El caminante

penabad57

Poeta veterano en el portal
Hoy camino por el cielo como un dron humano.

Bajo la lluvia, la ciudad se despierta.

Un estuario de calles, filamentos vivos,
hormigas de metal
excavan el día
en dirección a los trabajos.

Las ventanas, como ojos ambarinos,
son candiles que iluminan la jungla
donde el cazador es el tiempo,
veinticuatro horas
de un reloj
sin clemencia.

Junto a mí no hay ángeles,
luego no estoy en la madrugada de Berlín,
ni soy Bruno Ganz.

Qué pereza caminar de nuevo sobre el asfalto.
 
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Hoy camino por el cielo como un dron humano.

Bajo la lluvia, la ciudad se despierta.

Un estuario de calles, filamentos vivos,
hormigas de metal
excavan el día
en dirección a los trabajos.

Las ventanas, como ojos ambarinos,
son candiles que iluminan la jungla
donde el cazador es el tiempo,
las veinticuatro horas
de un reloj
sin clemencia.

Junto a mí no hay ángeles,
luego no estoy en la madrugada de Berlín,
ni soy Bruno Ganz.

Qué pereza caminar de nuevo sobre el asfalto.
Es el único modo de no atrofiarnos. Ánimo. Un abrazo, Ramón.
 
Hoy camino por el cielo como un dron humano.

Bajo la lluvia, la ciudad se despierta.

Un estuario de calles, filamentos vivos,
hormigas de metal
excavan el día
en dirección a los trabajos.

Las ventanas, como ojos ambarinos,
son candiles que iluminan la jungla
donde el cazador es el tiempo,
las veinticuatro horas
de un reloj
sin clemencia.

Junto a mí no hay ángeles,
luego no estoy en la madrugada de Berlín,
ni soy Bruno Ganz.

Qué pereza caminar de nuevo sobre el asfalto.
La dureza del asfalto, de su negro ir y venir a todas horas, sin mirar por encima del artificio de la luz, del metal de un árbol sin ojos. Me gustó mucho tu poema. Abrazos afectuosos.
 
Hoy camino por el cielo como un dron humano.

Bajo la lluvia, la ciudad se despierta.

Un estuario de calles, filamentos vivos,
hormigas de metal
excavan el día
en dirección a los trabajos.

Las ventanas, como ojos ambarinos,
son candiles que iluminan la jungla
donde el cazador es el tiempo,
veinticuatro horas
de un reloj
sin clemencia.

Junto a mí no hay ángeles,
luego no estoy en la madrugada de Berlín,
ni soy Bruno Ganz.

Qué pereza caminar de nuevo sobre el asfalto.


Éste podría ser perfectamente un poema urbano, encajaría mejor que en filosóficos, si lo deseas, puedo moverlo.

Saludos,

Palmira
 
Hoy camino por el cielo como un dron humano.

Bajo la lluvia, la ciudad se despierta.

Un estuario de calles, filamentos vivos,
hormigas de metal
excavan el día
en dirección a los trabajos.

Las ventanas, como ojos ambarinos,
son candiles que iluminan la jungla
donde el cazador es el tiempo,
veinticuatro horas
de un reloj
sin clemencia.

Junto a mí no hay ángeles,
luego no estoy en la madrugada de Berlín,
ni soy Bruno Ganz.

Qué pereza caminar de nuevo sobre el asfalto.
El poema me ha transmitido agobio, desasosiego. Es una cruda descripción de nuestro día a día.

Muchas gracias por compartirlo
 
Hoy camino por el cielo como un dron humano.

Bajo la lluvia, la ciudad se despierta.

Un estuario de calles, filamentos vivos,
hormigas de metal
excavan el día
en dirección a los trabajos.

Las ventanas, como ojos ambarinos,
son candiles que iluminan la jungla
donde el cazador es el tiempo,
veinticuatro horas
de un reloj
sin clemencia.

Junto a mí no hay ángeles,
luego no estoy en la madrugada de Berlín,
ni soy Bruno Ganz.

Qué pereza caminar de nuevo sobre el asfalto.

Caminas bajo ese cielo contaminado y sucio de la gran urbe mientras el tiempo pasa sin clemencia, aunque es preferible vivir el presente.

Me ha gustado mucho tu poema, gracias por escribirlo.

Un abrazo en este día festivo (no para todos; no hay fiesta en la ciudad de Jan Yuni).
 
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