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Ayer, besé a un fantasma,
y hoy escampan aguas lácteas.
Masas calmas para el alma mala:
saldan, tratan, atan, matan.
Tuyos labios, cuenca grata,
cuento cuantas gotas
caben
y esa boca sabe
suave,
mueven hilos,
mecen ríos míos
y zarpan graves,
suelto aves sobre mares
-agaves lares-
en tardes...
muero esta noche, y cuánto te extraño,
araño tu daño y me ensaño en tus sueños,
me enfurruño en el ceño y fumo y me baño
pienso deprisa, y beso tus senos,
y henos aquí, fingiendo ser dueños
de nuestras ficciones, del fuego y el leño
te enseño
lo más que te amo, lo más que es mi duelo,
lo más...
Es el día...
Broma hilarante,
Sopor hiriente
vacío menguante,
Herida creciente,
Nube andante,
Que entre tanta gente,
No hay quien espante
Ni miedos presente.
Es la tarde...
Brisa campante,
frío consecuente
Al halo cantante,
Canto permanente,
Que al caminante
lacera y miente,
mentira errante...
No se nada, mas que nadie,
y a quien poco sabe, se yo menos,
pero en cuentas breves,
no sabe más el que mas tiempo ha vivido,
ni el que más ha aprendido.
Si sabe mas quien sufre hambre,
o quien se agasaja en carnes y copas,
o el que tiene mas, contra el oprimido.
Qué se yo, si ni quito, si ni...
A Klondike,
de hocico envejecido
y mirada dulce
Días vértices
de arriba a abajo,
de tarde a noche,
de compás y trabajo.
Echada de lado
su níveo hocico,
en roja tarde,
o gélida aurora.
Cabes alegre
en el mundo tuyo,
como sueño halado
a realidad aforme
de la que, asustado,
besándote huyo...
Es ya casi noche, y tu cabellera dibuja, ahora,
sinuosas formas, arrugando indeleble, el viento.
Te sentí triste porque habían sido días
desde que no caminabas con la aurora
y seguramente,
habían regresado también, al universo tuyo
estos pasajes,
en dónde salías de casa
y navegabas por las...
Doy un sorbo a la espuma
resistida sobre el borde de una copa tuya,
parisiana, de alma de Reims,
acércate y embriaga,
que mi frívolo corazón se encargará
de robarte la castidad
y hará un remanso de lirios
sobre un arranque de instinto.
No sigas triste
que de los ojos tuyos brotarán uvas
y...
Mira como habla mi corazón,
así mismo oscurece el arreból
a pocos metros de tus senos.
Te niego del milagro del amor
y te someto ante las disciplinas
de la lascivia y el hedonismo.
No dejes que mi alma hable más,
cerrádla con una prisión de ensueños,
de esas que colocas a pocos metros
del...
¡Es vástago mío el enemigo
de la ética!
¡Oh, hijo pérfido!
¡Oh, hijo máculo!:
No abandones ahora la luna
en su pesada atmósfera
que tuyo es su resplandor
y ajena te es su bonhomía
cual te sirve solamente
de sacrilegio infructuoso.
Mía es la noche,
porque atenta contra el orden común,
y...
Veo mi esqueleto matizado
bajo el incienso
que nubla las mañanas,
cuando los astros se acogen visibles
sobre el horizonte
que al astro sol perteneció
y que ahora lo ocultan
como grandes faros sofistas
que han de preferir la mentira,
la exaltación y la nívea blancura.
¿Y qué importa ahora el...
La nieve cae al igual que la lluvia
y se derrama inerte sobre la oda circulante,
constante en el tiempo
y no merece más que la ira misma de la lluvia
y se alza en un reloj de arena,
sobre un horizonte que atentó contra lo eterno,
que guardaba su principio
galaxias atrás de la ventana
y era...
Una estrella grita desolada,
se siente abatida, ya no cosmogónica;
hubo sido austera su belleza,
rebozante en tus galaxias ópticas de
cauces taciturnos,
donde aquellos cuerpos siderales,
talvez por paralaje,
te sentían cerca, estando tú,
tan lejos...
