• 📢 Nuevo: Mi Libro de Poesía — descarga tus poemas en PDF | Métrica Española (beta) — analiza tus versos. Ver todos los cambios →
  • Herramienta de Métrica Española mejorada

    Hemos renovado por completo nuestro analizador de métrica: ahora analiza poemas enteros con detección de sinalefas, sinéresis, esquema rímico, tipo de estrofa y mucho más. Además, incluye dos nuevas herramientas: Rimas — busca rimas consonantes y asonantes filtradas por sílabas — y Sinónimos — encuentra palabras alternativas que encajen en tu verso. Está en fase de pruebas — tu opinión nos ayuda a perfeccionarlo. Si encuentras algún error o tienes sugerencias, escríbenos a info@mundopoesia.com. Probar la nueva versión →

Olmo viejo del camino

Gavase

Poeta adicto al portal
"En un lugar de La Mancha"
viven los restos de un olmo;
son asideros sus alas
y enseres varios su tronco.

Olmo viejo del camino

Su muerte

A mediodía lo han visto
juguetear con las sombras
y en el ocaso, tendido,
los ojos de quien lo nombra.

Olmo viejo, viejo abrigo,
a media tarde tu copa
se fundió con el antiguo
paisaje que te dio fonda.

¿Quién te bajó al camino
que en horizontal reposas,
quién destrozó los asilos
de tiernas carnes piadoras?

Si en la noche eras abrigo
de los pájaros, que ahora,
desorientados y ahítos
aletean por la zona
buscando abrazo y cobijo
en las perchas de tus hojas.

Sobre el suelo, malherido,
divisaron tu aureola,
a ras del suelo, contritos,
sobrevuelan tu joroba.

La razón

¿Quién te privó de sus trinos,
quién les privó de tu fronda.
quién ordenó el cruel castigo
que desgajó tu corona?

El progreso fue el motivo
de acallar la bulliciosa
melena de tonos vivos
que se destiñe en la broza.

En su lugar han surgido
moles que ocultan la aurora,
y al ocaso variopinto
la paleta de su obra.

Moles que llena el bolsillo
con ingentes perras gordas
al potentado y altivo
rey de la tierra que ronda

Su traslado

Acicalada de rizos
y de culebras se asoman
entre las piedras del río
aguas que muerto aún toma.

De su derrota es testigo
la que le riega y transporta
lo desgajado hacia el mismo
cauce que sacia la zona.

Su vida

Olmo viejo del camino,
ancha y densa fue tu sombra.
Sembrada de campesinos
en las estivales horas
del trasiego al vasto trigo,
cuando el sol a plomo borda
grietas en lodos marchitos
y las chicharras retozan
sobre los tallos pajizos
que enjambres de oros coronan.

Nidos de enjambres henchidos
suplicando la desmocha
del brazo del campesino
con la hoz que diestro porta.

Para hallar su gualdo limpio
le someten a la monda
bajo el pedernal del trillo,
y al venteo en eras sólidas.

Y el porteo a los molinos
hacia la oreada loma
de crepusculares ígneos,
si están libres de capotas.

La esperanza

A medianoche los bichos
y los luceros custodian,
su cuerpo, que él ve podrido
o quemado en tierra propia.

Pero la suerte no quiso
que sus restos se corrompan
o los quemen en el sitio
al ser siembra en otra historia,
más acorde a su cobijo
¡él, que siempre les dio sombra!

Su carne no tuvo olvido,
sino que el pueblo la goza
al convertir su destino
en asideros que aportan:

al labriego el corte al mijo
con la hoz que en yunque dobla
la destreza y el cariño
del herrero que la forja.

Al carpintero el cepillo
y el cincel que saja y monda
el envoltorio plomizo
que viste su parda molla.

Y al cantero su martillo
y los bancos donde apoya
bloques de cantos ariscos
que pulimenta y transforma
en asientos para el mimo
sobre orillas pedregosas.

A los restos que han latido
sembrados y eras adoptan,
al ensartar utensilios
de labranza por sus bocas:

fueron cabos de rastrillos
altas perchas de sus ropas,
y a la vez robustos picos
enhebraron con rechonchas.

Para introducir hocinos
emplearon a las rotas,
y para embutir cuchillos
dispusieron de las cortas.

De su raíz, variopintos
objetos talló y dio forma
el lugareño que quiso
tener su huella en persona:

con tenedores, jarrillos,
cucharas, platos y copas,
y unas mesas con el mismo
corazón de su tocona.

La dicha

Olmo viejo del camino,
retales de ti baldosan
el paseo recogido
de parejas que retozan
y abarrotan de suspiros
a la ribera, que ahoga,
con su rumoroso líquido
el chasquido de sus bocas.

Allí, donde vierte el río
yemas caladas y ansiosas
de arraigar a suprimidos
rodales de puestas rotas.

Vierte al tiempo cantos chicos,
antaño robustas rocas
que partieron de altos fríos,
donde nace gota a gota,
antes de manar cabrío
el torrente que las doma
y las mece con el limo,
agua abajo donde afloran
los albores verdecidos
de olmos nuevos que ya escoltan
a los álamos albinos
al lugar que juntos orlan.

La eternidad

Rodeado de un idílico
hogar tu osamenta alfombra
la corriente que ha traído
las semillas de otras podas.

Semillas de más caídos,
cuando las talaron sombras.
En la tierra de tu piso,
en la tierra de tu gloria;
sumando sus atavíos
al lugar en que reposas.

Aquí hallaste un fiel recinto
sin verdugo que te imponga
un desahucio por castigo
ni un progreso que te tosa.

Olmo viejo del camino,
un pedazo de ti forma
parte del lugar y el nido,
donde a lugareños donas
de regalo a sus sentidos
vistas, paz y carantoñas.

Y la promesa que el rico
surta de sueños la zona.

