada le endiñe a su burda anatomía.
Mientras, mirando hacia adentro;
mi fatídica mirada busca una placa escondida,
que se ocultó por la historia y que llegado el momento
testificará por siempre lo que mi boca no dicta:
"Malditos sean mil veces los que se dan de sobraos
y el albañil que le dió con el andamio al mandao".
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