kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aquí un tercer yayo que se une a la sonatina, jaja
Lo que está claro es qué el rasgo dominante de la poesía es el ritmo y, de la prosa, sería la coherencia, la organización lógica/sintáctica.
La prosa es una caminata que va de A a B, y si no llegas a B estás jodido. Tú, Vicente, que escribes prosas como dios, lo sabes bien. Pero la poesía es pura danza, no tiene trayecto, y si te pierdes... pues casi que mejor. La poesía es ritmo por encima de todo, incluso por encima de la propia métrica, y la prosa coherencia (y ritmo también, pero no como elemento primordial).
¿Y qué es el ritmo? Pues ni idea, pero yo diría que, en resumidas cuentas, el ritmo es repetición. Como dice Vicente, la cadencia. Y en esa repetición no participan solo los hechos fónicos (música), sino los componentes semánticos y sintácticos (repetición de elementos más complejos que el repique del acento de intensidad). Y en la poesía irregular propia del realismo moderno, que es lo que dice Luis, yo hablaría más de «cadencia» a secas y no tanto de «música», aunque el resultado sea, efectivamente, esa musicalidad que dimana de la repetición. Queridos, doy por hecho que hablamos todos de lo mismo. Simplemente apuntar a que el ritmo de la poesía irregular es singular y se distancia del soporte musical de los versos clásicos.
Es cierto que los versos de Manuel Vilas suenan a gloria, pero es que suenan bien como suena bien cualquier frase ejemplarmente construida sin necesidad de una acentuación ajustada a los tratados métricos. Además, la entonación melódica se ocupa de aportar esa música. Pero no diría que la música es un elemento esencial del ritmo en los poemas irregulares, diría que es una condición necesaria que los versos de esta naturaleza estén escritos correctamente. Que dé gusto leerlos, vamos.
Para mí, el ejemplo está en el poema ya comentado de Manuel Vilas. Se trata de una versificación irregular. No hay andamiaje silabotónico. Irregularidad silábica y acentual. Es cierto que demuestra un eje acentual preferente en sexta, pero fuertemente desautomatizado por otros versos que lo llevan en cualquier posición. La longitud de los versos es variable. La cosa es que sin tener presente la música tradicional (nananá-nananá....), tiene una cadencia, una repetición, un ritmo, bestial. Es decir, en mi opinión se trata incontestablemente de un poema y no de una prosa. Y sí, atesora música, pero una música de dioses que no sé de dónde proviene.
Hampstead, Hampstead, No Shoes, No Shoes, pies, pies, blanca, negra, blanca, rojo, rojo, la gloria de la vida, la gloria de la vida, no se me ocurre, no se me ocurre... Ritmo de blues. Una deliciosa salmodia. Música, ¡pero de la buena!
Al final, digo lo mismo que vosotros pero con el triple de extensión, jaja.
Como contrapunto, mi texto no tiene ritmo como para encasillarse como poema. Demasiado marcado el relato de A a B, demasiada coherencia, demasiada poca repetición. Es, quizá, un relato poético. Pero lo realmente jodido, es hacer lo que hace Manuel Vilas. Lograr trascender una presunta prosa a un inequívoco poemazo.
Por favor, Charlie, aporta algo de frescura a la conversación plomiza de estos tres yayos.
¡Abrazos!
NO SHOES
La gloria de la vida, sí, alguna vez la he visto.
La llamo así, la gloria de la vida,
porque no se me ocurren otras palabras.
Digamos que es un desfile del sol, las calles, las nubes,
los besos, el fuego, Dios, las manos, y el río.
No sé de qué hablo.
Estaba bebiendo cerveza en un pub de Hampstead,
y me puse amoroso,
y quiero exaltar este tiempo presente,
sentado aquí, en un pub de Hampstead,
cincuenta cervezas
caídas a mis pies
de Mariscal de Hampstead.
Un joven de unos treinta y cinco años estaba descalzo,
sentado a mi lado en la terraza,
bebiendo en la calle y haciendo crucigramas.
Me dijo que se llamaba "No Shoes"
No Shoes sonreía y le daba el sol en los ojos azules.
Vestía una camisa blanca, y un Levi´s.
Y hacía crucigramas.
Pies en el suelo de las calles, pies desnudos.
Todas las tardes, a eso de las siete,
No Shoes aparecía por allí.
Descalzo, en la calle, sentado en silla propia,
con su pinta en la mano.
¿Qué hacía No Shoes por la mañana?
Qué bien le quedaba aquella camisa blanca.
No todos los pies son hermosos.
Pero en los pies No Shoes edificó su gloria.
Era encantador verle descalzo en las tardes de agosto.
(Las tardes de agosto en Hampstead son Dios)
Una vez lo vi ligando con una negra.
No Shoes enseguida explicaba la razón de su nombre.
La negra sonreía, alegre, le divertía
que alguien se llamara No Shoes,
y era una mujer muy hermosa.
La negra llevaba unas sandalias blancas, con tacón,
y las uñas de sus pies estaban pintadas de rojo.
Un fuego rojo que resaltaba
como una bandera o una gota de sangre.
Al día siguiente, a eso de las siete
la negra apareció sin sandalias.
No Shoes estaba creando escuela.
Acabaron haciendo el amor descalzos.
La gloria de la vida, ya sabes,
la llamo así porque no se me ocurre
llamarla de otra manera.