Gavase​
 
Última edición:
"En un lugar de la mancha"
viven los restos de un olmo;
son asideros sus alas
y entes dispares su tronco.​

Su muerte​

A mediodía te han visto
juguetear con las sombras,
y en el ocaso, tendido,
los ojos de quien te nombra.​

Olmo viejo, viejo amigo,
a media tarde tu copa
se fundió con el antiguo
paisaje que te dio fonda.​

¿Quién te bajó al camino
que en horizontal reposas?​

Si en la noche eras abrigo
de los pájaros que ahora
desorientados y ahítos
aletean por la zona
sin encontrar el cobijo
en las perchas de tus ropas.​

Sobre el suelo, malherido,
divisaron tu corona;
a ras del suelo, contritos,
sobrevuelan tu joroba.​

¿Quién te privó de sus trinos,
quién les privó de tu fronda?​

La razón​

El progreso fue el motivo
de acallar la bulliciosa
melena de tonos vivos,
que hoy se destiñe en la broza.​

En su lugar han surgido
sombras que ocultan la aurora,
que para él fue castigo,
y para otros, perras gordas.​

La vida​

Olmo viejo del camino,
ancha y densa fue tu sombra.
Sembrada de campesinos
en las estivales horas
del trasiego al vasto trigo,
cuando el sol a plomo borda
grietas en lodos marchitos
y las chicharras retozan
sobre los tallos pajizos
que enjambres de oros coronan.
Enjambres de oros henchidos
a la espera de la monda
bajo el pedernal del trillo
en la era de anchas losas,
y el porteo a los molinos
hacia la oreada loma
de crepusculares ígneos,
si está libre de capotas.​

La esperanza​

A medianoche, los bichos
y los luceros custodian
su cuerpo, que ve podrido,
o quemado en tierra propia.​

Pero el azar no ha querido
que sus retos se corrompan
o los quemen en el sitio
al dotarles de otra historia.​

Su carne no tuvo olvido,
sino que el pueblo la goza
al convertir su destino
en asideros que aportan:
al labriego, el corte al mijo
con la hoz que en yunque dobla
la destreza y el cariño
del herrero que la forja.
Al carpintero, el cepillo
y el cincel que saja y monda
el envoltorio plomizo
que viste su parda molla.
Y al cantero, su martillo,
y los bancos donde apoya
bloques de cantos ariscos
que pulimentan y transforma
en asientos para el mimo
sobre orillas pedregosas.​

A los restos que han latido,
sembrados y eras adoptan,
al ensartar utensilios
de labranza por sus bocas.​

Fueron cabos de rastrillos,
altas perchas de sus ropas,
y también robustos picos
enhebraron con rechonchas.
Para introducir hocinos
emplearon ramas cortas,
y para embeber cuchillos,
dispusieron de las rotas.​

De su raíz, variopintos
objetos talló y dio forma
el lugareño que quiso
tener su huella en persona:
con tenedores, jarrillos,
cucharas, platos y copas,
y unas mesas con el mismo
corazón de su tocona.​

la dicha​

Olmo viejo del camino,
también tus alas baldosan
el paseo recogido
de parejas que abarrotan
la ribera de amoríos
y en sus lares libres gozan.​

Allí, donde vierte el río,
su sonrisa más hermosa,
que al caer, cantos canijos
lleva, otrora inmensas rocas,
que partieron de altos fríos,
donde nace gota a gota
antes de manar cabrío
el torrente que las doma
y las mece con el limo,
agua abajo donde afloran
los albores verdecidos
de olmos nuevos que ya sombran.​

La eternidad​

Rodeado de un idílico
paisaje, tu esencia alfombra
la corriente que ha traído
las semillas de otras podas,
semillas de más caídos,
cuando los talaron sombras
en la tierra de tu piso,
en la tierra de tu gloria;
añadiendo sus vestidos
al lugar en que reposas.​

Aquí encontraste un recinto
sin verdugo que te imponga
un desahucio por castigo,
ni un progreso que te tosa.​

Olmo viejo del camino,
un pedazo de ti forma
parte del lugar y el nido,
donde a las almas les donas
de regalo a sus sentidos
vistas, paz y carantoñas.​

Iguazú​
Dulce romanticismo.
Haces días que no lo veía Iguazú.

Saludos desde la Habana
 
"En un lugar de la mancha"
viven los restos de un olmo;
son asideros sus alas
y entes dispares su tronco.​

Su muerte​

A mediodía te han visto
juguetear con las sombras,
y en el ocaso, tendido,
los ojos de quien te nombra.​

Olmo viejo, viejo amigo,
a media tarde tu copa
se fundió con el antiguo
paisaje que te dio fonda.​

¿Quién te bajó al camino
que en horizontal reposas?​

Si en la noche eras abrigo
de los pájaros que ahora
desorientados y ahítos
aletean por la zona
sin encontrar el cobijo
en las perchas de tus ropas.​

Sobre el suelo, malherido,
divisaron tu corona;
a ras del suelo, contritos,
sobrevuelan tu joroba.​

¿Quién te privó de sus trinos,
quién les privó de tu fronda?​

La razón​

El progreso fue el motivo
de acallar la bulliciosa
melena de tonos vivos,
que hoy se destiñe en la broza.​

En su lugar han surgido
sombras que ocultan la aurora,
que para él fue castigo,
y para otros, perras gordas.​

La vida​

Olmo viejo del camino,
ancha y densa fue tu sombra.
Sembrada de campesinos
en las estivales horas
del trasiego al vasto trigo,
cuando el sol a plomo borda
grietas en lodos marchitos
y las chicharras retozan
sobre los tallos pajizos
que enjambres de oros coronan.
Enjambres de oros henchidos
a la espera de la monda
bajo el pedernal del trillo
en la era de anchas losas,
y el porteo a los molinos
hacia la oreada loma
de crepusculares ígneos,
si está libre de capotas.​

