Cuarto Creciente
Por un camino de estelas
pasa Santiago bendito,
y a la luz de unas farolas
cuatro gitanos malditos.
Camisa blanca y sombrero,
zapatos de cuero negro,
pantalón de oscura pana...,
¡cuatro cuchillos despiertos!
Sobre el fajo de la lana,
junto al cinto pistolero,
ya se escuchan los martillos
donde cruje la garganta.
La venganza es pregonero
en las voces de los grillos,
y una luna se levanta
dando inicio al sacrificio.
La sangre por el sendero
de rojo cubre el camino;
confusos los bandoleros...
¡Volveros hacia el martirio!
El santo fue prisionero
del alma que busca libo;
gitano de tierra extraña
no sabe apagar su nimbo.
Ofrenda fue del cordero,
viajaba al perdón su calma,
y en luces quedó la estampa
de un muerto que estuvo vivo.
Los montes visten de grana,
los ríos solos de lirios;
murmullos son los que pasan,
quejidos de vientos fríos.
La aurora estaba temprana,
de ocaso reverdecido;
la vida segada abrasa
los vientos y sus molinos.
Gitanos de raza escasa,
geranios de potro esquivo;
llegando los cuatro a casa
forjaron nuevos martillos.
Fantasmas de rojo impactan
naturas de halo dormido;
olvidos en mano intacta
olvidan lo acontecido.
Más tarde llegó la guardia,
preguntó qué ha sucedido;
demonios con su guadaña,
¡la muerte por el camino!
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