Estimado Francisco Redondo Benito, de acuerdo a lo conversado y
con el propósito de acercar al foro algunos artículos de interés
sobre temas que se presentan a diario en la discusión de poemas,
contribuyo con algunos artículos pertinentes,
extraídos de la obra de un antecesor mío,
además tocayo, de origen chileno, que falleció en 1900;
un saludo,
edelabarra
PERÍODO 1891 - 1895
En estas páginas se continúa con la biografía de Eduardo de la Barra, a partir del destierro en la República Argentina, hasta su muerte. Los datos se han extractado del Diccionario Biográfico General de Chile, y de la obra Eduardo de la Barra íntimo, por Fidelis P. del Solar, su amigo de la infancia, editado en 1901.
En 1891 fue nombrado rector del Instituto Nacional, puesto que no aceptó por consideraciones particulares. El triunfo de la revolución arruinó su hogar que fue saqueado como todos los hogares de las familias de los liberales vencidos.
Todo lo que su trabajo perseverante y de largos años había podido proporcionarle, fué sustraído, conjuntamente con sus libros y sus valiosos manuscritos. Con motivo de residir en Valparaíso, donde desempeñaba las funciones de rector del Liceo, uno de los batallones revolucionarios, el batallón Iquique, 6º de línea, ocupó su casa, que convirtió en cuartel, después de haber sido profanada y despojada por las turbas saqueadoras.
Perseguido a muerte, se expidió una orden secreta para fusilarlo, consigna inaudita e inexplicable que no logró cumplirse para honra de la patria. Esa orden clandestina para consumar un crimen semejante, estuvo en manos de un general que es muerto, y cuyo nombre publicará la historia. Tenemos en nuestro archivo documentos que señalan el nombre del oficial encargado de ultimar al señor de la Barra. Su delito era su credo liberal preconizado en sus gloriosos libros. Para evitar esta victimación y salvar su preciosa existencia, hubo de proscribirse y en un vapor de itinerario a Europa se trasladó a Montevideo cuando la vorágine de la revolución devastaba a Chile.
Al llegar al Plata fue acogido con entusiasmo por los literatos más distinguidos del Uruguay y de Buenos Aires. En la capital argentina los escritores más notables, bajo la dirección del ilustre poeta don Rafael Obligado, le ofrecieron una velada literaria en su honor; y el viejo historiador don Vicente Fidel López lo presentó al Presidente Pellegrini y a sus ministros. El señor López le decía al estrecharlo en sus brazos: "Nosotros, los escritores argentinos, debemos a Chile una deuda que jamás hemos podido pagar. Cuando fuimos proscritos por Rosas a sus playas, encontramos en su sociedad hogar, amigos, trabajo, protección y patria. Ahora se nos presenta la oportunidad de corresponder, en parte, aquellos nobles sentimientos de fraternidad. Ud. viene proscrito y nosotros, los argentinos, le ofrecemos a Ud. una patria." Muy pronto el gobierno nacional argentino lo nombró Visitador General de los Colegios y Escuelas Normales de San Luís, Mendoza y San Juan. El señor de la Barra cumplió honrosamente su comisión y el informe que como Delegado del gobierno presentó de la inspección de las Escuelas y Colegios Nacionales, fue recibido con beneplácito por el gobierno y con aplausos por la prensa y la opinión pública. Inmediatamente fue nombrado Rector del Colegio Nacional de Rosario, puesto que le fue ofrecido espontáneamente por el Ministro de Instrucción señor Balestra. Poco tiempo después fue nombrado representante del Rosario en el Congreso Agrícola Provincial que se celebró en la Colonia Esperanza, recordando acaso que el señor de la Barra fue el iniciador del primer Congreso Industrial que ha celebrado la América Española, el Congreso Agrícola de Santiago de Chile, que tuvo lugar en Septiembre de 1875. Además que el señor de la Barra es miembro de la Sociedad Rural del Uruguay y de la Sociedad Nacional de Agricultura de Chile. Diversas sociedades científicas y literarias de América y de Europa le han distinguido con designaciones de honor por sus obras. La Real Academia Española de la Lengua lo cuenta en el número de sus socios correspondientes en Chile. Con motivo de su presentación de su Tablero Rítmico, el secretario perpetuo de la Real Española, don Manuel Tamayo y Baus, le escribía, hace poco tiempo, deplorando la inercia en que la Academia Chilena yacía y le manifestaba que en su concepto, la Academia de Chile era el señor de la Barra. Este justiciero y elocuente elogio, como proveniente del genial dramaturgo y poeta español, es la expresión de la