La esperanza​

A medianoche, los bichos
y los luceros custodian
su cuerpo, que ve podrido,
o quemado en tierra propia.​

Pero el azar no ha querido
que sus retos se corrompan
o los quemen en el sitio
al dotarles de otra historia.​

Su carne no tuvo olvido,
sino que el pueblo la goza
al convertir su destino
en asideros que aportan:
al labriego, el corte al mijo
con la hoz que en yunque dobla
la destreza y el cariño
del herrero que la forja.
Al carpintero, el cepillo
y el cincel que saja y monda
el envoltorio plomizo
que viste su parda molla.
Y al cantero, su martillo,
y los bancos donde apoya
bloques de cantos ariscos
que pulimentan y transforma
en asientos para el mimo
sobre orillas pedregosas.​

A los restos que han latido,
sembrados y eras adoptan,
al ensartar utensilios
de labranza por sus bocas.​

Fueron cabos de rastrillos,
altas perchas de sus ropas,
y también robustos picos
enhebraron con rechonchas.
Para introducir hocinos
emplearon ramas cortas,
y para embeber cuchillos,
dispusieron de las rotas.​

De su raíz, variopintos
objetos talló y dio forma
el lugareño que quiso
tener su huella en persona:
con tenedores, jarrillos,
cucharas, platos y copas,
y unas mesas con el mismo
corazón de su tocona.​

la dicha​

Olmo viejo del camino,
también tus alas baldosan
el paseo recogido
de parejas que abarrotan
la ribera de amoríos
y en sus lares libres gozan.​

Allí, donde vierte el río,
su sonrisa más hermosa,
que al caer, cantos canijos
lleva, otrora inmensas rocas,
que partieron de altos fríos,
donde nace gota a gota
antes de manar cabrío
el torrente que las doma
y las mece con el limo,
agua abajo donde afloran
los albores verdecidos
de olmos nuevos que ya sombran.​

La eternidad​

Rodeado de un idílico
paisaje, tu esencia alfombra
la corriente que ha traído
las semillas de otras podas,
semillas de más caídos,
cuando los talaron sombras
en la tierra de tu piso,
en la tierra de tu gloria;
añadiendo sus vestidos
al lugar en que reposas.​

Aquí encontraste un recinto
sin verdugo que te imponga
un desahucio por castigo,
ni un progreso que te tosa.​

Olmo viejo del camino,
un pedazo de ti forma
parte del lugar y el nido,
donde a las almas les donas
de regalo a sus sentidos
vistas, paz y carantoñas.​

Iguazú​
Maravilla de romance, larga historia la del árbol y con gran primor contada. Ha sido todo un placer leerlo.
 
"En un lugar de la mancha"
viven los restos de un olmo;
son asideros sus alas
y entes dispares su tronco.​

Su muerte​

A mediodía te han visto
juguetear con las sombras,
y en el ocaso, tendido,
los ojos de quien te nombra.​

Olmo viejo, viejo amigo,
a media tarde tu copa
se fundió con el antiguo
paisaje que te dio fonda.​

¿Quién te bajó al camino
que en horizontal reposas?​

Si en la noche eras abrigo
de los pájaros que ahora
desorientados y ahítos
aletean por la zona
sin encontrar el cobijo
en las perchas de tus ropas.​

Sobre el suelo, malherido,
divisaron tu corona;
a ras del suelo, contritos,
sobrevuelan tu joroba.​

¿Quién te privó de sus trinos,
quién les privó de tu fronda?​

La razón​

El progreso fue el motivo
de acallar la bulliciosa
melena de tonos vivos,
que hoy se destiñe en la broza.​

En su lugar han surgido
sombras que ocultan la aurora,
que para él fue castigo,
y para otros, perras gordas.​

La vida​

Olmo viejo del camino,
ancha y densa fue tu sombra.
Sembrada de campesinos
en las estivales horas
del trasiego al vasto trigo,
cuando el sol a plomo borda
grietas en lodos marchitos
y las chicharras retozan
sobre los tallos pajizos
que enjambres de oros coronan.
Enjambres de oros henchidos
a la espera de la monda
bajo el pedernal del trillo
en la era de anchas losas,
y el porteo a los molinos
hacia la oreada loma
de crepusculares ígneos,
si está libre de capotas.​

La esperanza​

A medianoche, los bichos
y los luceros custodian
su cuerpo, que ve podrido,
o quemado en tierra propia.​

Pero el azar no ha querido
que sus retos se corrompan
o los quemen en el sitio
al dotarles de otra historia.​

Su carne no tuvo olvido,
sino que el pueblo la goza
al convertir su destino
en asideros que aportan:
al labriego, el corte al mijo
con la hoz que en yunque dobla
la destreza y el cariño
del herrero que la forja.
Al carpintero, el cepillo
y el cincel que saja y monda
el envoltorio plomizo
que viste su parda molla.
Y al cantero, su martillo,
y los bancos donde apoya
bloques de cantos ariscos
que pulimentan y transforma
en asientos para el mimo
sobre orillas pedregosas.​

A los restos que han latido,
sembrados y eras adoptan,
al ensartar utensilios
de labranza por sus bocas.​

Fueron cabos de rastrillos,
altas perchas de sus ropas,
y también robustos picos
enhebraron con rechonchas.
Para introducir hocinos
emplearon ramas cortas,
y para embeber cuchillos,
dispusieron de las rotas.​

De su raíz, variopintos
objetos talló y dio forma
el lugareño que quiso
tener su huella en persona:
con tenedores, jarrillos,
cucharas, platos y copas,
y unas mesas con el mismo
corazón de su tocona.​

la dicha​

Olmo viejo del camino,
también tus alas baldosan
el paseo recogido
de parejas que abarrotan
la ribera de amoríos
y en sus lares libres gozan.​

