La insignificancia

Aquí un tercer yayo que se une a la sonatina, jaja
Lo que está claro es qué el rasgo dominante de la poesía es el ritmo y, de la prosa, sería la coherencia, la organización lógica/sintáctica.
La prosa es una caminata que va de A a B, y si no llegas a B estás jodido. Tú, Vicente, que escribes prosas como dios, lo sabes bien. Pero la poesía es pura danza, no tiene trayecto, y si te pierdes... pues casi que mejor. La poesía es ritmo por encima de todo, incluso por encima de la propia métrica, y la prosa coherencia (y ritmo también, pero no como elemento primordial).

¿Y qué es el ritmo? Pues ni idea, pero yo diría que, en resumidas cuentas, el ritmo es repetición. Como dice Vicente, la cadencia. Y en esa repetición no participan solo los hechos fónicos (música), sino los componentes semánticos y sintácticos (repetición de elementos más complejos que el repique del acento de intensidad). Y en la poesía irregular propia del realismo moderno, que es lo que dice Luis, yo hablaría más de «cadencia» a secas y no tanto de «música», aunque el resultado sea, efectivamente, esa musicalidad que dimana de la repetición. Queridos, doy por hecho que hablamos todos de lo mismo. Simplemente apuntar a que el ritmo de la poesía irregular es singular y se distancia del soporte musical de los versos clásicos.
Es cierto que los versos de Manuel Vilas suenan a gloria, pero es que suenan bien como suena bien cualquier frase ejemplarmente construida sin necesidad de una acentuación ajustada a los tratados métricos. Además, la entonación melódica se ocupa de aportar esa música. Pero no diría que la música es un elemento esencial del ritmo en los poemas irregulares, diría que es una condición necesaria que los versos de esta naturaleza estén escritos correctamente. Que dé gusto leerlos, vamos.
Para mí, el ejemplo está en el poema ya comentado de Manuel Vilas. Se trata de una versificación irregular. No hay andamiaje silabotónico. Irregularidad silábica y acentual. Es cierto que demuestra un eje acentual preferente en sexta, pero fuertemente desautomatizado por otros versos que lo llevan en cualquier posición. La longitud de los versos es variable. La cosa es que sin tener presente la música tradicional (nananá-nananá....), tiene una cadencia, una repetición, un ritmo, bestial. Es decir, en mi opinión se trata incontestablemente de un poema y no de una prosa. Y sí, atesora música, pero una música de dioses que no sé de dónde proviene.
Hampstead, Hampstead, No Shoes, No Shoes, pies, pies, blanca, negra, blanca, rojo, rojo, la gloria de la vida, la gloria de la vida, no se me ocurre, no se me ocurre... Ritmo de blues. Una deliciosa salmodia. Música, ¡pero de la buena!
Al final, digo lo mismo que vosotros pero con el triple de extensión, jaja.
Como contrapunto, mi texto no tiene ritmo como para encasillarse como poema. Demasiado marcado el relato de A a B, demasiada coherencia, demasiada poca repetición. Es, quizá, un relato poético. Pero lo realmente jodido, es hacer lo que hace Manuel Vilas. Lograr trascender una presunta prosa a un inequívoco poemazo.
Por favor, Charlie, aporta algo de frescura a la conversación plomiza de estos tres yayos.
¡Abrazos!


NO SHOES

La gloria de la vida, sí, alguna vez la he visto.
La llamo así, la gloria de la vida,
porque no se me ocurren otras palabras.

Digamos que es un desfile del sol, las calles, las nubes,
los besos, el fuego, Dios, las manos, y el río.

No sé de qué hablo.

Estaba bebiendo cerveza en un pub de Hampstead,
y me puse amoroso,
y quiero exaltar este tiempo presente,
sentado aquí, en un pub de Hampstead,
cincuenta cervezas
caídas a mis pies
de Mariscal de Hampstead.

Un joven de unos treinta y cinco años estaba descalzo,
sentado a mi lado en la terraza,
bebiendo en la calle y haciendo crucigramas.

Me dijo que se llamaba "No Shoes"

No Shoes sonreía y le daba el sol en los ojos azules.
Vestía una camisa blanca, y un Levi´s.

Y hacía crucigramas.

Pies en el suelo de las calles, pies desnudos.

Todas las tardes, a eso de las siete,
No Shoes aparecía por allí.

Descalzo, en la calle, sentado en silla propia,
con su pinta en la mano.

¿Qué hacía No Shoes por la mañana?
Qué bien le quedaba aquella camisa blanca.

No todos los pies son hermosos.
Pero en los pies No Shoes edificó su gloria.

Era encantador verle descalzo en las tardes de agosto.
(Las tardes de agosto en Hampstead son Dios)

Una vez lo vi ligando con una negra.

No Shoes enseguida explicaba la razón de su nombre.

La negra sonreía, alegre, le divertía
que alguien se llamara No Shoes,
y era una mujer muy hermosa.

La negra llevaba unas sandalias blancas, con tacón,
y las uñas de sus pies estaban pintadas de rojo.

Un fuego rojo que resaltaba
como una bandera o una gota de sangre.

Al día siguiente, a eso de las siete
la negra apareció sin sandalias.

No Shoes estaba creando escuela.

Acabaron haciendo el amor descalzos.

La gloria de la vida, ya sabes,
la llamo así porque no se me ocurre
llamarla de otra manera.
 
Aquí un tercer yayo que se une a la sonatina, jaja
Lo que está claro es qué el rasgo dominante de la poesía es el ritmo y, de la prosa, sería la coherencia, la organización lógica/sintáctica.
La prosa es una caminata que va de A a B, y si no llegas a B estás jodido. Tú, Vicente, que escribes prosas como dios, lo sabes bien. Pero la poesía es pura danza, no tiene trayecto, y si te pierdes... pues casi que mejor. La poesía es ritmo por encima de todo, incluso por encima de la propia métrica, y la prosa coherencia (y ritmo también, pero no como elemento primordial).