más valiente verdad histórica, porque de los académicos chilenos el más laborioso es el señor de la Barra. Su labor literaria y de publicista fue en la República Argentina tan fecunda como variada y provechosa. En 1884 publicó La Hoja Perdida del Poema del Cid; Examen y Refutación de un folleto sobre gramática arcaica y La Hoja Hallada del Poema del Cid; Problemas de Fonética Castellana, resueltos según un nuevo método: Esbozos Filológicos Americanos; en 1895, Notas a un Juicio crítico de Rafael L. Merchan; El endecasílabo Dactílico; El Problema de los Andes, obra de controversia geográfica e histórica relativa a la cuestión de límites de Chile con la Argentina; en 1896 Cartas a un Senador, sobre la cuestión internacional con la República Argentina; Restauración de la Gesta del Cid Campeador y Sistema Acentual Castellano. En este año de 1897 ha cedido al gobierno la propiedad de un Silabario y un Tratado de Ortografía Castellana. En diversas épocas ha publicado las obras siguientes, que manifiestan sus múltiples conocimientos y su actividad intelectual y a la vez sus inclinaciones literarias: El Teniente Coronel Fray Luís Beltrán (1877). Examen crítico del fallo del Jurado del Certamen Varela (1888); Primores de la Lira Antigua (1894). En el saqueo de su biblioteca perdió, en manuscrito las obras denominadas: Poesías Líricas; Compendio de Métrica Castellana; Elementos de Algebra; Apuntaciones sobre palabras compuestas y derivadas: Mono-Rovia, o la República de los Monos, poema cómico; Los Grandes Hombres y Las Pequeñas Cosas de mi Tierra; Notas sobre temblores y terremotos. Tiene en la actualidad (1896) dispuestos para la prensa y en preparación: Luz Vengadora, castigo de un plagio; La Rítmica Moderna: Los Cantares de Juan Ruiz; Los Poemas Antiguos Restaurados; Estudios Filológicos; Contribución al Romancero. A fines de 1895 regresó del Plata y fue recibido con júbilo por la juventud chilena. La prensa del país, de todos los colores políticos, le tributó sus homenajes de bienvenida en su regreso a la patria. El señor de la Barra como poeta, publicista, filólogo, crítico y escritor didáctico, es una de las ilustraciones más culminantes de nuestro país y de América.
Este comentario que transcribo a continuación (con sus puntos y comas según el original), no pertenece al escrito del título, que escribiré luego, sino que me pareció pertinente por ser temas en cierto modo vinculados y que han sido motivo de discusiones en nuestros foros de poesía. (Nota del transcriptor).
Comentarios sobre hiato y sinalefa
El hiato era más frecuente en los tiempos rudos de la lengua; pero, a medida que se la pule y suaviza, se extiende el uso de la sinalefa. Tal es la tendencia de las lenguas modernas en su evolución actual, sobre todo de las romances.
Hoy los ingleses prefieren el hiato, y tanto que huyen de la sinalefa como de un pecado; al revés de los italianos, de oído fino y lengua musical. Los alemanes están por el hiato como los ingleses; y los portugueses por la sinalefa, como nosotros y los italianos.
Los franceses colocados entre la corriente germana y latina, se han neutralizado, y así es que tanto evitan los hiatos como las sinalefas.
Semejantes preferencias no son caprichosas, sino que dependen de la índole de cada lengua. Las que abundan en consonantes apetecen el hiato; las ricas en vocales piden la sinalefa. El modo de acentuación es otro factor importante en la dirección de estas tendencias. Influye también y no poco, la propensión de las lenguas ya formadas a pulirse y eufonizarse. Con tal fin tienden a convertir sus vocales fuertes en otras más suaves ó débiles, la o en u, la e en i; cambian los adiptongos en diptongos por una traslación del acento, y del hiato pasan a la sinalefa.
Nuestros poetas antiguos hasta el siglo XV, se muestran afectos al hiato; los del tiempo de los humanistas, reformadores de la lengua, lo evitan; los petrarquistas reformadores de la poesía, adoptan la sinalefa italiana, con mesura; los modernos, Espronceda y Zorrilla á la cabeza, han caído en el abuso, siempre perjudicial. Para que nuestra lengua conserve las nobles prendas que la enaltecen y distinguen, es menester que no pierda en energía por ganar en dulzura, y eso, en la versificación, se consigue promediando el hiato y la sinalefa.
Sin contrariar las corrientes naturales de la lengua que de nosotros no dependen; sin proscribir por tanto, el uso de la sinalefa, después de larga observación me he creído autorizado para señalar los dos peligros que entraña su abuso.