Allí, donde vierte el río,
su sonrisa más hermosa,
que al caer, cantos canijos
lleva, otrora inmensas rocas,
que partieron de altos fríos,
donde nace gota a gota
antes de manar cabrío
el torrente que las doma
y las mece con el limo,
agua abajo donde afloran
los albores verdecidos
de olmos nuevos que ya sombran.​

La eternidad​

Rodeado de un idílico
paisaje, tu esencia alfombra
la corriente que ha traído
las semillas de otras podas,
semillas de más caídos,
cuando los talaron sombras
en la tierra de tu piso,
en la tierra de tu gloria;
añadiendo sus vestidos
al lugar en que reposas.​

Aquí encontraste un recinto
sin verdugo que te imponga
un desahucio por castigo,
ni un progreso que te tosa.​

Olmo viejo del camino,
un pedazo de ti forma
parte del lugar y el nido,
donde a las almas les donas
de regalo a sus sentidos
vistas, paz y carantoñas.​

Iguazú​

En pocas circunstancias una obra me conmueve y esta es una de ellas.
Leí y releí y cada vez le encuentro más belleza y emoción.
Realmente admirable.
Saludos y muy feliz fin de semana.
 
"En un lugar de la mancha"
viven los restos de un olmo;
son asideros sus alas
y entes dispares su tronco.​

Su muerte​

A mediodía te han visto
juguetear con las sombras,
y en el ocaso, tendido,
los ojos de quien te nombra.​

Olmo viejo, viejo amigo,
a media tarde tu copa
se fundió con el antiguo
paisaje que te dio fonda.​

¿Quién te bajó al camino
que en horizontal reposas?​

Si en la noche eras abrigo
de los pájaros que ahora
desorientados y ahítos
aletean por la zona
sin encontrar el cobijo
en las perchas de tus ropas.​

Sobre el suelo, malherido,
divisaron tu corona;
a ras del suelo, contritos,
sobrevuelan tu joroba.​

¿Quién te privó de sus trinos,
quién les privó de tu fronda?​

La razón​

El progreso fue el motivo
de acallar la bulliciosa
melena de tonos vivos,
que hoy se destiñe en la broza.​

En su lugar han surgido
sombras que ocultan la aurora,
que para él fue castigo,
y para otros, perras gordas.​

La vida​

Olmo viejo del camino,
ancha y densa fue tu sombra.
Sembrada de campesinos
en las estivales horas
del trasiego al vasto trigo,
cuando el sol a plomo borda
grietas en lodos marchitos
y las chicharras retozan
sobre los tallos pajizos
que enjambres de oros coronan.
Enjambres de oros henchidos
a la espera de la monda
bajo el pedernal del trillo
en la era de anchas losas,
y el porteo a los molinos
hacia la oreada loma
de crepusculares ígneos,
si está libre de capotas.​

La esperanza​

A medianoche, los bichos
y los luceros custodian
su cuerpo, que ve podrido,
o quemado en tierra propia.​

Pero el azar no ha querido
que sus retos se corrompan
o los quemen en el sitio
al dotarles de otra historia.​

Su carne no tuvo olvido,
sino que el pueblo la goza
al convertir su destino
en asideros que aportan:
al labriego, el corte al mijo
con la hoz que en yunque dobla
la destreza y el cariño
del herrero que la forja.
Al carpintero, el cepillo
y el cincel que saja y monda
el envoltorio plomizo
que viste su parda molla.
Y al cantero, su martillo,
y los bancos donde apoya
bloques de cantos ariscos
que pulimentan y transforma
en asientos para el mimo
sobre orillas pedregosas.​

A los restos que han latido,
sembrados y eras adoptan,
al ensartar utensilios
de labranza por sus bocas.​

Fueron cabos de rastrillos,
altas perchas de sus ropas,
y también robustos picos
enhebraron con rechonchas.
Para introducir hocinos
emplearon ramas cortas,
y para embeber cuchillos,
dispusieron de las rotas.​

De su raíz, variopintos
objetos talló y dio forma
el lugareño que quiso
tener su huella en persona:
con tenedores, jarrillos,
cucharas, platos y copas,
y unas mesas con el mismo
corazón de su tocona.​

la dicha​

Olmo viejo del camino,
también tus alas baldosan
el paseo recogido
de parejas que abarrotan
la ribera de amoríos
y en sus lares libres gozan.​

Allí, donde vierte el río,
su sonrisa más hermosa,
que al caer, cantos canijos
lleva, otrora inmensas rocas,
que partieron de altos fríos,
donde nace gota a gota
antes de manar cabrío
el torrente que las doma
y las mece con el limo,
agua abajo donde afloran
los albores verdecidos
de olmos nuevos que ya sombran.​

La eternidad​

Rodeado de un idílico
paisaje, tu esencia alfombra
la corriente que ha traído
las semillas de otras podas,
semillas de más caídos,
cuando los talaron sombras
en la tierra de tu piso,
en la tierra de tu gloria;
añadiendo sus vestidos
al lugar en que reposas.​

Aquí encontraste un recinto
sin verdugo que te imponga
un desahucio por castigo,
ni un progreso que te tosa.​

Olmo viejo del camino,
un pedazo de ti forma
parte del lugar y el nido,
donde a las almas les donas
de regalo a sus sentidos
vistas, paz y carantoñas.​

Iguazú​
Buena introducción y mejor romance. A un olmo, a una higuera, a... un árbol y toda una vida, la suya y la nuestra. Reciclaje continuo.
Un placer leerte desde el sur de la comarca.
Abrazo...
 