Yacías lánguida y hermosa,
aletargando en...
Sueles ir vestida con el manto cosmogónico
de mis lágrimas dilatadas,
talvez te sirvan para viajar
en tus noches de luna muerta
o en tus sueños constelantes en aquella
brisa de tristeza acendrada...
Recuerdo... aún...
cuando nuestras sombras jugaron en
el empíreo inexistente de
estrellas...
Como pasan tus noches de eterna dicotomía,
aún sueles viajar tan profundo en la maredumbre
de mustios recuerdos ofuscados,
pero solo corres...
solo lloras...
Talvez los soliloquios de almas gélidas
aletargan en tus ojos de prísnicos eclipses...
Se te dan tan bien...
cual a mí, la hilaridad y...
Hubieses caminado sobre mi alma
como si tus pies fuesen de eterna brisa de soledad opípera,
pero tu fuiste dejada, tan viva,
como dalias de noches rutilantes que deliran en sus lunas,
pero si las luna mueren,
fragantes, como rucios azabaches taciturnos.
Tanto has vivido...
Tanto has caminado...
Has muerto, bajo el
temple acefirado de las
lluvias cosmogónicas...
Has muerto, entre los
cárdenos lirios de las
pestañas de la noche...
Has muerto,
casi transparente,
casi viva...
casi nocturna...
Podré ya, morir contigo...
Los eruditos dictaron el camino de opalos guirnaldos
tan solo, como el viento en el alpende de la nemora nocturna.
¿Cuál camino? ¿Qué camino?
Se camina entre tus ojos de albos orbes
de amor cristalizado,
de ecúmenes nocturnas como sui genéris del otoño;
entre tu obscuridad policroma de...
¿Cuántas han sido tus sombras?
Penumbrosas, amorfas, fragantes,
de primaveras muertas y etéreos remansos.
¿Cuánto has llorado? ¿Cuánto has faltado?
Sí, los cárdenos lirios
me saben al céfiro de tu aliento,
cual un vendaval de rucias lunas mentoladas
con el rubor nocturno del peamar,
así has...
Espero el alba tornasol de las nubes de ensueño,
eran ellos, áridas constelaciones de extasiados universos
y amanecía... amanecía...
En mis suelos de azufre se notaban gélidos,
en la nota necrológica de alguna estrella
sabor a cielo y facies hacia el cosmos...
En las odas de las fieras...
Cual tu cabello responde al óreo de los vientos de otoño...
Cual tus ojos brillan en la mustia alberca del semblante nocturno...
Así rutila cada estrella,
llora cada cielo,
muere cada lirio...
Así cae cada lágrima, esperando la sombra penumbrosa de valses
esparcidos en las brisas de románticos...
Llevo tus manos a lo profundo del estío
y caminó entre tus sueños, tus delirios, tus palabras:
¿Quién podrá sentir la melancolía de la noche?
¿Quién lleva tu nombre a la sucrusal del tiempo?
Ahora sé, que confío en tu beldad,
en tu nívea piel; en las estrellas escondidas tras tus ojos;
en tu...
No temo a la raíz de tu hermosura,
ni a la pernicia de tu desvastado corazón;
así es como eres, te detienes en la nubes oxidadas por el
agua,
y supuras por ráfagas tus melancolías en incisivas
hojas de amor dorado.
Sueles convertirte en la plebeya de tu propio esclavo,
y cazas con tus fonéticos...
Besé tu aroma de beldad, tragedia;
conocí tu nombre, tu muerte; el nombre de tu muerte,
ofuscada, obcecada, adicta a la sublimidad de tu historia,
tu historia era elegía, un puerto de melancolía,
veía hacia el horizonte ahogada en el mar de inóspita tristeza.
Estaría a tu lado pero tu ausencia...
