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Absueltos

Tomasa

Poeta recién llegado
No va a lugar alguno y, sin embargo,
tampoco puede estarse nunca quieto;
poco importa tenerlo bien sujeto
cuando nos ha pasado ya de largo.

Dulce en la infancia, en la vejez amargo,
es memoria que tiembla en cada objeto;
a veces es conspicuo, otras discreto,
y siempre ha estado de la vida a cargo.

Miedo nos da su falta, es el tejido,
el límite final con que ha escogido
su frágil deambular nuestra consciencia.

Juez que no pudo sobornar el oro,
hay una cosa que de ti no ignoro:
el mundo absuelves al dictar sentencia.
 
No va a lugar alguno y, sin embargo,
tampoco puede estarse nunca quieto;
poco importa tenerlo bien sujeto
cuando nos ha pasado ya de largo.

Dulce en la infancia, en la vejez amargo,
es memoria que tiembla en cada objeto;
a veces es conspicuo, otras discreto,
y siempre ha estado de la vida a cargo.

Miedo nos da su falta, es el tejido,
el límite final con que ha escogido
su frágil deambular nuestra consciencia.

Juez que no pudo sobornar el oro,
hay una cosa que de ti no ignoro:
el mundo absuelves al dictar sentencia.
Espero que el balance final sea positivo.
Un saludo, Tomasa.
 
No va a lugar alguno y, sin embargo,
tampoco puede estarse nunca quieto;
poco importa tenerlo bien sujeto
cuando nos ha pasado ya de largo.

Dulce en la infancia, en la vejez amargo,
es memoria que tiembla en cada objeto;
a veces es conspicuo, otras discreto,
y siempre ha estado de la vida a cargo.

Miedo nos da su falta, es el tejido,
el límite final con que ha escogido
su frágil deambular nuestra consciencia.

Juez que no pudo sobornar el oro,
hay una cosa que de ti no ignoro:
el mundo absuelves al dictar sentencia.

Es una adivinanza... el amor quizá, la libertan no porque estaría nunca quieta y no quieto, el destino si puede ser pero no creo, el tiempo..., podría ser la naturaleza que absuelve al mundo pero no al hombre, ya me gustaría pero es femenina.

Muy interesante el soneto además de bueno, me ha hecho pensar un buen rato.

Gracias por tu poema, Tomasa.

Un abrazo y a ver como entra el año que viene... llevamos una racha, mejor no mirar atrás, aunque si miras hacia delante parece verse a lo lejos un precipicio por el que nos despeñamos.
 
El tiempo, como el fuego, es el gran transformador. Soberbio poema. Luis
 
No va a lugar alguno y, sin embargo,
tampoco puede estarse nunca quieto;
poco importa tenerlo bien sujeto
cuando nos ha pasado ya de largo.

Dulce en la infancia, en la vejez amargo,
es memoria que tiembla en cada objeto;
a veces es conspicuo, otras discreto,
y siempre ha estado de la vida a cargo.

Miedo nos da su falta, es el tejido,
el límite final con que ha escogido
su frágil deambular nuestra consciencia.

Juez que no pudo sobornar el oro,
hay una cosa que de ti no ignoro:
el mundo absuelves al dictar sentencia.
Maravilla de soneto, profundo. Un gusto leerte. Feliz año nuevo.
 
No va a lugar alguno y, sin embargo,
tampoco puede estarse nunca quieto;
poco importa tenerlo bien sujeto
cuando nos ha pasado ya de largo.

Dulce en la infancia, en la vejez amargo,
es memoria que tiembla en cada objeto;
a veces es conspicuo, otras discreto,
y siempre ha estado de la vida a cargo.

Miedo nos da su falta, es el tejido,
el límite final con que ha escogido
su frágil deambular nuestra consciencia.

Juez que no pudo sobornar el oro,
hay una cosa que de ti no ignoro:
el mundo absuelves al dictar sentencia.
Bien expresado, Tomada. Un placer pasar por tus letras.
Abrazo.
 