¿Y qué es el ritmo? Pues ni idea, pero yo diría que, en resumidas cuentas, el ritmo es repetición. Como dice Vicente, la cadencia. Y en esa repetición no participan solo los hechos fónicos (música), sino los componentes semánticos y sintácticos (repetición de elementos más complejos que el repique del acento de intensidad). Y en la poesía irregular propia del realismo moderno, que es lo que dice Luis, yo hablaría más de «cadencia» a secas y no tanto de «música», aunque el resultado sea, efectivamente, esa musicalidad que dimana de la repetición. Queridos, doy por hecho que hablamos todos de lo mismo. Simplemente apuntar a que el ritmo de la poesía irregular es singular y se distancia del soporte musical de los versos clásicos.
Es cierto que los versos de Manuel Vilas suenan a gloria, pero es que suenan bien como suena bien cualquier frase ejemplarmente construida sin necesidad de una acentuación ajustada a los tratados métricos. Además, la entonación melódica se ocupa de aportar esa música. Pero no diría que la música es un elemento esencial del ritmo en los poemas irregulares, diría que es una condición necesaria que los versos de esta naturaleza estén escritos correctamente. Que dé gusto leerlos, vamos.
Para mí, el ejemplo está en el poema ya comentado de Manuel Vilas. Se trata de una versificación irregular. No hay andamiaje silabotónico. Irregularidad silábica y acentual. Es cierto que demuestra un eje acentual preferente en sexta, pero fuertemente desautomatizado por otros versos que lo llevan en cualquier posición. La longitud de los versos es variable. La cosa es que sin tener presente la música tradicional (nananá-nananá....), tiene una cadencia, una repetición, un ritmo, bestial. Es decir, en mi opinión se trata incontestablemente de un poema y no de una prosa. Y sí, atesora música, pero una música de dioses que no sé de dónde proviene.
Hampstead, Hampstead, No Shoes, No Shoes, pies, pies, blanca, negra, blanca, rojo, rojo, la gloria de la vida, la gloria de la vida, no se me ocurre, no se me ocurre... Ritmo de blues. Una deliciosa salmodia. Música, ¡pero de la buena!
Al final, digo lo mismo que vosotros pero con el triple de extensión, jaja.
Como contrapunto, mi texto no tiene ritmo como para encasillarse como poema. Demasiado marcado el relato de A a B, demasiada coherencia, demasiada poca repetición. Es, quizá, un relato poético. Pero lo realmente jodido, es hacer lo que hace Manuel Vilas. Lograr trascender una presunta prosa a un inequívoco poemazo.
Por favor, Charlie, aporta algo de frescura a la conversación plomiza de estos tres yayos.
¡Abrazos!

Muy buen comentario, Andreas.

Y sí, Manuel Vilas es un puto crack :), y además es un poeta muy inteligente

Por ejemplo, ahondando un poco en este poema suyo:

Como tú muy bien decías, Andreas: "tiene versos que se clavan en el alma" (o algo así). Es cierto, y yo añadiría que el mayor valor de esos versos es que suelen ser versos a menudo con mucho contenido subyacente pero a la vez muy sencillos (y por supuesto colocados en el momento, modo y sitio justos para que no pasen desapercibidos)
Fijaros en la primera parte del poema (o parte a modo de introducción):

La gloria de la vida, sí, alguna vez la he visto.
La llamo así, la gloria de la vida,
porque no se me ocurren otras palabras.

Digamos que es un desfile del sol, las calles, las nubes,
los besos, el fuego, Dios, las manos, y el río.

No sé de qué hablo.


... El último verso para mí es brutal, enormemente sencillo pero con una intención absoluta, y que demuestra lo que decíamos.
Por supuesto el autor lo sabe, y lo coloca en solitario y al cierre de esa "primera parte" del poema.
Es un verso que de manera tajante, sorprendente y potente (pero no altisonante) "finiquita" lo dicho anteriormente.
Para mí es pura genialidad e inteligencia creativa.

cincuenta cervezas
caídas a mis pies
de Mariscal de Hampstead.


... Estos versos o imagen también me parecen muy ingeniosos y logrados.

¿Qué hacía No Shoes por la mañana?
Qué bien le quedaba aquella camisa blanca


... Y ojo a estos dos versos. De repente un giro narrativo en forma pregunta que se hace el autor en medio de la descripción del personaje, y seguido una opinión/afirmación personal que se sale de la descripción objetiva que venía haciendo anteriormente. Y la combinación de ambos versos queda genial.

No todos los pies son hermosos.
Pero en los pies No Shoes edificó su gloria.


... Y estos dos versos siguientes, principalmente el segundo, claro, ya lo borda y "da el golpe poético". Muy interesante nuevamente la combinación de versos (el primero "explica" coloquialmente, y el segundo "sentencia" con una brillantez poética y metafórica brutal.

Un fuego rojo que resaltaba
como una bandera o una gota de sangre.


... Estos versos me parecen muy bellos dentro de su sencillez.

Al día siguiente, a eso de las siete
la negra apareció sin sandalias.

No Shoes estaba creando escuela.


Aquí, brillan esa ironía y el ingenio tan personales y encantadores de este autor.

La gloria de la vida, ya sabes,
la llamo así porque no se me ocurre
llamarla de otra manera.


Y finalmente el cierre del poema también muy bueno. Siempre he pensado que el cierre es la mitad de un poema.

En fin amigos, en verdad pienso que más allá de la cadencia, del ritmo, etc. (todos ellos muy importantes, por supuesto), el contenido, el verso en sí mismo y lo que dice es donde realmente reside la magia de la poesía (como decía León Felipe); luego solo hay que "colocarlos" y combinarlos con inteligencia y buen gusto.

Abrazos colegas.

(PD: y sí, Charlie, ven y pon algo de coherencia y sentido común en este debate de yayos :p)
 
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No me entiende, o no me explico, yayo Luis:):D:D. Toda poesía tiene una cadencia, o ritmo (esa es la música incorporada a la poesía.) nananá /na naná/na nananána
:rolleyes::cool::confused:

Las sílabas tónicas marcan el ritmo, hasta en prosa.

Bona nit, yayo Luis:p:D:eek::oops:

la música y la poesía son gemelas, paridas del mismo vientre, como bien decís gurú. son hijas del lenguaje, y nietas de la consciencia.

