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tengo los sueños a flor de piel
sombras azuladas
desfilando más allá de la mente
mezclándose con tonos rosados
flamencos
peluches
loros
gatos
golosinas que comparto
con tu boca,
uñas que recorren
el cuerpo dislocado
tiempo para sentir todo adentro
hasta que reviente.
Uyyy… estas muy Pizarnik, hasta reventar con todo incluso con las venas
Cariños.
soy la naufraga
que mira las gaviotas muertas
hundiéndose en el aire azulado,
muchos instantes y nada
en las corrientes de arena
violentamente
arrancada del silencio dorado,
iba a decir adiós
pero no tengo manos,
te quería a dar un beso
pero tengo dos cartones
por labios
y en la lengua una jaula soleada,
más allá el faro de una isla monótona
inclinándose, derretido.
¿Esto te pareció Pizarnik?
Cuando mencionas la jaula... te parecerías mas a Stormi...
Y con respecto a eso, las 2 últimas obras con algunos retoques encajarían muy bien ahí
Fenómeno climático
Mi tierra siempre fue de clima húmedo, muy húmedo, digamos que el sol muy pocas veces se asoma, lo que prevalece es la soledad goteando desamparos en las articulaciones de los ancianos. Con decir que doña Marta, casi de 80 años, la otra vez se fue de traste al suelo por el tema mencionado, y ni siquiera las ratas que abundan en mi barrio, vinieron a ayudarla. Pero este fenómeno de soledad y desamparo no sólo se huele en el aire y afecta a los abuelos. También los jóvenes lo sufren. Yo no sabría: ¿quiénes sufren más sus síntomas?, ¿si los jóvenes o los ancianos? Es que los jóvenes sienten una asfixia agobiante por tanta húmeda soledad que se exilian en sus cuartos, y a los pocos minutos salen en un inmenso diluvio, derribando puertas y ventanas, arrastrados como si fueran peces al abandono de Dios. Muchos de estos jóvenes mueren en la acera más soleada. Sin dudas, el sol también cumple un rol irónico en todo esto, ya que únicamente sale y les sonríe en el momento que ellos están muriendo. El lado positivo de esto es que, por lo menos, una vez antes de morir sienten como se seca la humedad que llevan en sus entrañas.
Los especialistas no saben cómo contrarrestar estos terribles efectos ambientales que produce la humedad. Pero, como un intento con pocas esperanzas, aconsejan que los ancianos se busquen alguna mascota adiestrada para ayudarlos a la hora de sufrir estas dolencias o para que vayan en busca de la ayuda necesaria. También dicen que esas mascotas, en lo posible, sean caninos, ya que son más fieles y compasivos que los hombres, de no conseguir canes que se busquen un hámster que por un poco de agua y comida, y una rueda para correr un rato son más cariñosos que cualquier persona.
Y con respecto a los jóvenes, les sugieren que encuentren lo más rápido posible alguna buena mujer que les eleve la temperatura corporal y que les seque el frío húmedo del corazón. Y en menor medida, que sepa lavar y planchar en seco el traje de sus almas.
En la calle Alberdi, todos los sábados se dictan cursos de prevención contra la húmeda soledad que tanto nos aflige.
Cómo no, mi clima es húmedo. Desde la parte frontal hasta la trasera. Mansión gótica y choza prehistórica. No deja de llover, aunque el parte metereológico diga lo contrario. Lleven plumas de hielo y flores de cerezo. Cae lluvia antigua dentro de todo lo que se deja. Granizo de agua limón. Danas tan apocalípticas como la parte frontal, turgente. Lleven sueños de pesadillas con tono de muñecosis que son pesadillas de sueños. Un poco más abajo sale todo hacia afuera de lo que entró húmedo. Y los australopithecus aprenden a poetizar en prosa para no extinguirse en un testamento seco. Se perpetua la especie húmeda y lluviosa. Tan verde como lo fue el Sáhara una vez. Tan negra como el basalto. Inundaciones que se lo llevan todo hacia la rambla del nunca que quiere ser siempre. Definitivamente mi clima es húmedo, selvático. Asalvajada por todos los lados.
Mañana ya veré por donde sale el Sol.
La calle es Alberdi 642, tercer piso. Entre Alberdi y Colón. Los cursos se dictan al mediodía, a las 12 en punto. Te aconsejo que vayas temprano sino se abarrota de gente. Claro… “temprano” si la resaca te lo permite. Sino esta el 0 810 para llamar pero, claro, las incompetentes sicopedagogas no creo que por una simple llamada te salven de morir ahogada por tantos litros de humedad que como todos “los ahogados” por tantos años almacenamos. ;P
Ah esto era para mí… ni lo había notado.soy la naufraga
que mira las gaviotas muertas
hundiéndose en el aire azulado,
muchos instantes y nada
en las corrientes de arena
violentamente
arrancada del silencio dorado,
iba a decir adiós
pero no tengo manos,
te quería a dar un beso
pero tengo dos cartones
por labios
y en la lengua una jaula soleada,
más allá el faro de una isla monótona
inclinándose, derretido.
¿Esto te pareció Pizarnik?
y con respecto a la prosa... lo que propuse antes, no, no me olvidé.
“Retomando la prosa”
Enciendo un cigarrillo, bebo un sorbo largo de whisky y leo un poema anónimo, hasta ahora completamente desconocido para mí. Un poema de algún fulano con deseos de artista, con un sueño que aún no llegó tan alto para sentir el golpe de la caída.
Mientras leo me adentro en la misteriosa trama que habla de un poeta que está sentado en la cúpula de un rascacielos de la ciudad de Buenos Aires en una noche de punzantes estrellas, en donde la ebria luna intenta seducir al galante verano, pero la luna está muy borracha y harapienta, y el verano es todo un señorito francés que ni la hora le da.
También hay otras figuras sobresaliendo del texto como un gato en un tejado maullando lágrimas eternas de humanidad, una golondrina temerosa que no sabe volar y no se anima a lanzarse de la cornisa ni siquiera por su idea preconcebida del suicidio, un ruiseñor nocturno que canta una estrofa sin rima de una lírica renacentista, un par de niños que juegan a tientas el rito de los huérfanos silencios sabiendo que con cualquier simple movimiento se caerán al vacío y una mujer, una solitaria y joven mujer de la que todos se enamorarían al verla, incluso las mujeres.
Lo que cualquier lector jamás podría saber es que esa joven mujer va a morir de soledad aún más joven de lo que es, que el par de niños no son otra cosa que unos viejos inmaduros, pero sin infancia, que el ruiseñor tiene alma de cuervo y que de poesía ni de canto sabe nada, que la golondrina ya se suicidó con una sonrisa en su cara porque así consiguió curarse del cáncer alquitranado del fracaso, que aquel gato fue una querida mascota que enterré hace un par de años, que la luna es una metáfora de mi pobre hermana, la cual jamás pudo ir al colegio porque nuestra familia vivía en una condición muy precaria, y que el verano era el joven, rico, educado y refinado de nuestro barrio, y que la noche de punzantes estrellas son las cicatrices que nos dejan los años…
Finalmente, cuando me doy cuenta de todo esto, dejo de leer y cierro el libro para ver que estoy sentado sobre la cornisa del rascacielos más alto de la ciudad.
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