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Y volverá la tarde a ser hermosa
aunque yo ya no esté frente al ocaso
contemplando ese mar donde reposa
el sol que se despide paso a paso.
Se asomará la luna derramando
su manto plateado sobre el mar,
y seguirá las sombras dibujando
aunque yo ya no esté para mirar.
La noche dejará mi verso errante
que con la luz del alba morirá,
cenizas nada más de aquel instante
que el implacable tiempo borrará.
Más volveré a nacer para buscarte,
por el placer de amar después de amarte.
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