Este, querido amigo, es un poema mayor, de los que se hacen mejores con el tiempo porque es un poema intemporal. Cuando se lea dentro de un año será más hermoso y acaso tendrá más vigor. Es un poema rayano en lo antropológico que medita metafísicamente sobre el hecho inevitable del envejecimiento y, tal vez, en sus versos lleve implícito, que no explícito, un matiz de agradecimiento, y esto porque pobre de aquel que no llegue a esas edades en las que se ponen de manifiesto las propias debilidades e inutilidades. Hace poco reflexionaba sobre la utilidad de los objetos aparentemente inútiles a propósito de haber dado cuerda a un reloj de pared que llevaba parado unos años. Aquel reloj comenzó a funcionar y su carillón sonaba a destiempo hasta que uno de mis hijos lo puso en hora. Aun dando las horas equivocadamente me hacía compañía al sonar y ahora marca el tiempo correctamente. Esto viene a que la percepción de las cosas puede verse bajo distintos prismas. Véase este ejemplo: ¿No es diferente observar a una persona de edad con andador que ver a esa misma persona empujar el carrito de un nieto? Ahora estoy en un lugar donde hay dos sillones. Uno lo ocupo yo, el otro está vacío. En este segundo mi madre cercana a los noventa años se sentaba a mi lado haciendo labores. Yo estaba pasando un momento psicológico muy complicado y en esa situación me costaba mucho mantener una conversación, por eso las muchas horas que pasábamos juntos eran, en su mayoría silenciosas. Pero mi madre estaba allí callada y algunas veces me tomaba de la mano unos pocos instantes. Ella tenía ya las dificultades propias de su edad, pero a pesar de esas circunstancias se montaba en un avión en Granada, hacía transbordo en Madrid y se venía a su sillón solo para estar con su hijo mayor enfermo. Este es un ejemplo personal aunque podría darte más. Todas las personas ocupamos nuestro lugar —nuestro sillón—, y llenándolo somos útiles. Tienes un ejemplo en ti mismo reciente muy claro e ilustrador de lo que digo. Sabes que hace años, he perdido la cuenta, que no trabajo y solo aporto mi pensión al erario de mi casa. Con esa pensión he contribuido al cuidado de aquella que se sentaba a mi lado en sus últimos meses de vida. No sería una debacle económica que no la aportara porque la principal fuente de ingresos de mi casa, con diferencia, no es esa, sin embargo, si salimos me preguntan siempre si llevo encima mi cartera, ya que me hago cargo de los gastos de las reuniones familiares y de ciertos amigos. Para acabar esta parte del comentario decirte que una sociedad que no cuida a sus mayores es una sociedad enferma. Me parece que en otras sociedades, aparentemente, menos avanzadas, los ancianos son escuchados venerablemente y se sigue en ellas sus consejos como algo de un valor incuestionable. Pues eso, amigo mío.
En cuanto a la forma te diré que la has cuidado al extremo. En su forma original adolecía de una estructura, para mí, algo extraña que hacía quedarse a uno pensativo sobre el envoltorio del magnífico mensaje redactado con brillantez empleando figuras retóricas elegantes y absolutamente pertinentes. Una vez editado ha quedado, siempre en mi opinión, excelente, abundando en la idea que he expresado al principio diciendo que este poema no dejará de crecer. ahora se ven claramente los cuatro serventesios y el dístico final a la manera de la estructura que ideó el metafísico y poeta inglés John Donne para sus sonetos. Luego está el asunto de la rima. Empleas la asonante en todos tus versos convenientemente distribuida. El soneto de origen petrarquista se ha cultivado en forma asonante muchas veces e incluso sin rima alguna como hizo Pablo Neruda en sus “Cien sonetos de amor”, que él mismo llamó sonetos de madera. Hablando de la rima algo más, decir que la que no ayuda estorba (Algo escribió don Miguel de Unamuno sobre esta cuestión en su memorable soneto “A la rima”) , y no hay nada más feo que una rima consonante forzada, fuente inagotable de ripios. Por lo tanto, para concluir, la estructura a la que asimilo tu poema es al soneto heroico de John Done con el detalle de la rima asonante.
Nada más, querido Manolo, te doy las gracias por atenderme tan bien, tanto en mi sugerencia como en la lectura de este extenso comentario que no es más que el reflejo y consecuencia de lo que me ha complacido tu profundo poema.
Con un abrazo enorme muy extensivo.
Salva.