Los fuertes

Fingal

Poeta adicto al portal
Los fuertes

(Variación semiinconsciente de agnus dei, Jesús Urceloy)

Los fuertes se sientan a la mesa de Dios,
exhiben en sus casas trofeos disecados,
pisan la tierra como gigantes de alambrada y pólvora,
queman las ideas y se pintan los labios con los restos.
Han renunciado al derecho a la duda,
saben quién debe morir.

Los fuertes calculan el dolor de los enfermos,
minan las aceras,
hipotecan los escombros,
cargan el futuro en las espaldas de los ríos.
Pagan los favores a precio de mercado,
pagan la ley,
pagan el amor.
Aprenden desde niños el valor de un arma,
el encanto de los himnos,
la longitud y la textura de los látigos.

Los fuertes esperan a que les abras la puerta,
comen de tu postre,
aprietan cuando dan la mano.
Confunden el mérito y la herencia,
la inteligencia y el egoísmo,
la ética y el hambre.
Hieren cuando sonríen,
niegan cuando juran,
humillan cuando perdonan.
Roban la piel de las esquinas
y fotografían su desnudo.

Los fuertes someten al espejo,
cambian de coche y móvil según el calendario,
tienen familias perfectas en Facebook.
Siempre adelantan,
siempre suben,
siempre ganan en la bolsa.
Hablan para callarte,
comen hasta que les duele,
escupen más lejos.
Siempre tienen ganas de follar.

Los fuertes iluminan la noche con carteles de insomnio,
temen la voz de los borrachos,
el fondo de los cajones,
las flores que huyen bajo el pavimento.
Tiemblan al paso de los trenes,
se agarran a las sábanas como náufragos del tiempo
y sueñan con un día sin taxímetros.

Los fuertes besan a sus hijos a escondidas,
acarician bajo la camisa su primer libro de cuentos
y las cicatrices de sus alas,
guardan sus lágrimas como reliquias.

Se nombran en sus oraciones.
Responden los gusanos.
 
En realidad esos "fuertes" son los más débiles, pero como supongo que ya bien sabes, las apariencias engañan, o "dime de qué presumes y..."
Excelente poema, Álvaro. Mis felicitaciones y abrazo.
 
Los fuertes

(Variación semiinconsciente de agnus dei, Jesús Urceloy)

Los fuertes se sientan a la mesa de Dios,
exhiben en sus casas trofeos disecados,
pisan la tierra como gigantes de alambrada y pólvora,
queman las ideas y se pintan los labios con los restos.
Han renunciado al derecho a la duda,
saben quién debe morir.

Los fuertes calculan el dolor de los enfermos,
minan las aceras,
hipotecan los escombros,
cargan el futuro en las espaldas de los ríos.
Pagan los favores a precio de mercado,
pagan la ley,
pagan el amor.
Aprenden desde niños el valor de un arma,
el encanto de los himnos,
la longitud y la textura de los látigos.

Los fuertes esperan a que les abras la puerta,
comen de tu postre,
aprietan cuando dan la mano.
Confunden el mérito y la herencia,
la inteligencia y el egoísmo,
la ética y el hambre.
Hieren cuando sonríen,
niegan cuando juran,
humillan cuando perdonan.
Roban la piel de las esquinas
y fotografían su desnudo.

Los fuertes someten al espejo,
cambian de coche y móvil según el calendario,
tienen familias perfectas en Facebook.
Siempre adelantan,
siempre suben,
siempre ganan en la bolsa.
Hablan para callarte,
comen hasta que les duele,
escupen más lejos.
Siempre tienen ganas de follar.

Los fuertes iluminan la noche con carteles de insomnio,
temen la voz de los borrachos,
el fondo de los cajones,
las flores que huyen bajo el pavimento.
Tiemblan al paso de los trenes,
se agarran a las sábanas como náufragos del tiempo
y sueñan con un día sin taxímetros.

Los fuertes besan a sus hijos a escondidas,
acarician bajo la camisa su primer libro de cuentos
y las cicatrices de sus alas,
guardan sus lágrimas como reliquias.