Pero la poesía realista y prosaica evita los ritmos musicales, por eso huye de la rima como del mismo diablo.

el diablo se oculta fácilmente, ya lo hablamos bróder, y también puede ocultarse en las pausas y en las costumbres del lenguaje que uno no nota. la poesía realista también hace uso de la respiración y del tono natural de la lengua, por lo que es hasta cierto punto normal que el ritmo surja espontáneamente en los buenos poemas. eso usualmente viene dado por la experiencia del que escribe, supongo.

Por favor, Charlie, aporta algo de frescura a la conversación plomiza de estos tres yayos.


(PD: y sí, Charlie, ven y pon algo de coherencia y sentido común en este debate de yayos :p)

ala, me agarran en medio del campo lleno de queso, café y zancudos tropicales jodidos. bueno, para el debate de yayos tendría que remontarme a la época en que el hermano fernando, un religioso español rechoncho y bonachón, nos enseñó en el cole a contar sílabas en los versos con los dedos. también nos enseñó las reglas generales de la clásica, de las rimas internas en el verso, de las sílabas tónicas y átonas, y de otras cosas que ya no me acuerdo.

cómo bien dice kalk, la inestabilidad tónica se manifiesta con fuerza. pero eso no significa que el juego de la entonación y rimas internas no esté allí bajo la superficie...

Un joven de unos treinta y cinco años estaba descalzo,
sentado a mi lado en la terraza,
bebiendo en la calle y haciendo crucigramas.

Me dijo que se llamaba "No Shoes"

No Shoes sonreía y le daba el sol en los ojos azules.
Vestía una camisa blanca, y un Levi´s (pronunciado como 'lívais')

además el español tiene una tendencia antihiática muy, muy marcada que no solamente deriva en la reducción vocálica, sino que a veces hasta en la elisión de consonantes de manera inconsciente o muy consciente. ésto, junto con las pausas que el autor inteligentemente nos señala, ayuda mucho a mantener el 'ritmo' y la cadencia - incluso en condiciones de irregularidad tónica.

yo creo que la mayoría de ésto viene dado naturalmente por la experiencia y el estilo del maje que escribe.


abrazo chavalos.
 
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Estoy rodeado de líricos y "cadenciosos" jajaja

Cuando el Vicente me demuestre la musicalidad de los poemas del Villa me lo pienso :p (... de sacarle las rimas internas ya me ocupo yo :D)
 
Ya hablando en serio ;). Muchos de los poemas que más me han gustado de los que he leído en mi vida son de mi poeta favorita, Wislawa Szymborska, y obviamente los he leído traducidos.
Al traducir un poema de un idioma a otro se pierden o cambian todas las rimas internas y/o finales posibles del original, También se pierde toda la posible cadencia sonora de los versos originales
Y a pesar de eso me sigue pareciendo (y no soy el único no polaco que se lo parece) un@ de l@s mejores poetas que han existido. ¿Que a lo mejor me gustaría aún más si supiera polaco?, pues no lo sé, quizás, pero de verdad estoy casi seguro que no cambiaría demasiado mi opinión sobre la calidad de su poesía (a no ser que todos sus poemas sean rimados en el idioma original, entonces a lo mejor me gustarían menos :D)

Abrazos chavales.
 
¡Gran aporte, Charlie!
Es totalmente cierto esto que dices: "(...) pero eso no significa que el juego de la entonación y rimas internas no esté allí bajo la superficie..."
Este juego de rimas aparentemente involuntarias contribuyen sin duda, junto con una ejemplar corrección gramatical del verso, al ritmo musical.
Pero estoy con Luis cuando comenta que más allá de la cadencia, del ritmo, etc. (todos ellos muy importantes, por supuesto), el contenido, el verso en sí mismo y lo que dice es donde realmente reside la magia de la poesía. Ese es el ritmo que me interesa, compañero. Ese ritmo complejo, más de significado, de secuencia de imágenes, de tensión melódica/métrica, a saber... Como decía Octavio Paz, muy en la línea de los versos de León Felipe:
"El ritmo es inseparable de la frase; no está hecho de palabras sueltas, ni es solo medida o cantidad silábica, acentos y pausas: es imagen y sentido. Ritmo, imagen y sentido se dan simultáneamente en una unidad indivisible y compacta: la frase poética, el verso"
Creo que es aplicable para el ritmo la analogía que usó Vicente acerca del iceberg. El ritmo esconde mucho más que una dulce secuencia de sonidos. ¿Cómo es posible que del cóctel de la semántica, la fonética, la sintaxis, la lógica, la retórica, la métrica, la etimología, etc, de pronto, como cristaliza una sal, resulta un poema majestuoso y universal? No lo sabe ni el propio autor. La prueba, como hemos hablado muchas veces, está en los pocos poemas inolvidables que uno lee a lo largo de su vida.
Muy interesante, compañeros, compartir puntos de vista. Jugar con el ovillo de la poesía como gatitos es un verdadero placer.
Abrazos.
 
Que música, que ritmo, que poesía, que prosa, que la rima, que asonante disonante ... diez o mil o más cosas pendientes por revisar para intentar comprender.

Toda lectura posee ritmo, tanto en entonación, como sonora, como pausas.
Lo que identifica las formas clásicas de poesía es que el ritmo se ajusta a una estructura (me refiero exclusivamente al ritmo).
Lo que identifica a la prosa poética es que el ritmo se ajusta a la emoción narrada.

Saludos.
 
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Ya hablando en serio ;). Muchos de los poemas que más me han gustado de los que he leído en mi vida son de mi poeta favorita, Wislawa Szymborska, y obviamente los he leído traducidos.
Al traducir un poema de un idioma a otro se pierden o cambian todas las rimas internas y/o finales posibles del original, También se pierde toda la posible cadencia sonora de los versos originales
Y a pesar de eso me sigue pareciendo (y no soy el único no polaco que se lo parece) un@ de l@s mejores poetas que han existido. ¿Que a lo mejor me gustaría aún más si supiera polaco?, pues no lo sé, quizás, pero de verdad estoy casi seguro que no cambiaría demasiado mi opinión sobre la calidad de su poesía (a no ser que todos sus poemas sean rimados en el idioma original, entonces a lo mejor me gustarían menos :D)

Abrazos chavales.

bueno bróder, en verdad la traducción literaria es una tarea jodida y muy poco reconocida, pero que requiere de talento. no es cualquier gato que hable un idioma quien puede traducir un poema.


