Un hombre invisible

Monje Mont

Poeta reconocido en el portal
UN HOMBRE INVISIBLE


Infectado de invisibilidad su voz se hizo inaudible. Las cargas nimias
lo doblaron hasta el miedo y el frío intransigente malogró cada semilla.

Preso de su humanidad cansada, ladraba a las lunas indecisas
perdones inconclusos. Lunas futuras que no cuajan, pero hacinan sus gritos
en los pliegues del argento. Él soñaba con ser lobo.

Dio por muertas las últimas palabras, pero se retractó de todo lo vivido.
Y encabezando un elenco interminable, enumeró las cosas que jamás serían.

Era un hombre articulando silencios nada más.
Un espectador de los que viven.
Protagonista de los guiones que otros desecharon.
Sombra de todos los intentos que engullen la luz como les llega.
Nadie enlaza las letras de su nombre.
Nadie advierte que al alba, acicala soledades.
Del día brota su jardín de escarcha; del músculo del pecho
la lasitud del tiempo, los mapas de sus fallidas tierras,
el abrazo desmembrado de un fuego extinto.

Recluso del cuerpo de un universo harto de cuerpos,
asegura saberle al infinito bordes. Añora la antiquísima luz
de las estrellas muertas. Espulga a diario el firmamento.

Acciona el órgano del viento. Ruega con su mejor sonrisa,
pero las puertas le alegan laberintos, asfixias con almohada.
Y él se va colando en la dosificación ajena.
Intenta su nombre en las recetas cotidianas,
pero sólo amasa absurdos, epitafios que no serán leídos.
Le ha tocado en suerte un resquicio entre los buenos y el adiós definitivo.
Desea trascender, y con el dedo en el papel de la memoria
escribe su sentencia de troyanos con los unos y los ceros de su corazón binario.
A veces ase cuerpos en la lluvia, pero gota a gota se van entre sus dedos.
Y lee en braille la intransigencia de las formas: gota 1, gota 2…

Alguna vez advirtió una cosecha de soles en sus manos,
se empapó en los pozos sagrados del afecto,
reconoció la irregular termografía de su historia
y en la absurdidad del hielo universal, las razas que no existen.
Regresó entonces a las sendas resignadas, a las distancias insalvables.
Y hoy es sólo el vaho del que huye y empaña las ventanas,
el aliento del ángel que soporta el puente al sinsentido.

Hoy se rinde al viento de las calles, masculla atajos olvidados,
profana con cuidado las huellas ancestrales,
los altares del insomnio, y siente, a veces siente,
que alguien quiere pronunciar su nombre.

El siglo aún no consuma los muertos que conciernen a sus guerras,
pero él se anexa a su historia inevitable y reza: “No estamos muertos.
Solamente estamos solos”. Concluye entonces y de nuevo:
“La esperanza nunca muere… ¿pero qué hay de nosotros?”.
 
UN HOMBRE INVISIBLE


Infectado de invisibilidad su voz se hizo inaudible. Las cargas nimias
lo doblaron hasta el miedo y el frío intransigente malogró cada semilla.

Preso de su humanidad cansada, ladraba a las lunas indecisas
perdones inconclusos. Lunas futuras que no cuajan, pero hacinan sus gritos
en los pliegues del argento. Él soñaba con ser lobo.

Dio por muertas las últimas palabras, pero se retractó de todo lo vivido.
Y encabezando un elenco interminable, enumeró las cosas que jamás serían.

Era un hombre articulando silencios nada más.
Un espectador de los que viven.
Protagonista de los guiones que otros desecharon.
Sombra de todos los intentos que engullen la luz como les llega.
Nadie enlaza las letras de su nombre.
Nadie advierte que al alba, acicala soledades.
Del día brota su jardín de escarcha; del músculo del pecho
la lasitud del tiempo, los mapas de sus fallidas tierras,
el abrazo desmembrado de un fuego extinto.

Recluso del cuerpo de un universo harto de cuerpos,
asegura saberle al infinito bordes. Añora la antiquísima luz
de las estrellas muertas. Espulga a diario el firmamento.

