Tomasa
Poeta recién llegado
No va a lugar alguno y, sin embargo,
tampoco puede estarse nunca quieto;
poco importa tenerlo bien sujeto
cuando nos ha pasado ya de largo.
Dulce en la infancia, en la vejez amargo,
es memoria que tiembla en cada objeto;
a veces es conspicuo, otras discreto,
y siempre ha estado de la vida a cargo.
Miedo nos da su falta, es el tejido,
el límite final con que ha escogido
su frágil deambular nuestra consciencia.
Juez que no pudo sobornar el oro,
hay una cosa que de ti no ignoro:
el mundo absuelves al dictar sentencia.
tampoco puede estarse nunca quieto;
poco importa tenerlo bien sujeto
cuando nos ha pasado ya de largo.
Dulce en la infancia, en la vejez amargo,
es memoria que tiembla en cada objeto;
a veces es conspicuo, otras discreto,
y siempre ha estado de la vida a cargo.
Miedo nos da su falta, es el tejido,
el límite final con que ha escogido
su frágil deambular nuestra consciencia.
Juez que no pudo sobornar el oro,
hay una cosa que de ti no ignoro:
el mundo absuelves al dictar sentencia.