César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Al asomarme a la acera
la soledad. Una tumba maldita
llamándome.
Mis pasos resuenan contra el piso.
Seré una presencia vaga e intrascendente
para los que no soy nadie.
La mañana sigue siendo oscura. No amanece.
Solo falta que se me cruce de nuevo
el hijo de puta que carga la pistola
a cuenta de joven y animal.
Soy capaz de metérsela por el culo.
¡Si es que no me destroza el cerebro de un tiro primero!
Que se le ocurra, lo estoy esperando.
Al acercarme a la acera
bombillas encendidas y llovizna.
Hastío.
Rabia.
Despecho.
Me alejo muerto, como de costumbre.
la soledad. Una tumba maldita
llamándome.
Mis pasos resuenan contra el piso.
Seré una presencia vaga e intrascendente
para los que no soy nadie.
La mañana sigue siendo oscura. No amanece.
Solo falta que se me cruce de nuevo
el hijo de puta que carga la pistola
a cuenta de joven y animal.
Soy capaz de metérsela por el culo.
¡Si es que no me destroza el cerebro de un tiro primero!
Que se le ocurra, lo estoy esperando.
Al acercarme a la acera
bombillas encendidas y llovizna.
Hastío.
Rabia.
Despecho.
Me alejo muerto, como de costumbre.
Marzo y violento hastío, 2016. César Guevara.
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