"En un lugar de la mancha"
viven los restos de un olmo;
son asideros sus alas
y entes dispares su tronco.​

Su muerte​

A mediodía te han visto
juguetear con las sombras,
y en el ocaso, tendido,
los ojos de quien te nombra.​

Olmo viejo, viejo amigo,
a media tarde tu copa
se fundió con el antiguo
paisaje que te dio fonda.​

¿Quién te bajó al camino
que en horizontal reposas?​

Si en la noche eras abrigo
de los pájaros que ahora
desorientados y ahítos
aletean por la zona
sin encontrar el cobijo
en las perchas de tus ropas.​

Sobre el suelo, malherido,
divisaron tu corona;
a ras del suelo, contritos,
sobrevuelan tu joroba.​

¿Quién te privó de sus trinos,
quién les privó de tu fronda?​

La razón​

El progreso fue el motivo
de acallar la bulliciosa
melena de tonos vivos,
que hoy se destiñe en la broza.​

En su lugar han surgido
sombras que ocultan la aurora,
que para él fue castigo,
y para otros, perras gordas.​

La vida​

Olmo viejo del camino,
ancha y densa fue tu sombra.
Sembrada de campesinos
en las estivales horas
del trasiego al vasto trigo,
cuando el sol a plomo borda
grietas en lodos marchitos
y las chicharras retozan
sobre los tallos pajizos
que enjambres de oros coronan.
Enjambres de oros henchidos
a la espera de la monda
bajo el pedernal del trillo
en la era de anchas losas,
y el porteo a los molinos
hacia la oreada loma
de crepusculares ígneos,
si está libre de capotas.​

La esperanza​

A medianoche, los bichos
y los luceros custodian
su cuerpo, que ve podrido,
o quemado en tierra propia.​

Pero el azar no ha querido
que sus retos se corrompan
o los quemen en el sitio
al dotarles de otra historia.​

Su carne no tuvo olvido,
sino que el pueblo la goza
al convertir su destino
en asideros que aportan:
al labriego, el corte al mijo
con la hoz que en yunque dobla
la destreza y el cariño
del herrero que la forja.
Al carpintero, el cepillo
y el cincel que saja y monda
el envoltorio plomizo
que viste su parda molla.
Y al cantero, su martillo,
y los bancos donde apoya
bloques de cantos ariscos
que pulimentan y transforma
en asientos para el mimo
sobre orillas pedregosas.​

A los restos que han latido,
sembrados y eras adoptan,
al ensartar utensilios
de labranza por sus bocas.​

Fueron cabos de rastrillos,
altas perchas de sus ropas,
y también robustos picos
enhebraron con rechonchas.
Para introducir hocinos
emplearon ramas cortas,
y para embeber cuchillos,
dispusieron de las rotas.​

De su raíz, variopintos
objetos talló y dio forma
el lugareño que quiso
tener su huella en persona:
con tenedores, jarrillos,
cucharas, platos y copas,
y unas mesas con el mismo
corazón de su tocona.​

la dicha​

Olmo viejo del camino,
también tus alas baldosan
el paseo recogido
de parejas que abarrotan
la ribera de amoríos
y en sus lares libres gozan.​

Allí, donde vierte el río,
su sonrisa más hermosa,
que al caer, cantos canijos
lleva, otrora inmensas rocas,
que partieron de altos fríos,
donde nace gota a gota
antes de manar cabrío
el torrente que las doma
y las mece con el limo,
agua abajo donde afloran
los albores verdecidos
de olmos nuevos que ya sombran.​

La eternidad​

Rodeado de un idílico
paisaje, tu esencia alfombra
la corriente que ha traído
las semillas de otras podas,
semillas de más caídos,
cuando los talaron sombras
en la tierra de tu piso,
en la tierra de tu gloria;
añadiendo sus vestidos
al lugar en que reposas.​

Aquí encontraste un recinto
sin verdugo que te imponga
un desahucio por castigo,
ni un progreso que te tosa.​

Olmo viejo del camino,
un pedazo de ti forma
parte del lugar y el nido,
donde a las almas les donas
de regalo a sus sentidos
vistas, paz y carantoñas.​

Iguazú​
Excelente romance estimado amigo y gran poeta Iguazú. Un abrazo con la pluma del alma. Buen día
 
"En un lugar de la mancha"
viven los restos de un olmo;
son asideros sus alas
y entes dispares su tronco.​

Su muerte​

A mediodía te han visto
juguetear con las sombras,
y en el ocaso, tendido,
los ojos de quien te nombra.​

Olmo viejo, viejo amigo,
a media tarde tu copa
se fundió con el antiguo
paisaje que te dio fonda.​

¿Quién te bajó al camino
que en horizontal reposas?​

Si en la noche eras abrigo
de los pájaros que ahora
desorientados y ahítos
aletean por la zona
sin encontrar el cobijo
en las perchas de tus ropas.​

Sobre el suelo, malherido,
divisaron tu corona;
a ras del suelo, contritos,
sobrevuelan tu joroba.​

¿Quién te privó de sus trinos,
quién les privó de tu fronda?​

La razón​

El progreso fue el motivo
de acallar la bulliciosa
melena de tonos vivos,
que hoy se destiñe en la broza.​

En su lugar han surgido
sombras que ocultan la aurora,
que para él fue castigo,
y para otros, perras gordas.​

La vida​

Olmo viejo del camino,
ancha y densa fue tu sombra.
Sembrada de campesinos
en las estivales horas
del trasiego al vasto trigo,
cuando el sol a plomo borda
grietas en lodos marchitos
y las chicharras retozan
sobre los tallos pajizos
que enjambres de oros coronan.
Enjambres de oros henchidos
a la espera de la monda
bajo el pedernal del trillo
en la era de anchas losas,
y el porteo a los molinos
hacia la oreada loma
de crepusculares ígneos,
si está libre de capotas.​

La esperanza​

A medianoche, los bichos
y los luceros custodian
su cuerpo, que ve podrido,
o quemado en tierra propia.​

Pero el azar no ha querido
que sus restos se corrompan
o los quemen en el sitio
al dotarles de otra historia.​

