Sentencia de un alma libre

Yestefilo

Poeta recién llegado
He visto el alma que en mi mano ardía,
pequeña luz que el miedo ha sofocado,
pues prefiere el esclavo su pecado
a la ardua libertad de la armonía.

Alcibíades huye, y en su huida,
abraza las cadenas con premura;
le asusta el resplandor de la cordura,
le duele la verdad de mi medida.

No hay ruego en mi garganta, ni lamento,
que el sabio no mendiga en la marea
ni siembra su simiente en el desierto.

Me marcho con mi luz y mi tormento,
pues no habita el honor donde se emplea
un beso para dar el golpe muerto.
 
No hace falte que analicéis este poema, pues me gustaría expresarme formalmente con ustedes lectores, recientemente he roto una relación con alguien a quien amaba, la causa fueron sus propias cadenas autoimpuestas por pasados traumas, miedos al compromiso y añoranzas a su ex. A ella le encantaban mis reflexiones, me comparaba con Sócrates, así que como en los relatos, aquí hablo directamente como Sócrates sobre Alcibíades (mi ex ahora reducida a simple amistad). No se preocupen pues no siento pena ni enfado, solo un sentimiento amargo, he cargado durante mucho tiempo un peso enorme sobre mis hombros, y muchas relaciones en las que yo hacía de terapeuta, sostenía la muralla de la luz y la esperanza solo para que la derriben en mi cara, desde esta comunidad tan grande, en una habitación sentado delante de este ordenador, inspirado y motivado a escribir más, un cordial saludo y un enorme abrazo a cualquiera que pase lo mismo o cosas incluso peores. No estás solo, no es una debilidad sentirte vulnerable, habla, suelta y vive. La verdadera libertad viene cuando sueltas las cadenas del pasado y empiezas a vivir el presente sin pensar en la incertidumbre del futuro.
 
Última edición:
He visto el alma que en mi mano ardía,
pequeña luz que el miedo ha sofocado,
pues prefiere el esclavo su pecado
a la ardua libertad de la armonía.

Alcibíades huye, y en su huida,
abraza las cadenas con premura;
le asusta el resplandor de la cordura,
le duele la verdad de mi medida.

No hay ruego en mi garganta, ni lamento,
que el sabio no mendiga en la marea
ni siembra su simiente en el desierto.

Me marcho con mi luz y mi tormento,
pues no habita el honor donde se emplea
un beso para dar el golpe muerto.
No hace falte que analicéis este poema, pues me gustaría expresarme formalmente con ustedes lectores, recientemente he roto una relación con alguien a quien amaba, la causa fueron sus propias cadenas autoimpuestas por pasados traumas, miedos al compromiso y añoranzas a su ex. A ella le encantaban mis reflexiones, me comparaba con Sócrates, así que como en los relatos, aquí hablo directamente como Sócrates sobre Alcibíades (mi ex ahora reducida a simple amistad). No se preocupen pues no siento pena ni enfado, solo un sentimiento amargo, he cargado durante mucho tiempo un peso enorme sobre mis hombros, y muchas relaciones en las que yo hacía de terapeuta, sostenía la muralla de la luz y la esperanza solo para que la derriben en mi cara, desde esta comunidad tan grande, en una habitación sentado delante de este ordenador, inspirado y motivado a escribir más, un cordial saludo y un enorme abrazo a cualquiera que pase lo mismo o cosas incluso peores. No estás solo, no es una debilidad sentirte vulnerable, habla, suelta y vive. La verdadera libertad viene cuando sueltas las cadenas del pasado y empiezas a vivir el presente sin pensar en la incertidumbre del futuro.
La cobardía del alma que, prefiriendo la seguridad del pecado a la dificultad de la libertad, rechaza la verdad y la cordura.
Así es el alma, desafiante y también a veces traicionera.

Saludos
 

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