Desconozco tu alma, tu cuerpo, tu encanto,
tan frágil, como el más fino cristal del estío;
tan falsa, como la luna a estibor naufragante;
tan pura, escondiendo en su pecho vasos de sangre,
tan bella, irreal, absoluta.
Permaneces exhorta en tus rieles de estrella fugaz,
sin rosas, ni cuervos...
Fuíste de los mares, de la lluvia, del espanto,
aprisionaron tus letanías en las mórbidas noches de estragos,
sin tomar el aneurisma de la efigie de esos pétalos de lirio.
Piel de noche, de fictisio ocaso, exégesis de aquella ecuación,
yaces esbelta, opalina, mustia, a los pies de la...
Extraño el dulce aroma del recuerdo,
me llenaba de románticas tragedias,
colocaba en su pecho miles de estrellas,
reflectadas en tus ojos sobre el cielo.
Viajas por la nostalgia de los sueños,
amanece el universo que reflejas,
tus cabellos contratados en bellezas,
solitarios vuelan, en el...
Podré soñar a voluntad del viento,
y en tus manos colocar una estrella,
sin mustias elegías, ni poemas,
sin noches reflejadas en el cielo.
Como el ocaso se pinta de negro,
se oscurecía el alma del poeta,
que sin tus labios triste había muerto.
Podré soñar sin siestas estivales
y pensar que...
Un cristal templado, la lluvia golpetea y un poco de nostalgia,
es triste no saber que hay detrás de mi ventana;
desconocer el clima y las almas ascendiendo,
relinchando en estampida en su eterno vuelo,
cogitando con los muertos la sonata,
la cantata y la lírica barroca que hablan sobre el...
En el prosaismo de la noche de luciérnagas,
el edelweiss, el lirio opalino
contemplaban tus pasos a lo largo del camino,
de tus pies descalzos al crepusculario
de tus mutios labios.
Adentrábanse en tus ojos, oscuros y distantes,
el boreal reflejo de la luna,
mensajera de las brisas de noviembre...
En la soledad, por donde el viento agita sus alas,
donde la luna cabalga, intensa y dorada,
existió una dama. mi hermosa acompañante,
el silencio su nombre recitaba, Tristeza se llamaba.
Su dulce alma aromatizaba las letras,
su silencio y compañía, se asemejaban a tu ausencia,
miraba la lluvia...
Tejidos en secretos de luna,
como el navío que estremecía la lluvia;
por la hoguera de tu inmortalizada alma,
tus ojos eran la penumbra.
Y la magma colateral hacia el olvido,
como base de aquel mar bajo tus ojos,
como llama ausente hacia el óreo,
que congelaba los recuerdos y se había ido.
Tu...
Como eres, mariposa de lo eterno,
si tu grito oscila entre el viento y mi oído,
si la hoguera se alegra alimentada por tus manos,
si la estrella deambula perdida en el espacio.
Te sientes triste y mi sonrisa te entristece,
porque retoñas en otoño y mueres en primavera,
porque tu sol se apaga...
Supuse un cielo gris sin nubes,
un beso sin labios, una sonrisa sin boca,
que yace en los retazos de tus lágrimas astrales,
y en las cartas de aire, taciturnas se colocan.
Y fueron ascendiendo en tu lecho de recuerdos,
aquellas ilusiones como efigie de lo eterno,
como luz sin Universo, o mi...
Ya no escribo poesía,
leo las palabras de tus labios,
escucho los sofocantes gritos del mudo,
lloro la pequeñeces del mundo;
Miento sobre la verdad
y escondo la verdad de la mentira,
ya no me apasionan las letras,
ya no me dedico al aire, ni a la poesía.
Escribo solo, lo que oyí de madrugada...
Salta el odre a la piel desnuda de tus brazos,
hacia el zafiro en tus ojos, o el hielo de tu aliento,
el velo en tu cabellera, fulgor del aire, siempre exento,
como atleta hacia el ocaso, que a tu esencia, está exhausto.
Dos rubíes cristalinos, amorfos y perfectos,
que hablan sobre el aura, sus...
