Supón por un minuto que no escribo,
ni que lanzo mi red o arpón a peces.
Es verdad que me miento pocas veces
y poco se condice en mi recibo.
Los muros de prejuicios no derribo.
Mis dichos son verdugos y mis jueces.
Confundo poco ruido y muchas nueces.
Mi pie no logra dar con el estribo.
Si mi silencio dice más por cuanto
incumple, entonces, rompo con los votos
que me han hecho de ti demonio santo.
Puñados de presentes hoy remotos
se anulan, ya sin risa y sin encanto
en vacíos que ahora son devotos.