No lo sabe ni el propio autor.

en efecto kalk, muchas veces ésto sale de la propia experiencia irreflexa de la carne, producto de las mil y una veces que habremos intentado asaltar el cielo.

abrazo pues chavalos.
 
bueno bróder, en verdad la traducción literaria es una tarea jodida y muy poco reconocida, pero que requiere de talento. no es cualquier gato que hable un idioma quien puede traducir un poema.

Cierto, hay que tener talento para traducir bien un poema. He llegado a leer hasta cinco traducciones distintas de algún poema de la Szymborska (recuerdo una de ellas que el traductor le "inventaba" rimas y quedaba ridículo). Abrazo bro.
 
Que música, que ritmo, que poesía, que prosa, que la rima, que asonante disonante ... diez o mil o más cosas pendientes por revisar para intentar comprender.

Toda lectura posee ritmo, tanto en entonación, como sonora, como pausas.
Lo que identifica las formas clásicas de poesía es que el ritmo se ajusta a una estructura (me refiero exclusivamente al ritmo).
Lo que identifica a la prosa poética es que el ritmo se ajusta a la emoción narrada.

Saludos.
Eso de que el ritmo se ajusta a la estructura no lo tengo nada claro. Yo creo, Dragon, que precisamente el ritmo como globalidad incluye -entre muchas variables ocultas- precisamente esa "tensión" entre ritmo y metro. En ese desajuste entre habla y norma parece bascular el ritmo en su término más amplio.
La afirmación de que el ritmo se ajusta a la emoción narrada no creo que sea únicamente privativa del poema en prosa, también es una condición necesaria en los buenos poemas. Un ritmo que no quede impregnado por la emoción del poeta es, en mi opinión, una obra muerta. Como decía el gran Paul Valéry, las obras de espíritu, se refieren únicamente a aquello que dio origen a lo que les dio origen. Difícil lograr una obra de espíritu y que dé origen a nada sin el temblor estremecido ante aquello.
Si no has leído el poema de Vilas publicado unos comentarios más arriba, te animo a que lo leas.
Se trata de un muy buen ejemplo de cómo el soporte último del ritmo va mucho más allá de una agraciada disposición silábico/acentual.
Saludos.
 
Eso de que el ritmo se ajusta a la estructura no lo tengo nada claro. Yo creo, Dragon, que precisamente el ritmo como globalidad incluye -entre muchas variables ocultas- precisamente esa "tensión" entre ritmo y metro. En ese desajuste entre habla y norma parece bascular el ritmo en su término más amplio.
La afirmación de que el ritmo se ajusta a la emoción narrada no creo que sea únicamente privativa del poema en prosa, también es una condición necesaria en los buenos poemas. Un ritmo que no quede impregnado por la emoción del poeta es, en mi opinión, una obra muerta. Como decía el gran Paul Valéry, las obras de espíritu, se refieren únicamente a aquello que dio origen a lo que les dio origen. Difícil lograr una obra de espíritu y que dé origen a nada sin el temblor estremecido ante aquello.
Si no has leído el poema de Vilas publicado unos comentarios más arriba, te animo a que lo leas.
Se trata de un muy buen ejemplo de cómo el soporte último del ritmo va mucho más allá de una agraciada disposición silábico/acentual.
Saludos.

Partamos de definiciones comunes.

La rima es la similitud fonética a partir del último acento (énfasis sonoro). (Resumido de Caparrós).

El metro, o conteo silábico dentro de un verso, resulta de la separación precisa de cada fonema más/menos las licencias poéticas. (Resumido de Caparrós)
Siendo las licencias: variaciones de énfasis propias de modos regionales o líricos que afectan los fonemas.
No se incluyen las pausas interiores al verso.

El ritmo poético es netamente cadencia. Proporcionada y grata distribución o combinación de los acentos y de los cortes o pausas, en la prosa o en el verso. (Acepción de DLE).

En un poema se encuentra estructura y contenido.
La estructura poética se refiere a tres intancias:
La rima.
El metro.
El ritmo.​

La poesía clásica se identifica por poseer estructuras fijas.
Rima- sonora.
Metro- numérico sin pausas.
Ritmo- espaciado numérico.​

La prosa (en general) carece de estructura. Posee contenido.

La prosa poética (en específico) se identifica por poseer ritmo ajustado a la emoción narrada.

Al valorar una prosa se considera el contenido.

Si la prosa presenta ritmo hablamos de prosa poética.

Al valorar poesía se considera contenido y estructura.

Saludos.
 
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Partamos de definiciones comunes.

La rima es la similitud fonética a partir del último acento (énfasis sonoro).

El metro, o conteo silábico dentro de un verso, resulta de la separación precisa de cada fonema más/menos las licencias poéticas.
Siendo las licencias: variaciones de énfasis propias de modos regionales o líricos que afectan los fonemas. Estas no incluyen las pausas interiores al verso.

El ritmo poético es netamente cadencia. Proporcionada y grata distribución o combinación de los acentos y de los cortes o pausas, en la prosa o en el verso. (DLE).

En un poema se encuentra estructura y contenido.

La estructura poética se refiere a tres intancias:
La rima.
El metro.
El ritmo.​

La poesía clásica se identifica por poseer estructuras fijas.

La prosa (en general) carece de estructura. Posee contenido.

La prosa poética (en específico) se identifica por poseer ritmo ajustado a la emoción narrada.

Al valorar una prosa se considera el contenido.

Si la prosa presenta ritmo hablamos de prosa poética.

Al valorar poesía se considera contenido y estructura.

Saludos.
El concepto global de ritmo es un asunto complejo (y apasionante) que no queda ni mucho menos delimitado por la definición que adjuntas, Dragón. Por no extenderme y aburrir al personal con mis humildes opiniones me remito a todos los comentarios anteriores.
Si se desea profundizar en el concepto de ritmo recuerdo como muy interesantes los estudios aportados por los grandes expertos en la materia. A saber, entre otros: José Domínguez Caparrós, Rudolf Baehr y el genio Pablo Jauralde Pou.
Y vuelvo a Paul Valéry, una de las mentes más preclaras de la humanidad:
He leído o forjado veinte «definiciones» del Ritmo, de las que no apruebo ninguna... ¡Qué digo!... Si solamente me detengo a pensar qué es una Consonante, me pregunto, consulto, y no recojo sino apariencias de conocimiento nítido, distribuido en veinte pareceres contradictorios...