Su carne no tuvo olvido,
sino que el pueblo la goza
al convertir su destino
en asideros que aportan:
al labriego, el corte al mijo
con la hoz que en yunque dobla
la destreza y el cariño
del herrero que la forja.
Al carpintero, el cepillo
y el cincel que saja y monda
el envoltorio plomizo
que viste su parda molla.
Y al cantero, su martillo,
y los bancos donde apoya
bloques de cantos ariscos
que pulimentan y transforma
en asientos para el mimo
sobre orillas pedregosas.​

A los restos que han latido,
sembrados y eras adoptan,
al ensartar utensilios
de labranza por sus bocas.​

Fueron cabos de rastrillos,
altas perchas de sus ropas,
y también robustos picos
enhebraron con rechonchas.
Para introducir hocinos
emplearon ramas cortas,
y para embeber cuchillos,
dispusieron de las rotas.​

De su raíz, variopintos
objetos talló y dio forma
el lugareño que quiso
tener su huella en persona:
con tenedores, jarrillos,
cucharas, platos y copas,
y unas mesas con el mismo
corazón de su tocona.​

la dicha​

Olmo viejo del camino,
también tus alas baldosan
el paseo recogido
de parejas que abarrotan
la ribera de amoríos
y en sus lares libres gozan.​

Allí, donde vierte el río,
su sonrisa más hermosa,
que al caer, cantos canijos
lleva, otrora inmensas rocas,
que partieron de altos fríos,
donde nace gota a gota
antes de manar cabrío
el torrente que las doma
y las mece con el limo,
agua abajo donde afloran
los albores verdecidos
de olmos nuevos que ya sombran.​

La eternidad​

Rodeado de un idílico
paisaje, tu esencia alfombra
la corriente que ha traído
las semillas de otras podas,
semillas de más caídos,
cuando los talaron sombras
en la tierra de tu piso,
en la tierra de tu gloria;
añadiendo sus vestidos
al lugar en que reposas.​

Aquí encontraste un recinto
sin verdugo que te imponga
un desahucio por castigo,
ni un progreso que te tosa.​

Olmo viejo del camino,
un pedazo de ti forma
parte del lugar y el nido,
donde a las almas les donas
de regalo a sus sentidos
vistas, paz y carantoñas.​

Iguazú​
Un trabajo maravilloso. Bien argumentado y de fina hechura. Un placer pasar.
Fuerte abrazo.
 
"En un lugar de la mancha"
viven los restos de un olmo;
son asideros sus alas
y entes dispares su tronco.​

Su muerte​

A mediodía te han visto
juguetear con las sombras,
y en el ocaso, tendido,
los ojos de quien te nombra.​

Olmo viejo, viejo amigo,
a media tarde tu copa
se fundió con el antiguo
paisaje que te dio fonda.​

¿Quién te bajó al camino
que en horizontal reposas?​

Si en la noche eras abrigo
de los pájaros que ahora
desorientados y ahítos
aletean por la zona
sin encontrar el cobijo
en las perchas de tus ropas.​

Sobre el suelo, malherido,
divisaron tu corona;
a ras del suelo, contritos,
sobrevuelan tu joroba.​

¿Quién te privó de sus trinos,
quién les privó de tu fronda?​

La razón​

El progreso fue el motivo
de acallar la bulliciosa
melena de tonos vivos,
que hoy se destiñe en la broza.​

En su lugar han surgido
sombras que ocultan la aurora,
que para él fue castigo,
y para otros, perras gordas.​

La vida​

Olmo viejo del camino,
ancha y densa fue tu sombra.
Sembrada de campesinos
en las estivales horas
del trasiego al vasto trigo,
cuando el sol a plomo borda
grietas en lodos marchitos
y las chicharras retozan
sobre los tallos pajizos
que enjambres de oros coronan.
Enjambres de oros henchidos
a la espera de la monda
bajo el pedernal del trillo
en la era de anchas losas,
y el porteo a los molinos
hacia la oreada loma
de crepusculares ígneos,
si está libre de capotas.​

La esperanza​

A medianoche, los bichos
y los luceros custodian
su cuerpo, que ve podrido,
o quemado en tierra propia.​

Pero el azar no ha querido
que sus restos se corrompan
o los quemen en el sitio
al dotarles de otra historia.​

Su carne no tuvo olvido,
sino que el pueblo la goza
al convertir su destino
en asideros que aportan:
al labriego, el corte al mijo
con la hoz que en yunque dobla
la destreza y el cariño
del herrero que la forja.
Al carpintero, el cepillo
y el cincel que saja y monda
el envoltorio plomizo
que viste su parda molla.
Y al cantero, su martillo,
y los bancos donde apoya
bloques de cantos ariscos
que pulimentan y transforma
en asientos para el mimo
sobre orillas pedregosas.​

A los restos que han latido,
sembrados y eras adoptan,
al ensartar utensilios
de labranza por sus bocas.​

Fueron cabos de rastrillos,
altas perchas de sus ropas,
y también robustos picos
enhebraron con rechonchas.
Para introducir hocinos
emplearon ramas cortas,
y para embeber cuchillos,
dispusieron de las rotas.​

De su raíz, variopintos
objetos talló y dio forma
el lugareño que quiso
tener su huella en persona:
con tenedores, jarrillos,
cucharas, platos y copas,
y unas mesas con el mismo
corazón de su tocona.​

la dicha​

Olmo viejo del camino,
también tus alas baldosan
el paseo recogido
de parejas que abarrotan
la ribera de amoríos
y en sus lares libres gozan.​

Allí, donde vierte el río,
su sonrisa más hermosa,
que al caer, cantos canijos
lleva, otrora inmensas rocas,
que partieron de altos fríos,
donde nace gota a gota
antes de manar cabrío
el torrente que las doma
y las mece con el limo,
agua abajo donde afloran
los albores verdecidos
de olmos nuevos que ya sombran.​

La eternidad​

Rodeado de un idílico
paisaje, tu esencia alfombra
la corriente que ha traído
las semillas de otras podas,
semillas de más caídos,
cuando los talaron sombras
en la tierra de tu piso,
en la tierra de tu gloria;
añadiendo sus vestidos
al lugar en que reposas.​