Estudié el plumaje de aquel cuervo,
oscuro y espeso, del hálito al viento,
como el canto del mar, o el álgido beso
que en tu corazón desenvainado, robaba al desprecio.
Y los grises en su eufonía y los gritos en su afonía,
armoniosos en canon de letras y tristeza,
bajo la clarividente mirada de...
Llévame hacia el horizonte...
Llévame hacia el horizonte perdido,
donde tus manos vuelan y deliran tus pestañas,
donde tus caderas bailan la sonata de media noche,
donde tu corazón se acorazado, envuelto en cobre.
Llévame hacia el horizonte andante
en donde el sol ya no aparece,
donde la...
Pienso, pienso, sigue luego el ''Hola'',
para la que existió sin existir,
para el oasis en sus parpados,
para el rubor de sus mejías.
Consagrada a la espléndida sonrisa,
que se fue sin llegar, o estar,
al recoplarse en sus pómulos,
y reaparecer en sus labios.
Tiempo después, sus retazos lloran...
Pienso, pienso, sigue luego el ''Hola'',
para la que existió sin existir,
para el oasis en sus parpados,
para el rubor de sus mejías.
Consagrada a la espléndida sonrisa,
que se fue sin llegar, o estar,
al recoplarse en sus pómulos,
y reaparecer en sus labios.
Tiempo después, sus retazos lloran...
Maravillosos versos mi querido amigo, sobre amores iguales y a la vez diferentes, pero que así, convergen todos en uno solo, tal como el fulgor de aquellos rayos a su sol... Saludos.Dan_Z.
Pienso, pienso, sigue luego el ''Hola'',
para la que existió sin existir,
para el oasis en sus parpados,
para el rubor de sus mejías.
Consagrada a la espléndida sonrisa,
que se fue sin llegar, o estar,
al recoplarse en sus pómulos,
y reaparecer en sus labios.
Tiempo después, sus retazos lloran...
Persiste aquella carta al obús de tus tormentas,
consternada en el silencio del que tus letras hablan;
Descrito en eterna prosa el donaire de tu cuerpo,
colateral a la afonía de tus pies sobre el cemento.
El severo compás de los latentes versos,
hirientes al semblante amoroso del dolor,
que...
El fuego bajando de las nubes está,
el magnetismo polar pues ya ha colapsado;
El hielo "aún'' trabajo sin problemas,
la historia poco a poco la ha matado.
La filosofía ya no existe: se ha extinto,
Quito no resiste más ya su cuerda;
''Eternamente famélica'', en su manuscrito:
''Me rindo, se fue...
Amo la luz oscura de sus ojos,
las lágrimas zigzagueantes en su rostro;
O el sútil destello de perfección,
que de carmín sus labios pinta.
El abrazo sofocante de su voz,
o el monócromo color de sus mejías
que entristecen y fehacen sobre las sombras
de un crepúsculo, amante de sus cabellos.
El...
Amo la luz oscura de sus ojos,
las lágrimas zigzagueantes en su rostro;
O el sútil destello de perfección,
que de carmín sus labios pinta.
El abrazo sofocante de su voz,
o el monócromo color de sus mejías
que entristecen y fehacen sobre las sombras
de un crepúsculo, amante de sus cabellos.
El...
Tus ojos me hablaban con el fuego
de mi Alma correspondida a tu Cielo;
¡Oh oscuridad! ¡Oh, magna soledad!
Transeunte de las sendas olvidadas.
Hacia levante, la oda de tu recuerdo
enriquecido al fulgor de aquella estrella muerta,
sostenido sobre el corazón de aquel libreto,
memoria de caudales...
Descenderá delirante el estéril viento,
propagando memorias falsas al vacío,
sintiendo la necesidad de su ausencia
y en falanges multiplicando aquel camino.
Distes luz en noches y sombras en los días,
Tu onírica existencia comarcó la realidad;
Fuiste siendo tú en el Universo de mis labios...