Acciona el órgano del viento. Ruega con su mejor sonrisa,
pero las puertas le alegan laberintos, asfixias con almohada.
Y él se va colando en la dosificación ajena.
Intenta su nombre en las recetas cotidianas,
pero sólo amasa absurdos, epitafios que no serán leídos.
Le ha tocado en suerte un resquicio entre los buenos y el adiós definitivo.
Desea trascender, y con el dedo en el papel de la memoria
escribe su sentencia de troyanos con los unos y los ceros de su corazón binario.
A veces ase cuerpos en la lluvia, pero gota a gota se van entre sus dedos.
Y lee en braille la intransigencia de las formas: gota 1, gota 2…

Alguna vez advirtió una cosecha de soles en sus manos,
se empapó en los pozos sagrados del afecto,
reconoció la irregular termografía de su historia
y en la absurdidad del hielo universal, las razas que no existen.
Regresó entonces a las sendas resignadas, a las distancias insalvables.
Y hoy es sólo el vaho del que huye y empaña las ventanas,
el aliento del ángel que soporta el puente al sinsentido.

Hoy se rinde al viento de las calles, masculla atajos olvidados,
profana con cuidado las huellas ancestrales,
los altares del insomnio, y siente, a veces siente,
que alguien quiere pronunciar su nombre.

El siglo aún no consuma los muertos que conciernen a sus guerras,
pero él se anexa a su historia inevitable y reza: “No estamos muertos.
Solamente estamos solos”. Concluye entonces y de nuevo:
“La esperanza nunca muere… ¿pero qué hay de nosotros?”.
Hola Monje

Ya echaba de menos leer, algo para absorber el lagrimal y darle algo de pauta a la melancolía.

Perdonarás, pero sabes lo irremediable que soy.

No creo en la esperanza, viví esperando respuesta alguna de ella y nada fue como decían


Grato leerte
 
:) existe la belleza matemática señor @Monje Mont como existe la bella razón del azar que maneja el universo. Desconozco por lo demás si el olvido es un castigo a una realidad carente de finalidad o si más más bien el olvido es el justo premio a quienes merecemos descansar por toda una eternidad de esta vida.
 
UN HOMBRE INVISIBLE


Infectado de invisibilidad su voz se hizo inaudible. Las cargas nimias
lo doblaron hasta el miedo y el frío intransigente malogró cada semilla.

Preso de su humanidad cansada, ladraba a las lunas indecisas
perdones inconclusos. Lunas futuras que no cuajan, pero hacinan sus gritos
en los pliegues del argento. Él soñaba con ser lobo.

Dio por muertas las últimas palabras, pero se retractó de todo lo vivido.
Y encabezando un elenco interminable, enumeró las cosas que jamás serían.

Era un hombre articulando silencios nada más.
Un espectador de los que viven.
Protagonista de los guiones que otros desecharon.
Sombra de todos los intentos que engullen la luz como les llega.
Nadie enlaza las letras de su nombre.
Nadie advierte que al alba, acicala soledades.
Del día brota su jardín de escarcha; del músculo del pecho
la lasitud del tiempo, los mapas de sus fallidas tierras,
el abrazo desmembrado de un fuego extinto.

Recluso del cuerpo de un universo harto de cuerpos,
asegura saberle al infinito bordes. Añora la antiquísima luz
de las estrellas muertas. Espulga a diario el firmamento.

Acciona el órgano del viento. Ruega con su mejor sonrisa,
pero las puertas le alegan laberintos, asfixias con almohada.
Y él se va colando en la dosificación ajena.
Intenta su nombre en las recetas cotidianas,
pero sólo amasa absurdos, epitafios que no serán leídos.
Le ha tocado en suerte un resquicio entre los buenos y el adiós definitivo.
Desea trascender, y con el dedo en el papel de la memoria
escribe su sentencia de troyanos con los unos y los ceros de su corazón binario.
A veces ase cuerpos en la lluvia, pero gota a gota se van entre sus dedos.
Y lee en braille la intransigencia de las formas: gota 1, gota 2…

Alguna vez advirtió una cosecha de soles en sus manos,
se empapó en los pozos sagrados del afecto,
reconoció la irregular termografía de su historia
y en la absurdidad del hielo universal, las razas que no existen.
Regresó entonces a las sendas resignadas, a las distancias insalvables.
Y hoy es sólo el vaho del que huye y empaña las ventanas,
el aliento del ángel que soporta el puente al sinsentido.

Hoy se rinde al viento de las calles, masculla atajos olvidados,
profana con cuidado las huellas ancestrales,
los altares del insomnio, y siente, a veces siente,
que alguien quiere pronunciar su nombre.

