Nada que objetar y mucho que exaltar en este inmenso poema. Arropado de un clasicismo impecable no puedo más que aplaudir hasta la extenuación. Felicidades, Pablo, por tan encomiable logro.
Un abrazo.
Muchas gracias, Vicente. Tus comentarios siempre son una deseada agua de mayo.
Aunque te he saltado en el orden de los comentarios, quiero aprovechar el tuyo para hablar un poco de esta colección de sonetos negros, que doy por cerrada, y de su carácter negro, según lo que prometí a Juan Ramón no hace mucho:
Espero que cuando consideres acabada la serie cumplas tu promesa de explicar algo más sobre lo de "negro" de estos sonetos, que ya suponía yo que tenía algo más aparte de lo de "oscuro lenguaje" y es algo que me tiene muy intrigado.
La serie completa de "Sonetos negros" queda así:
- No por resucitar cada mañana
- Tras el escaparate -tras la aurora
- ¡Qué mañana de sol y primavera
- Desconoce el cristal el cristal duro
- Por más luz que a mis ojos reducida
- Ya poeta sin luna y sin lucero
- Una esperanza flota en la laguna
He desechado el que comienza "
¿Qué encontraré, polvo de tul, qué espero".
Estos sonetos negros proceden de esta afirmación:
"Todo lo que tiene sonidos negros tiene duende"
La cita pertenece a uno de los textos más fascinantes de García Lorca: su conferencia "Teoría y juego del duende". La cita completa es:
En toda Andalucía, roca de Jaén y caracola de Cádiz, la gente habla constantemente del duende y lo descubre en cuanto sale con instinto eficaz. El maravilloso cantaor El Lebrijano, creador de la Debla, decía: "Los días que yo canto con duende no hay quien pueda conmigo"; la vieja bailarina gitana La Malena exclamó un día oyendo tocar a Brailowsky un fragmento de Bach: "¡Ole! ¡Eso tiene duende!", y estuvo aburrida con Gluck y con Brahms y con Darius Milhaud. Y Manuel Torres, el hombre de mayor cultura en la sangre que he conocido, dijo, escuchando al propio Falla su Nocturno del Generalife, esta espléndida frase: "Todo lo que tiene sonidos negros tiene duende". Y no hay verdad más grande.
En esa conferencia Federico habla, con exquisita poesía en prosa, del problema clásico del binomio apolíneo-dionisíaco en el arte. Pero lo hace, digámoslo así, con un formalismo propio que no es el que manejamos desde Nietzsche, ni el clásico que tenemos sobre la mesa al menos desde Hanslick.
Federico distingue tres fuentes de inspiración (no me gusta llamarlo así) o tres modos de encauzar la inspiración (tampoco me gusta: él habla de tres arcos como tres hornacinas de iglesia): la musa, el ángel y el duende.
En la conferencia pone ejemplos de artistas en los que encontramos musa, ángel o duende. Gonzalo de Berceo y Góngora tienen musa; el arcipreste de Hita y Garcilaso, ángel; el duende lo encontramos en Jorge Manrique, Cervantes y Quevedo.
Pues bien, a partir de ahí mi idea fue: voy a intentar provocar al duende para que aparezca y embista, y trataré de capturarlo en una red de geometría gongorina, según lo que dice Federico en la conferencia empleando, como ejemplo, la tauromaquia:
En los toros [el duende] adquiere sus acentos más impresionantes, porque tiene que luchar, por un lado, con la muerte, que puede destruirlo, y por otro lado, con la geometría, con la medida, base fundamental de la fiesta.
Mirad cómo tenemos el mismo dilema: equilibrio entre inspiración brava e incontrolable y perfección formal.
En otras palabras: me propuse despojar el molde cultista de los colores brillantes con que lo colmó Góngora para llenarlo con sonidos negros. Ese es el propósito de estos sonetos.
Es algo que ya hicieron Quevedo y Cervantes:
Duende de Quevedo y duende de Cervantes, con verdes anémonas de fósforo el uno, y flores de yeso de Ruidera el otro, coronan el retablo del duende de España.
Pero, para mi gusto, a ellos les falta algo fundamental: la luz mediterránea. Porque hace falta la luz para ver la oscuridad: negro no destaca sobre negro. En cambio, el negro iluminado por la luz es aun más negro.
Ése es el punto de partida de la estética de estos poemas. Como veis, con esta concepción "negro" no equivale a "oscuro, impenetrable" (como rasgo de estilo), algo que ya comentábamos hace poco.
Ése era mi objetivo: vosotros diréis si lo he conseguido o, al menos, me he acercado. Yo no tengo perspectiva para juzgarlo. Ya me diréis. Saludos.