Lo que está claro es qué el rasgo dominante de la poesía es el ritmo y, de la prosa, sería la coherencia, la organización lógica/sintáctica.
La prosa es una caminata que va de A a B, y si no llegas a B estás jodido. Tú, Vicente, que escribes prosas como dios, lo sabes bien. Pero la poesía es pura danza, no tiene trayecto, y si te pierdes... pues casi que mejor. La poesía es ritmo por encima de todo, incluso por encima de la propia métrica, y la prosa coherencia (y ritmo también, pero no como elemento primordial).
¿Y qué es el ritmo? Pues ni idea, pero yo diría que, en resumidas cuentas, el ritmo es repetición. Como dice Vicente, la cadencia. Y en esa repetición no participan solo los hechos fónicos (música), sino los componentes semánticos y sintácticos (repetición de elementos más complejos que el repique del acento de intensidad). Y en la poesía irregular propia del realismo moderno, que es lo que dice Luis, yo hablaría más de «cadencia» a secas y no tanto de «música», aunque el resultado sea, efectivamente, esa musicalidad que dimana de la repetición. Queridos, doy por hecho que hablamos todos de lo mismo. Simplemente apuntar a que el ritmo de la poesía irregular es singular y se distancia del soporte musical de los versos clásicos.
Es cierto que los versos de Manuel Vilas suenan a gloria, pero es que suenan bien como suena bien cualquier frase ejemplarmente construida sin necesidad de una acentuación ajustada a los tratados métricos. Además, la entonación melódica se ocupa de aportar esa música. Pero no diría que la música es un elemento esencial del ritmo en los poemas irregulares, diría que es una condición necesaria que los versos de esta naturaleza estén escritos correctamente. Que dé gusto leerlos, vamos.
Para mí, el ejemplo está en el poema ya comentado de Manuel Vilas. Se trata de una versificación irregular. No hay andamiaje silabotónico. Irregularidad silábica y acentual. Es cierto que demuestra un eje acentual preferente en sexta, pero fuertemente desautomatizado por otros versos que lo llevan en cualquier posición. La longitud de los versos es variable. La cosa es que sin tener presente la música tradicional (nananá-nananá....), tiene una cadencia, una repetición, un ritmo, bestial. Es decir, en mi opinión se trata incontestablemente de un poema y no de una prosa. Y sí, atesora música, pero una música de dioses que no sé de dónde proviene.
Hampstead, Hampstead, No Shoes, No Shoes, pies, pies, blanca, negra, blanca, rojo, rojo, la gloria de la vida, la gloria de la vida, no se me ocurre, no se me ocurre... Ritmo de blues. Una deliciosa salmodia. Música, ¡pero de la buena!
Al final, digo lo mismo que vosotros pero con el triple de extensión, jaja.
Como contrapunto, mi texto no tiene ritmo como para encasillarse como poema. Demasiado marcado el relato de A a B, demasiada coherencia, demasiada poca repetición. Es, quizá, un relato poético. Pero lo realmente jodido, es hacer lo que hace Manuel Vilas. Lograr trascender una presunta prosa a un inequívoco poemazo.
Por favor, Charlie, aporta algo de frescura a la conversación plomiza de estos tres yayos.
¡Abrazos!
NO SHOES
La gloria de la vida, sí, alguna vez la he visto.
La llamo así, la gloria de la vida,
porque no se me ocurren otras palabras.
Digamos que es un desfile del sol, las calles, las nubes,
los besos, el fuego, Dios, las manos, y el río.
No sé de qué hablo.
Estaba bebiendo cerveza en un pub de Hampstead,
y me puse amoroso,
y quiero exaltar este tiempo presente,
sentado aquí, en un pub de Hampstead,
cincuenta cervezas
caídas a mis pies
de Mariscal de Hampstead.
Un joven de unos treinta y cinco años estaba descalzo,
sentado a mi lado en la terraza,
bebiendo en la calle y haciendo crucigramas.
Me dijo que se llamaba "No Shoes"
No Shoes sonreía y le daba el sol en los ojos azules.
Vestía una camisa blanca, y un Levi´s.
Y hacía crucigramas.
Pies en el suelo de las calles, pies desnudos.
Todas las tardes, a eso de las siete,
No Shoes aparecía por allí.
Descalzo, en la calle, sentado en silla propia,
con su pinta en la mano.
¿Qué hacía No Shoes por la mañana?
Qué bien le quedaba aquella camisa blanca.
No todos los pies son hermosos.
Pero en los pies No Shoes edificó su gloria.
Era encantador verle descalzo en las tardes de agosto.
(Las tardes de agosto en Hampstead son Dios)
Una vez lo vi ligando con una negra.
No Shoes enseguida explicaba la razón de su nombre.
La negra sonreía, alegre, le divertía
que alguien se llamara No Shoes,
y era una mujer muy hermosa.
La negra llevaba unas sandalias blancas, con tacón,
y las uñas de sus pies estaban pintadas de rojo.
Un fuego rojo que resaltaba
como una bandera o una gota de sangre.
Al día siguiente, a eso de las siete
la negra apareció sin sandalias.
No Shoes estaba creando escuela.
Acabaron haciendo el amor descalzos.
La gloria de la vida, ya sabes,
la llamo así porque no se me ocurre
llamarla de otra manera.