Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
A veces amanece tan tarde que ya es pasado mañana,
pero Romina deja que la ventana escape por los aires
y emprende un asalto al invierno
con sus pies pequeños enfundados en un baile.
Su sombra replica los racimos de su contoneo
tratando de sujetarse a las uvas de sus tobillos,
pero Romina se ha ido: la sonrisa le comió la boca
y la muselina de sus giros la ha envuelto en una fumarola
de queveres entre botones sueltos y peces amarillos.
A veces amanece tan temprano
que la madrugada dura un mes,
y Romina se achicopala al ver las caléndulas radiactivas
en la escala de grises de una fotocopia.
Pétalo tras pétalo se encierra en su cebolla,
se hunde en el sarro de la tina,
enjuaga su mirada con leche de combustión interna
y con un soplo de párpados apaga el pabilo de la última estrella:
solo dormida se olvida del miedo a quedarse dormida.
Si el cielo cantara, yo escucharía tu corazón,
yo misma lo cantaría hasta hacerme lluvia para lloverte, mi amor.
Romina escucha la brisa lozana de una canción morena:
—Mamá, despierta.
Y la luz que entra por las cortinas le enreda en las pestañas
un ritmo de pecho que vibra como una bachata
para que la mañana se levante a bailar con Romina
porque se está amaneciendo justo a tiempo
y el tiempo dura toda la vida.
pero Romina deja que la ventana escape por los aires
y emprende un asalto al invierno
con sus pies pequeños enfundados en un baile.
Su sombra replica los racimos de su contoneo
tratando de sujetarse a las uvas de sus tobillos,
pero Romina se ha ido: la sonrisa le comió la boca
y la muselina de sus giros la ha envuelto en una fumarola
de queveres entre botones sueltos y peces amarillos.
A veces amanece tan temprano
que la madrugada dura un mes,
y Romina se achicopala al ver las caléndulas radiactivas
en la escala de grises de una fotocopia.
Pétalo tras pétalo se encierra en su cebolla,
se hunde en el sarro de la tina,
enjuaga su mirada con leche de combustión interna
y con un soplo de párpados apaga el pabilo de la última estrella:
solo dormida se olvida del miedo a quedarse dormida.
Si el cielo cantara, yo escucharía tu corazón,
yo misma lo cantaría hasta hacerme lluvia para lloverte, mi amor.
Romina escucha la brisa lozana de una canción morena:
—Mamá, despierta.
Y la luz que entra por las cortinas le enreda en las pestañas
un ritmo de pecho que vibra como una bachata
para que la mañana se levante a bailar con Romina
porque se está amaneciendo justo a tiempo
y el tiempo dura toda la vida.
20 de julio de 2021
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