kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo soy el náufrago
que lleva dentro el mar
la nave rota
y la isla desierta
en que me salvo.
Juan Luis Mora
que lleva dentro el mar
la nave rota
y la isla desierta
en que me salvo.
Juan Luis Mora
CARTA A MI PADRE
Una estrella fugaz agrieta el cielo
y estalla en dos mi medio corazón
a más de diez kilómetros del suelo.
Y ante aquel horizonte bermellón
no fui más que una lágrima encendida
como punto final de tu renglón.
¡Nunca tuve tan poca luz ceñida
en mi gris costillar, ni tanta sombra
de caracolas mudas en mi vida!
Y te buscaba allá, bajo la alfombra
de un cosmos apagado en el invierno
de aquel niño…, y su grito que aún me nombra:
¡¿Por qué tú, por qué yo, por qué este infierno?!,
¡¿por qué contigo se estrenó la muerte?!,
¡¿por qué tan pronto te me hiciste eterno?!
Las dagas homicidas de la suerte
sesgaron las promesas de mi faro
y fui aprendiendo, padre, a no tenerte.
Fue sanando la herida del disparo
con el salitre de una luz naciente
y el temporal dejó su paso al claro.
¡Cómo hacías alquimia del presente!
Por ti aprendí el error de quien reclama
el instante perdido en su torrente.
Me enseñaste a cuidar lo que se ama,
me decías: «¡empieza por ti mismo!».
Cuántas veces, al borde de mi cama,
bajo el celaje añil de tu humanismo
serenaste mi angustia circular
comprendiendo las ondas de mi sismo.
Y cuando el miedo vuelve a despertar
siempre encuentro la luz en tu rotundo
discurso de gaviotas sobre el mar.
Dicen que cuando rozas este mundo
perturbas la existencia de una estrella
en un celeste vínculo fecundo.
¡Nuestro enlace estelar está en la huella
que dejaste en la arcilla de la aurora!;
¡cuántas veces salvé mi noche en ella!
Pero ha llegado, padre, nuestra hora:
mis tardes ya jamás serán las tuyas,
mi tiempo vivo entierra al muerto y llora…
«Por mucha juventud que te atribuyas
tu ciprés brotará llegado el día
en que tus huellas casen con las suyas».
Las huellas de mi padre..., ¿quién diría
que tan pronto serían las que piso
aquí en los labios tiernos de mi ría?
Hoy te paseo, padre, y te diviso
en el último paso de mis pasos
sobre este mundo tuyo que te quiso.
Y en la vitrina astral de los ocasos
se va extinguiendo ya tu llama y brilla
con esa calma de los cielos rasos.
Yo sé que tu presencia aquí en mi orilla
no es un recuerdo más: es un adiós,
es una luz espesa y amarilla,
un pañuelo que tiembla en mi trasdós.
Y empujan, en cascada, los instantes,
cada ficha de nuestros dominós.
Y recuerdo los célebres semblantes
de esa mirada tuya que ahora heredo;
¡te entiendo tanto como nunca antes!
Pero tú ya te vas y yo me quedo…,
y eso está bien, así tiene que ser.
Tu niño, padre, ya no tiene miedo.
Y en esta noche tersa alcanzo a ver
cómo las dos galaxias nos respiran
desde el tapiz eterno del crupier.
Y nuestras almas espirales viran
desligando su leve gravedad...,
y aquellos dos derviches se retiran
girando, para siempre, en mi orfandad.
Kalkbadan
Madrid, 9 de diciembre de 2022
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