Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
En ocasiones, uno muere sin darse cuenta
aunque la rendición quede lejos.
Todo puede cambiar en un segundo
cuando la vida te hace un guiño
y con un corte de mangas significativo
rompes la tapa de ese nicho que impedía las vistas.
En ocasiones, morir podría ser una huida,
¿pero hacia dónde?
En los laberintos, la prisa es un agobio
que ciega lo natural del recorrido;
los setos siempre fueron un engaño,
una manipulación de los arbustos.
Pero los arbustos no engañan,
te muestran su sur y tu norte, y la delicadeza del rocío.
En ocasiones, se escribe un poema en diez minutos:
sin maquillaje, sin reservas, sin alardes, sin motivo.
¿Por qué?
Quizás porque la emotividad, precisamente,
sigue conectando neuronas
y puntos sensitivos.
En ocasiones, se subleva el instante
y ataca los papeles con tinta y alguna mancha de café.
Algunas veces, diez minutos dan para mucho,
o no.
“Seguimos prevenidos”.
aunque la rendición quede lejos.
Todo puede cambiar en un segundo
cuando la vida te hace un guiño
y con un corte de mangas significativo
rompes la tapa de ese nicho que impedía las vistas.
En ocasiones, morir podría ser una huida,
¿pero hacia dónde?
En los laberintos, la prisa es un agobio
que ciega lo natural del recorrido;
los setos siempre fueron un engaño,
una manipulación de los arbustos.
Pero los arbustos no engañan,
te muestran su sur y tu norte, y la delicadeza del rocío.
En ocasiones, se escribe un poema en diez minutos:
sin maquillaje, sin reservas, sin alardes, sin motivo.
¿Por qué?
Quizás porque la emotividad, precisamente,
sigue conectando neuronas
y puntos sensitivos.
En ocasiones, se subleva el instante
y ataca los papeles con tinta y alguna mancha de café.
Algunas veces, diez minutos dan para mucho,
o no.
“Seguimos prevenidos”.