Se nombran en sus oraciones.
Responden los gusanos.
Buenos días
Un placer ver tus letras entre las mías
Gracias por compartirlas
Un saludo
 
Los fuertes

(Variación semiinconsciente de agnus dei, Jesús Urceloy)

Los fuertes se sientan a la mesa de Dios,
exhiben en sus casas trofeos disecados,
pisan la tierra como gigantes de alambrada y pólvora,
queman las ideas y se pintan los labios con los restos.
Han renunciado al derecho a la duda,
saben quién debe morir.

Los fuertes calculan el dolor de los enfermos,
minan las aceras,
hipotecan los escombros,
cargan el futuro en las espaldas de los ríos.
Pagan los favores a precio de mercado,
pagan la ley,
pagan el amor.
Aprenden desde niños el valor de un arma,
el encanto de los himnos,
la longitud y la textura de los látigos.

Los fuertes esperan a que les abras la puerta,
comen de tu postre,
aprietan cuando dan la mano.
Confunden el mérito y la herencia,
la inteligencia y el egoísmo,
la ética y el hambre.
Hieren cuando sonríen,
niegan cuando juran,
humillan cuando perdonan.
Roban la piel de las esquinas
y fotografían su desnudo.

Los fuertes someten al espejo,
cambian de coche y móvil según el calendario,
tienen familias perfectas en Facebook.
Siempre adelantan,
siempre suben,
siempre ganan en la bolsa.
Hablan para callarte,
comen hasta que les duele,
escupen más lejos.
Siempre tienen ganas de follar.

Los fuertes iluminan la noche con carteles de insomnio,
temen la voz de los borrachos,
el fondo de los cajones,
las flores que huyen bajo el pavimento.
Tiemblan al paso de los trenes,
se agarran a las sábanas como náufragos del tiempo
y sueñan con un día sin taxímetros.

Los fuertes besan a sus hijos a escondidas,
acarician bajo la camisa su primer libro de cuentos
y las cicatrices de sus alas,
guardan sus lágrimas como reliquias.

Se nombran en sus oraciones.
Responden los gusanos.
Me encantó el poema. De lo mejor que he leido en el foro últimamente. Gracias por el placer.
 
A mí también me ha gustado el poema aunque eso de que siempre tienen ganas de follar creo que es relativo.
 
Los fuertes

(Variación semiinconsciente de agnus dei, Jesús Urceloy)

Los fuertes se sientan a la mesa de Dios,
exhiben en sus casas trofeos disecados,
pisan la tierra como gigantes de alambrada y pólvora,
queman las ideas y se pintan los labios con los restos.
Han renunciado al derecho a la duda,
saben quién debe morir.

Los fuertes calculan el dolor de los enfermos,
minan las aceras,
hipotecan los escombros,
cargan el futuro en las espaldas de los ríos.
Pagan los favores a precio de mercado,
pagan la ley,
pagan el amor.
Aprenden desde niños el valor de un arma,
el encanto de los himnos,
la longitud y la textura de los látigos.

Los fuertes esperan a que les abras la puerta,
comen de tu postre,
aprietan cuando dan la mano.
Confunden el mérito y la herencia,
la inteligencia y el egoísmo,
la ética y el hambre.
Hieren cuando sonríen,
niegan cuando juran,
humillan cuando perdonan.
Roban la piel de las esquinas
y fotografían su desnudo.

Los fuertes someten al espejo,
cambian de coche y móvil según el calendario,
tienen familias perfectas en Facebook.
Siempre adelantan,
siempre suben,
siempre ganan en la bolsa.
Hablan para callarte,
comen hasta que les duele,
escupen más lejos.
Siempre tienen ganas de follar.

Los fuertes iluminan la noche con carteles de insomnio,
temen la voz de los borrachos,
el fondo de los cajones,
las flores que huyen bajo el pavimento.
Tiemblan al paso de los trenes,
se agarran a las sábanas como náufragos del tiempo
y sueñan con un día sin taxímetros.

Los fuertes besan a sus hijos a escondidas,
acarician bajo la camisa su primer libro de cuentos
y las cicatrices de sus alas,
guardan sus lágrimas como reliquias.

Se nombran en sus oraciones.
Responden los gusanos.