El siglo aún no consuma los muertos que conciernen a sus guerras,
pero él se anexa a su historia inevitable y reza: “No estamos muertos.
Solamente estamos solos”. Concluye entonces y de nuevo:
“La esperanza nunca muere… ¿pero qué hay de nosotros?”.

Desear esa transmutacion de un descanso, ver que todo se consuma frente a
una ralidad que se siente en dolor puro. el pendulo de la razon queriendo
atraoar el azar para sentir la soledad de un fin. todo comenzara de la
misma manera. me ha gustado mucho la marea triste y solvente
que entrega la obra. saludos amables de luzyabsenta
 
y siente, a veces siente,
que alguien quiere pronunciar su nombre.
No sé cómo se abren los caminos a la esperanza, o si la esperanza la llevamos cada uno de nosotros, a cuestas, como una carga o un tesoro. Pero hay sentimiento al pronunciar un nombre, una palabra que surge de los labios y que, una vez dicha, permanecerá hasta el infinito en los ecos que se repetirán entre las luces y las sombras de los mundos.
Un gran poema. Mis cordiales saludos. Un abrazo.
 
“La esperanza nunca muere… ¿pero qué hay de nosotros?”.

La guerra contra el mundo globalizado está perdida, pero no así de manera individual.
La esperanza es una construcción que cada ser debe gestionarse a partir de las semillas que siembra.
Vivir mejor aún dentro de este sistema oscuro y antes de partir, es una decisión personal, sin depender de otros. Y no es fácil.
Un abrazo y muy feliz semana, amigo.
Fue un gusto reflexionar a partir de esta obra.
 
Hola Monje

Ya echaba de menos leer, algo para absorber el lagrimal y darle algo de pauta a la melancolía.

Perdonarás, pero sabes lo irremediable que soy.

No creo en la esperanza, viví esperando respuesta alguna de ella y nada fue como decían


Grato leerte
Te agradezco mucho estimada amiga, tu visita, tu lectura y comentario. Un lujo contar con tu apoyo. Que estés bien. Un abrazo.
 
:) existe la belleza matemática señor @Monje Mont como existe la bella razón del azar que maneja el universo. Desconozco por lo demás si el olvido es un castigo a una realidad carente de finalidad o si más más bien el olvido es el justo premio a quienes merecemos descansar por toda una eternidad de esta vida.
Muchas gracias estimado poeta por leer y dejar tu amable huella. Que estés bien. Un abrazo.
 
Desear esa transmutacion de un descanso, ver que todo se consuma frente a
una ralidad que se siente en dolor puro. el pendulo de la razon queriendo
atraoar el azar para sentir la soledad de un fin. todo comenzara de la
misma manera. me ha gustado mucho la marea triste y solvente
que entrega la obra. saludos amables de luzyabsenta

Te agradezco mucho estimado amigo tu profunda lectura y tu amable y motivador comentario. Me alegra que te gustara el poema y espero que estés bien y la vida te sonría. Un abrazo sincero.
 
No sé cómo se abren los caminos a la esperanza, o si la esperanza la llevamos cada uno de nosotros, a cuestas, como una carga o un tesoro. Pero hay sentimiento al pronunciar un nombre, una palabra que surge de los labios y que, una vez dicha, permanecerá hasta el infinito en los ecos que se repetirán entre las luces y las sombras de los mundos.
Un gran poema. Mis cordiales saludos. Un abrazo.
Se revela en tu comentario, estimado amigo, tu profunda visión y tu gran sensibilidad. Un lujo contar con tu apoyo. Qué estés bien y la vida te sonría. Un abrazo sincero.
 
La guerra contra el mundo globalizado está perdida, pero no así de manera individual.
La esperanza es una construcción que cada ser debe gestionarse a partir de las semillas que siembra.
Vivir mejor aún dentro de este sistema oscuro y antes de partir, es una decisión personal, sin depender de otros. Y no es fácil.
Un abrazo y muy feliz semana, amigo.
Fue un gusto reflexionar a partir de esta obra.
Me regalas excelentes reflexiones que enriquecen mi escrito, estimada poeta y amiga. Agradezco mucho tu visita y tu apoyo. Que estés bien y la vida te sonría. Un gran abrazo.
 
UN HOMBRE INVISIBLE


Infectado de invisibilidad su voz se hizo inaudible. Las cargas nimias
lo doblaron hasta el miedo y el frío intransigente malogró cada semilla.