Saludos.
 
Partamos de definiciones comunes.

La rima es la similitud fonética a partir del último acento (énfasis sonoro).

El metro, o conteo silábico dentro de un verso, resulta de la separación precisa de cada fonema más/menos las licencias poéticas.
Siendo las licencias: variaciones de énfasis propias de modos regionales o líricos que afectan los fonemas. Estas no incluyen las pausas interiores al verso.

El ritmo poético es netamente cadencia. Proporcionada y grata distribución o combinación de los acentos y de los cortes o pausas, en la prosa o en el verso. (DLE).

En un poema se encuentra estructura y contenido.

La estructura poética se refiere a tres intancias:
La rima.
El metro.
El ritmo.​

La poesía clásica se identifica por poseer estructuras fijas.
Rima- sonora.
Metro- numérico.
Ritmo- numérico.​

La prosa (en general) carece de estructura. Posee contenido.

La prosa poética (en específico) se identifica por poseer ritmo ajustado a la emoción narrada.

Al valorar una prosa se considera el contenido.

Si la prosa presenta ritmo hablamos de prosa poética.

Al valorar poesía se considera contenido y estructura.

Saludos.

¿Has leído el poema de Kalkbadán? ¿y has leído el poema de Vilas?
Con esos dos poemas y el debate posterior tienes una mina para aprender poesía.
 
LA INSIGNIFICANCIA

Subía con paso cansado la cuesta embarrada
de aquella aldea entallada en la selva
allá en la margen izquierda del río Mekong,
en algún lugar perdido
entre Chiang Khong y Luang Prabang.

Sentía en mi rostro las llamaradas de la tarde
y el calor húmedo del monzón
se podía masticar.

El cielo aceleraba su papiroflexia
plegando y desplegando las nubes,
tratando de resolver con urgencia
el mosaico de la tormenta.

Y estalló, entonces, el trueno promisorio
del inminente chubasco.

La calle estaba desierta.
Solo se escuchaban las risas de unos niños
a lo lejos y el giro de los álabes
de aquella selva sideral
que se alzaba desafiante
sobre la insignificancia de mi pulso.

De pronto, tras un mostrador repleto de pitayas,
me encontré a un viejo con el torso desnudo
limpiando un sublime pescado de más de 3 kg.

¿Paduk? —le pregunté—.

Detuvo, por un momento,
la danza ancestral de su cuchillo
y entornó su mirada hacia mí
asintiendo levemente con la cabeza.
Y en su mirada brilló la mirada de mi abuelo.
Esa mirada orgullosa de cuando limpiábamos juntos
la pesca en aquellas tardes de verano
en las que la brisa era toda nuestra
y éramos felices.

Aquel hombre
estaba orgulloso de que este jodido turista
se interesara por aquellos lomos brillantes
que ardían sobre su viejo tocón de teca.

Y le pedí permiso para sacar unas fotos.
Y en el blanco y negro de mi carrete
se quedó grabada la luz descompuesta
por aquel prisma de ternura;
y alguna que otra lágrima derramada
por el inesperado encuentro
con la belleza compasiva.

Y tras el metálico arrastre del último disparo
y en la reverencia mística del silencio,
me fui alejando
mientras aquel abuelo se perdía
entre las sombras
cargando con los lomos de su pez.

Existe el bien y el mal —me dije—.

Y desde lo más alto del pueblo,
y con el curso bestial del Mekong ante mí,
comprendí el poder de la insignificancia.
Sentirte perdido en la nada —o en el todo—,
como lo quieras ver,
puede otorgarte la lucidez de un dios.

¡Claro que existe el bien y el mal!

¿Acaso los vórtices que siembran
la corriente del río Mekong
no son sino los horizontes de sucesos
de la puta tragedia de este necrófago
que seguirá profanando el cadáver
de su propia condición
hasta hacerse desaparecer
para siempre?

Y me dirán que el bien y el mal no son más
que humanas abstracciones, que no son más
que simples proyecciones
que tratan de aliviar el dolor de la vacuidad.

¡No me jodas! Eso se lo cuentas
a los cantos muertos de los miserables
que ruedan por el lecho
de nuestro grotesco río vital.
¡Qué puta vergüenza!
¡Claro que existe el bien y el mal!
Pero es que esto no lo digo yo,
lo dice el dios que todos llevamos dentro.

Que de la pulsión tierna y compasiva
del ser humano emana el bien,
y que de los 80 millones de bombas sin detonar
que aguardan pacientes en los arrozales laosianos
se encarna el mal,
es algo que debería resolverse en nosotros,
los humanos, con la certeza de un Yo.

¡Pero está claro que no somos capaces!
La ceguera ante la luz
solo nos permite ser profetas
de nuestra propia sombra;
nos aferramos a las vísceras iracundas del cuerpo
en vez de atrapar la luz en calma de nuestro espíritu.

Y comenzó a llover. Comenzó a llover
con el preludio de esas gotas gordas
que apenas se aproximan a la lumbre del suelo
retornan al cielo de su niñez.

Me refugié en una choza reconvertida
en una especie de bar. Un recinto techado
por unas placas de aluminio.

En el centro
una jovencísima madre
atendía los reclamos de tres niños
y un bebé.

Su rostro lo embalsamaba la fluorescencia
de unos brotes verdes
que asomaban entre los vapores
de una olla de barro.
Con gesto brusco
me dirigió su dedo índice
hacia el brillo blanco de una nevera.

A Rembrandt le hubiera encantado
este duelo de luces
de brasas, neveras y ocasos.

Cogí una litrona
y me senté
en una de las mesas de plástico que estaban dispuestas
en un precario voladizo de madera que se asomaba valiente
sobre el salvaje devenir de la humanidad.

El rugido inercial del Mekong,
el estruendo de la lluvia golpeando en la tejavana,
el sudor rociando mi pecho…,
la insignificancia.
Y por un momento quise creer
que la luz poderosa de la insignificancia
podría llegar a salvarnos…

Fui bebiendo a sorbos largos la cerveza
mientras la tormenta declinaba,
poco a poco, su repique.