¡Magnífico! de lo mejor que he leído en este foro.
Isabel
 
En realidad esos "fuertes" son los más débiles, pero como supongo que ya bien sabes, las apariencias engañan, o "dime de qué presumes y..."
Excelente poema, Álvaro. Mis felicitaciones y abrazo

Muchas gracias, Luis. No sé, en mi cabeza no me imagino a esos fuertes más débiles que los demás. Los veo igual de vulnerables que cualquiera como individuos aislados e igualmente necesitados de una sociedad, un colectivo que ofrece, aparte de enormes beneficios, protección.

Por eso no me gustan mentalidades en las que por un lado se recibe ese beneficio pero por otro lado parece que se está dispuesto a mantener el juego o las reglas de competición de la naturaleza, tratando a otros miembros de la sociedad sin la debida consideración.

Un abrazo,

Álvaro
 
Los fuertes

(Variación semiinconsciente de agnus dei, Jesús Urceloy)

Los fuertes se sientan a la mesa de Dios,
exhiben en sus casas trofeos disecados,
pisan la tierra como gigantes de alambrada y pólvora,
queman las ideas y se pintan los labios con los restos.
Han renunciado al derecho a la duda,
saben quién debe morir.

Los fuertes calculan el dolor de los enfermos,
minan las aceras,
hipotecan los escombros,
cargan el futuro en las espaldas de los ríos.
Pagan los favores a precio de mercado,
pagan la ley,
pagan el amor.
Aprenden desde niños el valor de un arma,
el encanto de los himnos,
la longitud y la textura de los látigos.

Los fuertes esperan a que les abras la puerta,
comen de tu postre,
aprietan cuando dan la mano.
Confunden el mérito y la herencia,
la inteligencia y el egoísmo,
la ética y el hambre.
Hieren cuando sonríen,
niegan cuando juran,
humillan cuando perdonan.
Roban la piel de las esquinas
y fotografían su desnudo.

Los fuertes someten al espejo,
cambian de coche y móvil según el calendario,
tienen familias perfectas en Facebook.
Siempre adelantan,
siempre suben,
siempre ganan en la bolsa.
Hablan para callarte,
comen hasta que les duele,
escupen más lejos.
Siempre tienen ganas de follar.

Los fuertes iluminan la noche con carteles de insomnio,
temen la voz de los borrachos,
el fondo de los cajones,
las flores que huyen bajo el pavimento.
Tiemblan al paso de los trenes,
se agarran a las sábanas como náufragos del tiempo
y sueñan con un día sin taxímetros.

Los fuertes besan a sus hijos a escondidas,
acarician bajo la camisa su primer libro de cuentos
y las cicatrices de sus alas,
guardan sus lágrimas como reliquias.

Se nombran en sus oraciones.
Responden los gusanos.


Creo que todo depende del hábitat, del contexto en que se halle el fuerte; si lo cambias a otro hábitat, puede que pase a ser el débil, incluso les pasa a los animales y a las plantas.

Estoy de acuerdo con comentarios anteriores. Es un gran poema.

Salud2, compañero.
 
Creo que todo depende del hábitat, del contexto en que se halle el fuerte; si lo cambias a otro hábitat, puede que pase a ser el débil, incluso les pasa a los animales y a las plantas.

Estoy de acuerdo con comentarios anteriores. Es un gran poema.

Salud2, compañero.

Efectivamente, Évano. Generalizando la idea, diría que ese ser fuerte o sentirse fuerte es en muchos casos circunstancial. Muchas gracias por el comentario.
 
Existen los privilegios y los privelgiados. Hay quien piensa que el mundo está dirigido por unos gobernantes anónimos que ostentan un poder omnímodo. Pero cuando ves a los talibanes entrar con tanta facilidad en Kabul pones en duda que los fuertes sean tan fuertes y empiezas a creer más en la fortaleza de otras estructuras atávicas, como el patriarcado. El poema es buenísimo. Un saludo
 
Los fuertes

(Variación semiinconsciente de agnus dei, Jesús Urceloy)

Los fuertes se sientan a la mesa de Dios,
exhiben en sus casas trofeos disecados,
pisan la tierra como gigantes de alambrada y pólvora,
queman las ideas y se pintan los labios con los restos.
Han renunciado al derecho a la duda,
saben quién debe morir.

