Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te contemplo
mientras te peinas
frente al espejo.
Los mismos movimientos,
los conocidos gestos
que acarician y ordenan
cada mechón de tu pelo.
Como hace cuarenta años,
desde que nos conocemos.
Te miras fijamente,
colocas el cabello,
la goma, las horquillas,
por último el coletero.
Te miro, una vez, otra,
y te encuentro
como cada día, como siempre,
como te veo, como te sueño.
Un canto que perdura,
un hermoso silencio,
en el que mirarnos,
en el que querernos.
mientras te peinas
frente al espejo.
Los mismos movimientos,
los conocidos gestos
que acarician y ordenan
cada mechón de tu pelo.
Como hace cuarenta años,
desde que nos conocemos.
Te miras fijamente,
colocas el cabello,
la goma, las horquillas,
por último el coletero.
Te miro, una vez, otra,
y te encuentro
como cada día, como siempre,
como te veo, como te sueño.
Un canto que perdura,
un hermoso silencio,
en el que mirarnos,
en el que querernos.
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