Preso de su humanidad cansada, ladraba a las lunas indecisas
perdones inconclusos. Lunas futuras que no cuajan, pero hacinan sus gritos
en los pliegues del argento. Él soñaba con ser lobo.

Dio por muertas las últimas palabras, pero se retractó de todo lo vivido.
Y encabezando un elenco interminable, enumeró las cosas que jamás serían.

Era un hombre articulando silencios nada más.
Un espectador de los que viven.
Protagonista de los guiones que otros desecharon.
Sombra de todos los intentos que engullen la luz como les llega.
Nadie enlaza las letras de su nombre.
Nadie advierte que al alba, acicala soledades.
Del día brota su jardín de escarcha; del músculo del pecho
la lasitud del tiempo, los mapas de sus fallidas tierras,
el abrazo desmembrado de un fuego extinto.

Recluso del cuerpo de un universo harto de cuerpos,
asegura saberle al infinito bordes. Añora la antiquísima luz
de las estrellas muertas. Espulga a diario el firmamento.

Acciona el órgano del viento. Ruega con su mejor sonrisa,
pero las puertas le alegan laberintos, asfixias con almohada.
Y él se va colando en la dosificación ajena.
Intenta su nombre en las recetas cotidianas,
pero sólo amasa absurdos, epitafios que no serán leídos.
Le ha tocado en suerte un resquicio entre los buenos y el adiós definitivo.
Desea trascender, y con el dedo en el papel de la memoria
escribe su sentencia de troyanos con los unos y los ceros de su corazón binario.
A veces ase cuerpos en la lluvia, pero gota a gota se van entre sus dedos.
Y lee en braille la intransigencia de las formas: gota 1, gota 2…

Alguna vez advirtió una cosecha de soles en sus manos,
se empapó en los pozos sagrados del afecto,
reconoció la irregular termografía de su historia
y en la absurdidad del hielo universal, las razas que no existen.
Regresó entonces a las sendas resignadas, a las distancias insalvables.
Y hoy es sólo el vaho del que huye y empaña las ventanas,
el aliento del ángel que soporta el puente al sinsentido.

Hoy se rinde al viento de las calles, masculla atajos olvidados,
profana con cuidado las huellas ancestrales,
los altares del insomnio, y siente, a veces siente,
que alguien quiere pronunciar su nombre.

El siglo aún no consuma los muertos que conciernen a sus guerras,
pero él se anexa a su historia inevitable y reza: “No estamos muertos.
Solamente estamos solos”. Concluye entonces y de nuevo:
“La esperanza nunca muere… ¿pero qué hay de nosotros?”.

Y a pesar de que estamos solos, aún en la tristeza, más triste, a partir de ese momento que se llega al fondo del abismo, una mano mágica tira con fuerza y suavidad hacia la cima de nuestros principios, la lucha por sobrevivir a los peores males de la humanidad, me encantó tu poema, feliz finde, todo baja y sube, nada permanece en el tiempo, son como las olas en el mar, un saludo Monje, es mi percepción, puedo estar errada
 
Versos para reflexionar con la tremenda calidad de su vuelo poético nos deja muchas interrogantes estimado poeta. Grata lectura, el cierre muy bueno “La esperanza nunca muere… ¿pero qué hay de nosotros?”
Simplemente no bastará con dejar de ser invisibles.
 
Alcanzar y asumir la consciencia de nuestra invisibilidad en este pequeño universo humano que transitamos -y tomárselo de buena manera- imagino que debe resultar bastante liberador. De la esperanza supongo que su supervivencia oscila entre el deseo y la razón personales de cada uno, pero en cualquier caso tenerla (aunque solo sea mínimamente) nos hace más llevadero el camino.
Tus poemas son todo un espectáculo literario, mi muy estimado Gerardo, a la vez de un sano y enriquecedor ejercicio mental. Siempre es un verdadero placer leerte, amigo. Un fuerte abrazo.
 
Y a pesar de que estamos solos, aún en la tristeza, más triste, a partir de ese momento que se llega al fondo del abismo, una mano mágica tira con fuerza y suavidad hacia la cima de nuestros principios, la lucha por sobrevivir a los peores males de la humanidad, me encantó tu poema, feliz finde, todo baja y sube, nada permanece en el tiempo, son como las olas en el mar, un saludo Monje, es mi percepción, puedo estar errada
Muchas gracias estimada poeta por tu visita y tu amable e inteligente comentario que enriquece mi escrito. Que estés bien. Un abrazo.
 