Los fuertes calculan el dolor de los enfermos,
minan las aceras,
hipotecan los escombros,
cargan el futuro en las espaldas de los ríos.
Pagan los favores a precio de mercado,
pagan la ley,
pagan el amor.
Aprenden desde niños el valor de un arma,
el encanto de los himnos,
la longitud y la textura de los látigos.

Los fuertes esperan a que les abras la puerta,
comen de tu postre,
aprietan cuando dan la mano.
Confunden el mérito y la herencia,
la inteligencia y el egoísmo,
la ética y el hambre.
Hieren cuando sonríen,
niegan cuando juran,
humillan cuando perdonan.
Roban la piel de las esquinas
y fotografían su desnudo.

Los fuertes someten al espejo,
cambian de coche y móvil según el calendario,
tienen familias perfectas en Facebook.
Siempre adelantan,
siempre suben,
siempre ganan en la bolsa.
Hablan para callarte,
comen hasta que les duele,
escupen más lejos.
Siempre tienen ganas de follar.

Los fuertes iluminan la noche con carteles de insomnio,
temen la voz de los borrachos,
el fondo de los cajones,
las flores que huyen bajo el pavimento.
Tiemblan al paso de los trenes,
se agarran a las sábanas como náufragos del tiempo
y sueñan con un día sin taxímetros.

Los fuertes besan a sus hijos a escondidas,
acarician bajo la camisa su primer libro de cuentos
y las cicatrices de sus alas,
guardan sus lágrimas como reliquias.

Se nombran en sus oraciones.
Responden los gusanos.

Qué
fuerte
me
parece!

Buen
trabajo.

Me gustó.

Tengo que decir que los fuertes de verdad existen, aunque nos pueda parecer mentira, aunque nos joda, aunque no nos necesiten, ojo, pero no son tantos como pudiera parecer.

Saludos cordiales
 
Los fuertes

(Variación semiinconsciente de agnus dei, Jesús Urceloy)

Los fuertes se sientan a la mesa de Dios,
exhiben en sus casas trofeos disecados,
pisan la tierra como gigantes de alambrada y pólvora,
queman las ideas y se pintan los labios con los restos.
Han renunciado al derecho a la duda,
saben quién debe morir.

Los fuertes calculan el dolor de los enfermos,
minan las aceras,
hipotecan los escombros,
cargan el futuro en las espaldas de los ríos.
Pagan los favores a precio de mercado,
pagan la ley,
pagan el amor.
Aprenden desde niños el valor de un arma,
el encanto de los himnos,
la longitud y la textura de los látigos.

Los fuertes esperan a que les abras la puerta,
comen de tu postre,
aprietan cuando dan la mano.
Confunden el mérito y la herencia,
la inteligencia y el egoísmo,
la ética y el hambre.
Hieren cuando sonríen,
niegan cuando juran,
humillan cuando perdonan.
Roban la piel de las esquinas
y fotografían su desnudo.

Los fuertes someten al espejo,
cambian de coche y móvil según el calendario,
tienen familias perfectas en Facebook.
Siempre adelantan,
siempre suben,
siempre ganan en la bolsa.
Hablan para callarte,
comen hasta que les duele,
escupen más lejos.
Siempre tienen ganas de follar.

Los fuertes iluminan la noche con carteles de insomnio,
temen la voz de los borrachos,
el fondo de los cajones,
las flores que huyen bajo el pavimento.
Tiemblan al paso de los trenes,
se agarran a las sábanas como náufragos del tiempo
y sueñan con un día sin taxímetros.

Los fuertes besan a sus hijos a escondidas,
acarician bajo la camisa su primer libro de cuentos
y las cicatrices de sus alas,
guardan sus lágrimas como reliquias.

Se nombran en sus oraciones.
Responden los gusanos.
También pueden ser un grupo pequeño que tienen buen ojo para detectar y aprovechar las debilidades de una mayoría servidas en bandeja.
Un abrazo, Fingal.
 

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