Aquí encontraste un recinto
sin verdugo que te imponga
un desahucio por castigo,
ni un progreso que te tosa.​

Olmo viejo del camino,
un pedazo de ti forma
parte del lugar y el nido,
donde a las almas les donas
de regalo a sus sentidos
vistas, paz y carantoñas.​

Iguazú​




Madre mía Iguazú, menudo trabajo, un romance doble, nos cuenta la historia de un olmo viejo del camino, conmovedor y hemoso, sin olvidar detalle, nos habla desde tu voz lírica y nos deja mirando y remirando: su muerte, la razón, la vida, la esperanza, la dicha, la eternidad. Todo un hallazgo poético,estimado compañero. Felicidades.
Un abrazo y feliz semana.
Isabel
 
Buena introducción y mejor romance. A un olmo, a una higuera, a... un árbol y toda una vida, la suya y la nuestra. Reciclaje continuo.
Un placer leerte desde el sur de la comarca.
Abrazo...
Como bien dices, es un continuo reciclaje.

Hay tantos árboles, hoy mudos, que estuvieron asentados en la plazas de los pueblos, o en las lindes del camino que de vez en cuando merecen ser recordados.

Mil gracias.

Un abrazo desde Benidorm.
 
Última edición:
"En un lugar de la mancha"
viven los restos de un olmo;
son asideros sus alas
y entes dispares su tronco.​

Su muerte​

A mediodía te han visto
juguetear con las sombras,
y en el ocaso, tendido,
los ojos de quien te nombra.​

Olmo viejo, viejo amigo,
a media tarde tu copa
se fundió con el antiguo
paisaje que te dio fonda.​

¿Quién te bajó al camino
que en horizontal reposas?​

Si en la noche eras abrigo
de los pájaros que ahora
desorientados y ahítos
aletean por la zona
sin encontrar el cobijo
en las perchas de tus ropas.​

Sobre el suelo, malherido,
divisaron tu corona;
a ras del suelo, contritos,
sobrevuelan tu joroba.​

¿Quién te privó de sus trinos,
quién les privó de tu fronda?​

La razón​

El progreso fue el motivo
de acallar la bulliciosa
melena de tonos vivos,
que hoy se destiñe en la broza.​

En su lugar han surgido
sombras que ocultan la aurora,
que para él fue castigo,
y para otros, perras gordas.​

La vida​

Olmo viejo del camino,
ancha y densa fue tu sombra.
Sembrada de campesinos
en las estivales horas
del trasiego al vasto trigo,
cuando el sol a plomo borda
grietas en lodos marchitos
y las chicharras retozan
sobre los tallos pajizos
que enjambres de oros coronan.
Enjambres de oros henchidos
a la espera de la monda
bajo el pedernal del trillo
en la era de anchas losas,
y el porteo a los molinos
hacia la oreada loma
de crepusculares ígneos,
si está libre de capotas.​

La esperanza​

A medianoche, los bichos
y los luceros custodian
su cuerpo, que ve podrido,
o quemado en tierra propia.​

Pero el azar no ha querido
que sus restos se corrompan
o los quemen en el sitio
al dotarles de otra historia.​

Su carne no tuvo olvido,
sino que el pueblo la goza
al convertir su destino
en asideros que aportan:
al labriego, el corte al mijo
con la hoz que en yunque dobla
la destreza y el cariño
del herrero que la forja.
Al carpintero, el cepillo
y el cincel que saja y monda
el envoltorio plomizo
que viste su parda molla.
Y al cantero, su martillo,
y los bancos donde apoya
bloques de cantos ariscos
que pulimentan y transforma
en asientos para el mimo
sobre orillas pedregosas.​

A los restos que han latido,
sembrados y eras adoptan,
al ensartar utensilios
de labranza por sus bocas.​

Fueron cabos de rastrillos,
altas perchas de sus ropas,
y también robustos picos
enhebraron con rechonchas.
Para introducir hocinos
emplearon ramas cortas,
y para embeber cuchillos,
dispusieron de las rotas.​

De su raíz, variopintos
objetos talló y dio forma
el lugareño que quiso
tener su huella en persona:
con tenedores, jarrillos,
cucharas, platos y copas,
y unas mesas con el mismo
corazón de su tocona.​

la dicha​

Olmo viejo del camino,
también tus alas baldosan
el paseo recogido
de parejas que abarrotan
la ribera de amoríos
y en sus lares libres gozan.​

Allí, donde vierte el río,
su sonrisa más hermosa,
que al caer, cantos canijos
lleva, otrora inmensas rocas,
que partieron de altos fríos,
donde nace gota a gota
antes de manar cabrío
el torrente que las doma
y las mece con el limo,
agua abajo donde afloran
los albores verdecidos
de olmos nuevos que ya sombran.​

La eternidad​

Rodeado de un idílico
paisaje, tu esencia alfombra
la corriente que ha traído
las semillas de otras podas,
semillas de más caídos,
cuando los talaron sombras
en la tierra de tu piso,
en la tierra de tu gloria;
añadiendo sus vestidos
al lugar en que reposas.​

Aquí encontraste un recinto
sin verdugo que te imponga
un desahucio por castigo,
ni un progreso que te tosa.​

Olmo viejo del camino,
un pedazo de ti forma
parte del lugar y el nido,
donde a las almas les donas
de regalo a sus sentidos
vistas, paz y carantoñas.​

Iguazú​

Extenso trabajo en honor a toda una vida de servicio, tantos años les cuesta crecer y cuantos recuerdos nos dejan estos compañeros de vida.
Muy grato pasar a leerte y dejar mi humilde huella, saludos cordiales y un abrazo.
Alfredo
 
Madre mía Iguazú, menudo trabajo, un romance doble, nos cuenta la historia de un olmo viejo del camino, conmovedor y hemoso, sin olvidar detalle, nos habla desde tu voz lírica y nos deja mirando y remirando: su muerte, la razón, la vida, la esperanza, la dicha, la eternidad. Todo un hallazgo poético,estimado compañero. Felicidades.
Un abrazo y feliz semana.
Isabel
Muchísimas gracias por el halagador comentario dejado, todo un poema para mis sentidos.