Es una adivinanza... el amor quizá, la libertan no porque estaría nunca quieta y no quieto, el destino si puede ser pero no creo, el tiempo..., podría ser la naturaleza que absuelve al mundo pero no al hombre, ya me gustaría pero es femenina.

Muy interesante el soneto además de bueno, me ha hecho pensar un buen rato.

Gracias por tu poema, Tomasa.

Un abrazo y a ver como entra el año que viene... llevamos una racha, mejor no mirar atrás, aunque si miras hacia delante parece verse a lo lejos un precipicio por el que nos despeñamos.

Cómo me alegro, Maroc, de haber plantado con este soneto la semilla de tan fecundas reflexiones por tu parte. Gracias por tu visita. Un saludo.
 
No va a lugar alguno y, sin embargo,
tampoco puede estarse nunca quieto;
poco importa tenerlo bien sujeto
cuando nos ha pasado ya de largo.

Dulce en la infancia, en la vejez amargo,
es memoria que tiembla en cada objeto;
a veces es conspicuo, otras discreto,
y siempre ha estado de la vida a cargo.

Miedo nos da su falta, es el tejido,
el límite final con que ha escogido
su frágil deambular nuestra consciencia.

Juez que no pudo sobornar el oro,
hay una cosa que de ti no ignoro:
el mundo absuelves al dictar sentencia.


Maravilloso soneto, un placer pasar a dejar mi humilde huella.
Alfredo
 
No va a lugar alguno y, sin embargo,
tampoco puede estarse nunca quieto;
poco importa tenerlo bien sujeto
cuando nos ha pasado ya de largo.

Dulce en la infancia, en la vejez amargo,
es memoria que tiembla en cada objeto;
a veces es conspicuo, otras discreto,
y siempre ha estado de la vida a cargo.

Miedo nos da su falta, es el tejido,
el límite final con que ha escogido
su frágil deambular nuestra consciencia.

Juez que no pudo sobornar el oro,
hay una cosa que de ti no ignoro:
el mundo absuelves al dictar sentencia.
Excelentes letras Tomasa.
Siempre un gusto leerte.
Saludos.
 
Me ha gustado, tal vez porque al leerlo el desenlace no se me hace aparente. Tengo un amigo juez, ya retirándose. Igual que los cirujanos, lo que han visto requiere de un buen temple. Un gusto leerte.

Saludos cordiales.
No va a lugar alguno y, sin embargo,
tampoco puede estarse nunca quieto;
poco importa tenerlo bien sujeto
cuando nos ha pasado ya de largo.

Dulce en la infancia, en la vejez amargo,
es memoria que tiembla en cada objeto;
a veces es conspicuo, otras discreto,
y siempre ha estado de la vida a cargo.

Miedo nos da su falta, es el tejido,
el límite final con que ha escogido
su frágil deambular nuestra consciencia.

Juez que no pudo sobornar el oro,
hay una cosa que de ti no ignoro:
el mundo absuelves al dictar sentencia.
 
Me ha gustado, tal vez porque al leerlo el desenlace no se me hace aparente. Tengo un amigo juez, ya retirándose. Igual que los cirujanos, lo que han visto requiere de un buen temple. Un gusto leerte.

Saludos cordiales.

A diferencia del juez de carne y hueso, el tiempo se abstiene siempre de prevaricar, lo cual lo faculta, a través de sus designios, para ponernos a todos en el lugar justo que nos corresponde. Un cordial saludo.
 
No va a lugar alguno y, sin embargo,
tampoco puede estarse nunca quieto;
poco importa tenerlo bien sujeto
cuando nos ha pasado ya de largo.

Dulce en la infancia, en la vejez amargo,
es memoria que tiembla en cada objeto;
a veces es conspicuo, otras discreto,
y siempre ha estado de la vida a cargo.

Miedo nos da su falta, es el tejido,
el límite final con que ha escogido
su frágil deambular nuestra consciencia.

Juez que no pudo sobornar el oro,
hay una cosa que de ti no ignoro:
el mundo absuelves al dictar sentencia.
Intenso,intenso,intenso.Un poema muy interesante. Saludos. Bernardo de Valbuena
 

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