Fue entonces cuando se sentaron,
unas mesas más allá,
dos chavales yankis asquerosamente borrachos.
Se reían mientras vacilaban babosos
a la madre que llevaba el local.
Me recordaron a esos dos jodidos viejos de Goya
comiendo de la sopa… del mal.

Hasta en lo más sórdido se esconde la belleza.
Estremece darse cuenta
de que no tenemos solución,
y es que el camposanto del horror
ya no da para más.

Y yo los miraba fijamente
y ellos me miraban a mí,
y se reían como putas hienas.
Apuré de un trago la cerveza y me marché.
A la mañana siguiente embarcamos muy temprano,
y mientras nos alejábamos del dique pude distinguir
cómo de una casucha junto al muelle
salía una de las hienas
cogido de la cintura de la joven madre.

El hijo de la gran puta sacó la cartera,
y ya después ella se perdió cuesta arriba
en uno de esos remolinos
que giraban con una violencia brutal
en aquel duro amanecer.

Sí, todos los putos ríos van a dar a la mar,
eso es cierto,
pero es que la mar,
ya no da más

de sí.​


Kalkbadan
Luang Prabang, 21 de agosto de 2023
Profundo texto, estimado Kalkbadan; de lograda lucidez descriptiva y agudeza existencial.
Como palabras queriendo encender
antorchas en los laberintos del ser.
Un gusto pasar.
Gran saludo.
 
Es muy interesante su discusión sobre el ritmo en la escritura de poesía, el cual ocurre aún cuando no se escriba poesía clásica que todo lo mide. Recordé entonces que en alguna parte había leído que Octavio Paz decía que los que hablamos español hablamos en forma natural en octosílabos. Como no recordaba donde lo leí busqué en internet y encontré un artículo en el que se relaciona el ritmo con la respiración, como una cuestión física que se impone al hablar. Les dejo la liga del artículo que no tiene desperdicio. Un gusto leerlos.

https://circulodepoesia.com/2015/03...ossier-de-ensayo-a-101-anos-de-su-nacimiento/

También encontré el que usted cita, parte del libro "El arco y la lira" de Octavio Paz.

https://www.rdbitacoradevuelos.com.mx/2015/05/el-ritmo-de-la-serie-textos-cardinales.html
 
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Profundo texto, estimado Kalkbadan; de lograda lucidez descriptiva y agudeza existencial.
Como palabras queriendo encender
antorchas en los laberintos del ser.
Un gusto pasar.
Gran saludo.
¡Riolita! Muchísimas gracias por tu lectura y comentario. Me alegra enormemente que percibas ese anhelo poético de querer prender las antorchas... ¡Gracias! Un gran saludo de vuelta.
 
Es muy interesante su discusión sobre el ritmo en la escritura de poesía, el cual ocurre aún cuando no se escriba poesía clásica que todo lo mide. Recordé entonces que en alguna parte había leído que Octavio Paz decía que los que hablamos español hablamos en forma natural en octosílabos. Como no recordaba donde lo leí busqué en internet y encontré un artículo en el que se relaciona el ritmo con la respiración, como una cuestión física que se impone al hablar. Les dejo la liga del artículo que no tiene desperdicio. Un gusto leerlos.

https://circulodepoesia.com/2015/03...ossier-de-ensayo-a-101-anos-de-su-nacimiento/
¡Luciana! ¡Qué exquisitez, compañera! Muchísimas gracias por compartir esta maravilla.

(...) El ritmo no es medida: es visión del mundo. Calendarios, moral, política, técnica, artes, filosofías, todo, en fin, lo que llamamos cultura hunde sus raíces en el ritmo. Él es la fuente de todas nuestras creaciones.

Un verdadero gusto tu paso. ¡Un abrazo!
 
El concepto global de ritmo es un asunto complejo (y apasionante) que no queda ni mucho menos delimitado por la definición que adjuntas, Dragón. Por no extenderme y aburrir al personal con mis humildes opiniones me remito a todos los comentarios anteriores.
Si se desea profundizar en el concepto de ritmo recuerdo como muy interesantes los estudios aportados por los grandes expertos en la materia. A saber, entre otros: José Domínguez Caparrós, Rudolf Baehr y el genio Pablo Jauralde Pou.
Y vuelvo a Paul Valéry, una de las mentes más preclaras de la humanidad:
He leído o forjado veinte «definiciones» del Ritmo, de las que no apruebo ninguna... ¡Qué digo!... Si solamente me detengo a pensar qué es una Consonante, me pregunto, consulto, y no recojo sino apariencias de conocimiento nítido, distribuido en veinte pareceres contradictorios...

Saludos.
¿Se refiere a este autor?
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Efectivamente ese es uno de los autores que reseñaba.
La publicación que muestras creo recordar que es un inventario de términos métricos, ¿no?
Sí recuerdo su Métrica Española y artículos sueltos.
Jauralde Pou es otro titán de la Métrica Española.
Te recomiendo, Dragón, el excelente artículo que nos ha pasado la compañera Luciana.
Saludos.
 
Partiendo del romanticismo, identificado por su lirismo (exposición abierta de sentimientos y emociones). Llegando al realismo, identificado por la objetividad contrapuesta al lirismo.

La prosa deja de lado las rimas (que suelen evitarse o ser esporádicas).
La prosa también deja de lado el metro (que también suele evitarse o aparecer esporádico).
Pero la prosa como cualquier lectura (sonora o no), posee un ritmo dado por la respiración y la capacidad lectora.

Las saetas surcaban silbantes el cielo sobre nuestras cabezas...

La versatilidad del autor logra emplear las palabras para crear un ambiente alrededor del lector.

El desconcierto empujaba a cada uno a huir...

La maestría se aproxima cuando además esta versatilidad se congenia a la emoción del lector.

Una lágrima marcó la tumba...

Esa conexión es el objetivo de la poesía.

En ese sentido... y ahora dejo de lado la plática sobre ritmos y demás.

En ese sentido Kalbadan, usted es un poeta.

Lo de realista, surrealista, crítico, rítmico o cualquier otra consideración sale sobrando.

Saludos.
 