Un abrazo y feliz fin de semana.
 
"En un lugar de la mancha"
viven los restos de un olmo;
son asideros sus alas
y entes dispares su tronco.​

Su muerte​

A mediodía te han visto
juguetear con las sombras,
y en el ocaso, tendido,
los ojos de quien te nombra.​

Olmo viejo, viejo amigo,
a media tarde tu copa
se fundió con el antiguo
paisaje que te dio fonda.​

¿Quién te bajó al camino
que en horizontal reposas?​

Si en la noche eras abrigo
de los pájaros que ahora
desorientados y ahítos
aletean por la zona
sin encontrar el cobijo
en las perchas de tus ropas.​

Sobre el suelo, malherido,
divisaron tu corona;
a ras del suelo, contritos,
sobrevuelan tu joroba.​

¿Quién te privó de sus trinos,
quién les privó de tu fronda?​

La razón​

El progreso fue el motivo
de acallar la bulliciosa
melena de tonos vivos,
que hoy se destiñe en la broza.​

En su lugar han surgido
sombras que ocultan la aurora,
que para él fue castigo,
y para otros, perras gordas.​

La vida​

Olmo viejo del camino,
ancha y densa fue tu sombra.
Sembrada de campesinos
en las estivales horas
del trasiego al vasto trigo,
cuando el sol a plomo borda
grietas en lodos marchitos
y las chicharras retozan
sobre los tallos pajizos
que enjambres de oros coronan.
Enjambres de oros henchidos
a la espera de la monda
bajo el pedernal del trillo
en la era de anchas losas,
y el porteo a los molinos
hacia la oreada loma
de crepusculares ígneos,
si está libre de capotas.​

La esperanza​

A medianoche, los bichos
y los luceros custodian
su cuerpo, que ve podrido,
o quemado en tierra propia.​

Pero el azar no ha querido
que sus restos se corrompan
o los quemen en el sitio
al dotarles de otra historia.​

Su carne no tuvo olvido,
sino que el pueblo la goza
al convertir su destino
en asideros que aportan:
al labriego, el corte al mijo
con la hoz que en yunque dobla
la destreza y el cariño
del herrero que la forja.
Al carpintero, el cepillo
y el cincel que saja y monda
el envoltorio plomizo
que viste su parda molla.
Y al cantero, su martillo,
y los bancos donde apoya
bloques de cantos ariscos
que pulimentan y transforma
en asientos para el mimo
sobre orillas pedregosas.​

A los restos que han latido,
sembrados y eras adoptan,
al ensartar utensilios
de labranza por sus bocas.​

Fueron cabos de rastrillos,
altas perchas de sus ropas,
y también robustos picos
enhebraron con rechonchas.
Para introducir hocinos
emplearon ramas cortas,
y para embeber cuchillos,
dispusieron de las rotas.​

De su raíz, variopintos
objetos talló y dio forma
el lugareño que quiso
tener su huella en persona:
con tenedores, jarrillos,
cucharas, platos y copas,
y unas mesas con el mismo
corazón de su tocona.​

la dicha​

Olmo viejo del camino,
también tus alas baldosan
el paseo recogido
de parejas que abarrotan
la ribera de amoríos
y en sus lares libres gozan.​

Allí, donde vierte el río,
su sonrisa más hermosa,
que al caer, cantos canijos
lleva, otrora inmensas rocas,
que partieron de altos fríos,
donde nace gota a gota
antes de manar cabrío
el torrente que las doma
y las mece con el limo,
agua abajo donde afloran
los albores verdecidos
de olmos nuevos que ya sombran.​

La eternidad​

Rodeado de un idílico
paisaje, tu esencia alfombra
la corriente que ha traído
las semillas de otras podas,
semillas de más caídos,
cuando los talaron sombras
en la tierra de tu piso,
en la tierra de tu gloria;
añadiendo sus vestidos
al lugar en que reposas.​

Aquí encontraste un recinto
sin verdugo que te imponga
un desahucio por castigo,
ni un progreso que te tosa.​

Olmo viejo del camino,
un pedazo de ti forma
parte del lugar y el nido,
donde a las almas les donas
de regalo a sus sentidos
vistas, paz y carantoñas.​

Iguazú​
Ayyyyy Iguazú, me he emocionado al leer este sensible y vehemente romance que tu inspiración nos regala pleno de lirismo y de imágenes hermosas. He sentido pena por ese pobre olmo abatido, ayy qué triste es ver como derriban árboles que están vivos y que dan sombra al camino y todo tipo de beneficios al ser humano, y qué triste es que éste no le dé el valor tan grande y honorable que todos esos maravillosos gigantes tienen.
Encantada de leerte mi querido amigo y admirado compañero, besos para ti con toda mi admiración y cariño....muáááckssssss
 
Ayyyyy Iguazú, me he emocionado al leer este sensible y vehemente romance que tu inspiración nos regala pleno de lirismo y de imágenes hermosas. He sentido pena por ese pobre olmo abatido, ayy qué triste es ver como derriban árboles que están vivos y que dan sombra al camino y todo tipo de beneficios al ser humano, y qué triste es que éste no le dé el valor tan grande y honorable que todos esos maravillosos gigantes tienen.
Encantada de leerte mi querido amigo y admirado compañero, besos para ti con toda mi admiración y cariño....muáááckssssss
Muchas gracias Isabel, siempre haces honor a la pluma que te inspira añadiendo trazos hasta en tus comentarios.

Agradecido, siempre.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba