La inspiración que buscas cada día
la encontrarás en la caduca hoja,
pues cambia de color y melodía
de acuerdo a la estación que la recoja.
La atisbarás de lleno en los visillos
de espuma que en la costa están colgados,
bordados por las hordas de cuchillos
que vienen por los vientos, afilados.
El astro puede ser la ansiada cura
debido a cuatro puestas diferentes,
mostradas cuando el cielo no es montura
de nubes con semillas inclementes.
El alma curvilínea y asiento
de más de siete octavas de marfil,
será, si la acaricias, el sustento
que mantenga a la musa en tu cubil.
Tu tiento a la vestida en palo santo
y de tripas trenzadas de seis cuerdas,
hará que te liberes del espanto
de haber perdido el don que no recuerdas.
La magia de la flauta travesera
te invocará sentidos del pasado,
cuando apagabas la penosa espera
con versos emergidos del costado.
Una estación abandonada y fría
y en medio de la nada fue la musa
de antiguos pasajeros y la vía
de escape para el hombre de su gusa.
Un río sobre un lecho serpenteante
que acoge las pisadas peregrinas,
el resurgir será de lo abundante
si el mismo río azul tú lo caminas.
El lecho de riberas escarpadas
y espejo de las mismas, tras la bruma,
da vida a las vertientes empapadas
de ubres verdes, y al trazo de tu pluma.
Sus cañones no son para la muerte,
sino para que plasmes en su falda
el lienzo de los granos que convierte
el vinatero en caldos esmeralda.
Y si todo lo escrito no es bastante
seguro que en la tierra donde moras
hallarás una estampa semejante
que puede despertar lo que atesoras.
Gavase
la encontrarás en la caduca hoja,
pues cambia de color y melodía
de acuerdo a la estación que la recoja.
La atisbarás de lleno en los visillos
de espuma que en la costa están colgados,
bordados por las hordas de cuchillos
que vienen por los vientos, afilados.
El astro puede ser la ansiada cura
debido a cuatro puestas diferentes,
mostradas cuando el cielo no es montura
de nubes con semillas inclementes.
El alma curvilínea y asiento
de más de siete octavas de marfil,
será, si la acaricias, el sustento
que mantenga a la musa en tu cubil.
Tu tiento a la vestida en palo santo
y de tripas trenzadas de seis cuerdas,
hará que te liberes del espanto
de haber perdido el don que no recuerdas.
La magia de la flauta travesera
te invocará sentidos del pasado,
cuando apagabas la penosa espera
con versos emergidos del costado.
Una estación abandonada y fría
y en medio de la nada fue la musa
de antiguos pasajeros y la vía
de escape para el hombre de su gusa.
Un río sobre un lecho serpenteante
que acoge las pisadas peregrinas,
el resurgir será de lo abundante
si el mismo río azul tú lo caminas.
El lecho de riberas escarpadas
y espejo de las mismas, tras la bruma,
da vida a las vertientes empapadas
de ubres verdes, y al trazo de tu pluma.
Sus cañones no son para la muerte,
sino para que plasmes en su falda
el lienzo de los granos que convierte
el vinatero en caldos esmeralda.
Y si todo lo escrito no es bastante
seguro que en la tierra donde moras
hallarás una estampa semejante
que puede despertar lo que atesoras.
Gavase
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