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LA INSIGNIFICANCIA

Subía con paso cansado la cuesta embarrada
de aquella aldea entallada en la selva
allá en la margen izquierda del río Mekong,
en algún lugar perdido
entre Chiang Khong y Luang Prabang.

Sentía en mi rostro las llamaradas de la tarde
y el calor húmedo del monzón
se podía masticar.

El cielo aceleraba su papiroflexia
plegando y desplegando las nubes,
tratando de resolver con urgencia
el mosaico de la tormenta.

Y estalló, entonces, el trueno promisorio
del inminente chubasco.

La calle estaba desierta.
Solo se escuchaban las risas de unos niños
a lo lejos y el giro de los álabes
de aquella selva sideral
que se alzaba desafiante
sobre la insignificancia de mi pulso.

De pronto, tras un mostrador repleto de pitayas,
me encontré a un viejo con el torso desnudo
limpiando un sublime pescado de más de 3 kg.

¿Paduk? —le pregunté—.

Detuvo, por un momento,
la danza ancestral de su cuchillo
y entornó su mirada hacia mí
asintiendo levemente con la cabeza.
Y en su mirada brilló la mirada de mi abuelo.
Esa mirada orgullosa de cuando limpiábamos juntos
la pesca en aquellas tardes de verano
en las que la brisa era toda nuestra
y éramos felices.

Aquel hombre
estaba orgulloso de que este jodido turista
se interesara por aquellos lomos brillantes
que ardían sobre su viejo tocón de teca.

Y le pedí permiso para sacar unas fotos.
Y en el blanco y negro de mi carrete
se quedó grabada la luz descompuesta
por aquel prisma de ternura;
y alguna que otra lágrima derramada
por el inesperado encuentro
con la belleza compasiva.

Y tras el metálico arrastre del último disparo
y en la reverencia mística del silencio,
me fui alejando
mientras aquel abuelo se perdía
entre las sombras
cargando con los lomos de su pez.

Existe el bien y el mal —me dije—.

Y desde lo más alto del pueblo,
y con el curso bestial del Mekong ante mí,
comprendí el poder de la insignificancia.
Sentirte perdido en la nada —o en el todo—,
como lo quieras ver,
puede otorgarte la lucidez de un dios.

¡Claro que existe el bien y el mal!

¿Acaso los vórtices que siembran
la corriente del río Mekong
no son sino los horizontes de sucesos
de la puta tragedia de este necrófago
que seguirá profanando el cadáver
de su propia condición
hasta hacerse desaparecer
para siempre?

Y me dirán que el bien y el mal no son más
que humanas abstracciones, que no son más
que simples proyecciones
que tratan de aliviar el dolor de la vacuidad.

¡No me jodas! Eso se lo cuentas
a los cantos muertos de los miserables
que ruedan por el lecho
de nuestro grotesco río vital.
¡Qué puta vergüenza!
¡Claro que existe el bien y el mal!
Pero es que esto no lo digo yo,
lo dice el dios que todos llevamos dentro.

Que de la pulsión tierna y compasiva
del ser humano emana el bien,
y que de los 80 millones de bombas sin detonar
que aguardan pacientes en los arrozales laosianos
se encarna el mal,
es algo que debería resolverse en nosotros,
los humanos, con la certeza de un Yo.

¡Pero está claro que no somos capaces!
La ceguera ante la luz
solo nos permite ser profetas
de nuestra propia sombra;
nos aferramos a las vísceras iracundas del cuerpo
en vez de atrapar la luz en calma de nuestro espíritu.

Y comenzó a llover. Comenzó a llover
con el preludio de esas gotas gordas
que apenas se aproximan a la lumbre del suelo
retornan al cielo de su niñez.

Me refugié en una choza reconvertida
en una especie de bar. Un recinto techado
por unas placas de aluminio.

En el centro
una jovencísima madre
atendía los reclamos de tres niños
y un bebé.

Su rostro lo embalsamaba la fluorescencia
de unos brotes verdes
que asomaban entre los vapores
de una olla de barro.
Con gesto brusco
me dirigió su dedo índice
hacia el brillo blanco de una nevera.

A Rembrandt le hubiera encantado
este duelo de luces
de brasas, neveras y ocasos.

Cogí una litrona
y me senté
en una de las mesas de plástico que estaban dispuestas
en un precario voladizo de madera que se asomaba valiente
sobre el salvaje devenir de la humanidad.

El rugido inercial del Mekong,
el estruendo de la lluvia golpeando en la tejavana,
el sudor rociando mi pecho…,
la insignificancia.
Y por un momento quise creer
que la luz poderosa de la insignificancia
podría llegar a salvarnos…

Fui bebiendo a sorbos largos la cerveza
mientras la tormenta declinaba,
poco a poco, su repique.

Fue entonces cuando se sentaron,
unas mesas más allá,
dos chavales yankis asquerosamente borrachos.
Se reían mientras vacilaban babosos
a la madre que llevaba el local.
Me recordaron a esos dos jodidos viejos de Goya
comiendo de la sopa… del mal.

Hasta en lo más sórdido se esconde la belleza.
Estremece darse cuenta
de que no tenemos solución,
y es que el camposanto del horror
ya no da para más.

Y yo los miraba fijamente
y ellos me miraban a mí,
y se reían como putas hienas.
Apuré de un trago la cerveza y me marché.
A la mañana siguiente embarcamos muy temprano,
y mientras nos alejábamos del dique pude distinguir
cómo de una casucha junto al muelle
salía una de las hienas
cogido de la cintura de la joven madre.

El hijo de la gran puta sacó la cartera,
y ya después ella se perdió cuesta arriba
en uno de esos remolinos
que giraban con una violencia brutal
en aquel duro amanecer.

Sí, todos los putos ríos van a dar a la mar,
eso es cierto,
pero es que la mar,
ya no da más

de sí.​


Kalkbadan
Luang Prabang, 21 de agosto de 2023



Me gusta mirar a través de los ojos de otros viajeros por eso me he detenido en tu obra y he disfrutado de la sensibilidad que te caracteriza.