Versos para reflexionar con la tremenda calidad de su vuelo poético nos deja muchas interrogantes estimado poeta. Grata lectura, el cierre muy bueno “La esperanza nunca muere… ¿pero qué hay de nosotros?”
Simplemente no bastará con dejar de ser invisibles.
Te agradezco mucho tu visita y tu comentario profundo y motivador, estimado poeta. Un lujo contar con tu apoyo. Que estés bien. Un abrazo.
 
Alcanzar y asumir la consciencia de nuestra invisibilidad en este pequeño universo humano que transitamos -y tomárselo de buena manera- imagino que debe resultar bastante liberador. De la esperanza supongo que su supervivencia oscila entre el deseo y la razón personales de cada uno, pero en cualquier caso tenerla (aunque solo sea mínimamente) nos hace más llevadero el camino.
Tus poemas son todo un espectáculo literario, mi muy estimado Gerardo, a la vez de un sano y enriquecedor ejercicio mental. Siempre es un verdadero placer leerte, amigo. Un fuerte abrazo.
Estimado Luis, siempre es un lujo encontrar tu amable e enriquecedora huella en mis humildes escritos. La consciencia de nuestra invisibilidad nos permite vernos a nosotros mismos. Agradezco mucho tu apoyo y espero que la vida te sonría. Un abrazo amigo.
 
UN HOMBRE INVISIBLE


Infectado de invisibilidad su voz se hizo inaudible. Las cargas nimias
lo doblaron hasta el miedo y el frío intransigente malogró cada semilla.

Preso de su humanidad cansada, ladraba a las lunas indecisas
perdones inconclusos. Lunas futuras que no cuajan, pero hacinan sus gritos
en los pliegues del argento. Él soñaba con ser lobo.

Dio por muertas las últimas palabras, pero se retractó de todo lo vivido.
Y encabezando un elenco interminable, enumeró las cosas que jamás serían.

Era un hombre articulando silencios nada más.
Un espectador de los que viven.
Protagonista de los guiones que otros desecharon.
Sombra de todos los intentos que engullen la luz como les llega.
Nadie enlaza las letras de su nombre.
Nadie advierte que al alba, acicala soledades.
Del día brota su jardín de escarcha; del músculo del pecho
la lasitud del tiempo, los mapas de sus fallidas tierras,
el abrazo desmembrado de un fuego extinto.

Recluso del cuerpo de un universo harto de cuerpos,
asegura saberle al infinito bordes. Añora la antiquísima luz
de las estrellas muertas. Espulga a diario el firmamento.

Acciona el órgano del viento. Ruega con su mejor sonrisa,
pero las puertas le alegan laberintos, asfixias con almohada.
Y él se va colando en la dosificación ajena.
Intenta su nombre en las recetas cotidianas,
pero sólo amasa absurdos, epitafios que no serán leídos.
Le ha tocado en suerte un resquicio entre los buenos y el adiós definitivo.
Desea trascender, y con el dedo en el papel de la memoria
escribe su sentencia de troyanos con los unos y los ceros de su corazón binario.
A veces ase cuerpos en la lluvia, pero gota a gota se van entre sus dedos.
Y lee en braille la intransigencia de las formas: gota 1, gota 2…

Alguna vez advirtió una cosecha de soles en sus manos,
se empapó en los pozos sagrados del afecto,
reconoció la irregular termografía de su historia
y en la absurdidad del hielo universal, las razas que no existen.
Regresó entonces a las sendas resignadas, a las distancias insalvables.
Y hoy es sólo el vaho del que huye y empaña las ventanas,
el aliento del ángel que soporta el puente al sinsentido.

Hoy se rinde al viento de las calles, masculla atajos olvidados,
profana con cuidado las huellas ancestrales,
los altares del insomnio, y siente, a veces siente,
que alguien quiere pronunciar su nombre.

El siglo aún no consuma los muertos que conciernen a sus guerras,
pero él se anexa a su historia inevitable y reza: “No estamos muertos.
Solamente estamos solos”. Concluye entonces y de nuevo:
“La esperanza nunca muere… ¿pero qué hay de nosotros?”.
Interesantes letras!
 

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