A veces, entramos en la intimidad de otro ser a través de la imagen y parece que le robaras una parte de sí mismo. Me cuesta pedir permiso para hacer una foto por ese motivo pero luego de que alguien acepta y vuelves a ver la imagen hay muchos matices que renacen... Hay otras imágenes que te las llevas grabadas en lo más profundo de tu Ser aunque no tengas una prueba física de ellas, esa, sería la última imagen que narras...
Excelente, de principio a fin.

Un gran abrazo,

Palmira
 
Me gusta mirar a través de los ojos de otros viajeros por eso me he detenido en tu obra y he disfrutado de la sensibilidad que te caracteriza.

A veces, entramos en la intimidad de otro ser a través de la imagen y parece que le robaras una parte de sí mismo. Me cuesta pedir permiso para hacer una foto por ese motivo pero luego de que alguien acepta y vuelves a ver la imagen hay muchos matices que renacen... Hay otras imágenes que te las llevas grabadas en lo más profundo de tu Ser aunque no tengas una prueba física de ellas, esa, sería la última imagen que narras...
Excelente, de principio a fin.

Un gran abrazo,

Palmira
Qué bello tu comentario, Palmira... Me alegra saber que viajaste con el relato.
Muchas gracias por tu lectura, compañera. ¡Un abrazo fuerte!
 
Pues le diré Andrea, que me apena no haber comentado antes su hermoso poema, que tiene descripciones bellas y la sitúa a una en el lugar, el ambiente y el clima con gran belleza, sin embargo la puntualización que hace entre la bondad y la maldad que culmina con el trato cruel que recibe la madre niña, me pegó muy duro. A veces hay quien dice que es normal, que no quiere decir que sea bueno, sino que es muy común, va con la norma. De hecho en México, específicamente en el estado de Chiapas, hay grupos étnicos que se rigen por un código llamado "Usos y costumbres", en esos pueblos las niñas, a veces de 11 años, son "casadas" y el que las elige entrega a sus padres un cochino y un costal de maíz, y se las lleva para que sea su mujer y su criada. Las pobres niñas no pueden siquiera elegir que vida quieren vivir, siempre son esclavas. Si se les ocurre escaparse, la policía del grupo las busca y las regresa con su esposo, igual que hacían con los esclavos negros en Estados Unidos. Los grupos de mujeres activistas han denunciado estos hechos, pero el gobierno no interviene porque tiene el trato de respetar los "usos y costumbres" de los grupos indígenas.

Usted es un gran poeta, siempre es un privilegio leerlo. Un abrazo.

https://www.scjn.gob.mx/sites/defau...ro/2017-05/2dolugarReportajeEscrito2016_0.pdf
 
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Pues le diré Andrea, que me apena no haber comentado antes su hermoso poema, que tiene descripciones bellas y la sitúa a una en el lugar, el ambiente y el clima con gran belleza, sin embargo la puntualización que hace entre la bondad y la maldad que culmina con el trato cruel que recibe la madre niña, me pegó muy duro. A veces hay quien dice que es normal, que no quiere decir que sea bueno, sino que es muy común, va con la norma. De hecho en México, específicamente en el estado de Chiapas, hay grupos étnicos que se rigen por un código llamado "Usos y costumbres", en esos pueblos las niñas, a veces de 11 años, son "casadas" y el que las elige entrega a sus padres un cochino y un costal de maíz, y se las lleva para que sea su mujer y su criada. Las pobres niñas no pueden siquiera elegir que vida quieren vivir, siempre son esclavas. Si se les ocurre escaparse, la policía del grupo las busca y las regresa con su esposo, igual que hacían con los esclavos negros en Estados Unidos. Los grupos de mujeres activistas han denunciado estos hechos, pero el gobierno no interviene porque tiene el trato de respetar los "usos y costumbres" de los grupos indígenas.

Usted es un gran poeta, siempre es un privilegio leerlo. Un abrazo.

https://www.scjn.gob.mx/sites/defau...ro/2017-05/2dolugarReportajeEscrito2016_0.pdf

Qué bestialidad, Luciana… Realmente desolador. Gracias por compartir esta verdad.
Desde luego no se puede negar que el ser humano, en determinadas circunstancias, mantiene una consciencia estéril e inocua ante el dolor de los demás. Recuerdo haber leído de una fuente rigurosa acerca de cómo oficiales nazis muy bien formados con hijos pequeños, por decirlo de algún modo, de «familia modélica», llegaban a agarrar a niños judíos por los pies estampándolos contra las paredes de su despacho hasta la muerte. Después retornaban a sus casas a cenar como si nada hubiera sucedido. La ira, en su amplio espectro, es capaz de cosificarlo absolutamente todo, pero es que la norma y la tradición, y el subsiguiente miedo a contradecir sus dogmas, también cauteriza la sensibilidad: «si las cosas son así será por algo». Vivimos en una sociedad en la que el individuo pesa cada vez menos en pro de la masa. No hay margen para la revolución individual. Y la masa fagocita el pensamiento crítico, la sensibilidad, la empatía..., y con todo ello la natural capacidad para discernir entre el bien y el mal.
Muchas gracias, Luciana, por tu presencia. Gracias por aportar tanto.
Un abrazo fuerte.
 
El lirismo nace de la necesidad de compartir los sentimientos a través de todo medio accesible: la música, la pintura, la escultura, la literatura, la arquitectura, en fin.

Puesto que un fuerte sentimiento arrastra a otros, es normal que la manera de referirse a todo el entorno sea con el nombre de su centro... de allí el romanticismo.

El romanticismo de Goethe o Chopin o Goya y otros creadores, buscan la armonía entre fondo y presencia principal, pero no siempre gira en el amor... y aún así se la siguió llamando romanticismo.

La sensibilidad requerida para captar la esencia de cada sentimiento es tal que ocasionalmente se intensifica llegando a nublar la razón e incluso la cordura y la propia conservación.

El apasionamiento desmedido pasa a ser genialidad, e incluso posterior al romanticismo asoma esa visión.

Y en el fondo de la obra, sin importar la calificación que se le ponga, yace la clave de su atractivo, de aquello que llama la atención ya sea que se ame u odie pero no pasa desapercibido: la armonía.

Pero lo difícil de captar y aceptar es que la armonía no es belleza, sino compatibilidad.

Qué viene a resultar el ritmo, sino una armonía que no se sabe definir.

Saludos.
 
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