1º La sinalefa suaviza la lengua; pero la afemina. lo que apaga la viril energía del castellano.
2º Tiende a hacer lánguidos y confusos los sonidos vocales, que en el verso deben ser claros y distintos, cristalinos y vibrantes.
La sinalefa produce una aglutinación pastosa de vocales, perjudicial á veces á la eufonía misma.
Los versos con vocales únicas bien acentuadas, y con sus dicciones separadas entre sí como las perlas de un collar, serán siempre claros y sonoros, y, por tanto, hermosos y artísticos. Por el contrario, el verso en que abundan las sinalefas, aun cuando no perturbe los acentos del ritmo, siempre aparecerá poco melopéyico, con algo de brumoso, con algo de opaco y apagado. No se dirá que elijo en males condiciones si cito este verso de Espronceda:
(Tú em)briaga(da en) mi amor, (yo en) (tu her)mosura
Contrapongámosle estos otros sin sinalefas, y veremos la diferencia:
Índica flor del trópico fecundo.
Pájaros mil despléndido plumaje.
El exceso de sinalefa producirá versos muelles; pero no valientes.
Es verdad que la acentuación enérgica, la variedad en las vocales acentuadas, la distribución feliz de las consonantes, y el ritmo bien sostenido, son tan importantes factores que de ellos no se puede prescindir al comparar un verso con otro.
Desmayado, lento, flojo, sin alma es este verso:
No quieroir hablar ya más de ella. (2-4-6-8-10).
No obstante tiene todos sus acentos rítmicos y ninguno antirrítmico, carece de sinalefas, pues no lo es la elisión marcada con un apóstrofo, y, sin embargo, no marcha, por lo débil de sus acentos.
La sinalefa en los acentos rítmicos también los debilita, y produce, por tanto, igual efecto.
Qué vuelo tan distinto tiene este otro bellísimo verso de Jáuregui, acaso el mejor versificador español del poético siglo en que floreció:
La más hermosa y bella
Que al viento dio jamás sus hebras de oro. (2-4-6-8-10).
En el himno de loor de Berceo, de aire más antiguo de lo que es, hay este elegante verso de arte mayor, que no ha necesitado de hiatos ni de sinalefas:
Lorando los oios / de lágrimas un mar.
Por último, como muestra de la vigorosa versificación de Jáuregui, para que sirva de ejemplo en el manejo discreto de la sinalefa, copiaremos unos pocos versos tomados de Orfeo:
En la fragosa Ténaro, (que i)nunda
El lacónico pon(to, en) sitio cierto,
Rudo taladro de canal profunda
Rom(pe el) terreno caverno(so y) yerto;
Intensa breña con horror circunda
El rasgado peñón, y esconde abierto
Cóncavo tal, que la tartárea stanza
Por las entrañas del abismo alcanza.
Estos versos dignos de aplauso por bien cortados y sonoros, adolecen ligeramente del rebuscamiento de su tiempo, que sacrificó la naturalidad al empeño de crear un lenguaje poético, y , siguiendo á Herrera, se despeñó con Góngora en un abismo.
Junto a los versos de Jáuregui pondremos las rosas frescas y naturales que hoy nos trae la Revista de Artes y Letras de Buenos Aires.
Es un soneto a Aurora, que así dice:
Era muy linda, se llamaba Aurora,
Y el poético nombre no mentía,
Era aurora en verdad, la amada mía,
Quien apenas nace y brilla, se evapora.
Lumbre de sol, aroma embriagadora,
Azul de cielo, gárrula armonía,
Frescura juvenil, todo tenía,
La dulce niña, que mi alma llora.
Al verla andar sobre el terrestre suelo
Un serafín cansado se dijera,
Que reposaba para alzar el vuelo.
Y antes de traspasar la edad primera,
El serafín las alas tendió al cielo,
para que más verdad su nombre fuera.
Este soneto fresco y delicioso, digno de la pluma de Lope, es del poeta oriental Rafael Fragueiro, quien suele caer en extrañas aberraciones simbolistas y en incongruencias de decadente, cuando abandona el camino de la naturalidad.
Aparte del repetido encuentro de dos aes, en que una de ellas se pierde por elisión, es parco en sinalefas y las que trae, fáciles son y naturales. No por eso carece de la dulzura que el delicado asunto exige, siendo de notar que este gracioso soneto, todo aire y luz, está libre de los relumbrones postizos, de los conceptillos rebuscados y otros industriosos artificios que se han hecho de moda y amenazan invadir y estragar las nacientes letras americanas.
La Sinalefa que, muy repetida, tiende a la languidez, encontrará más lugar en la elegía que en la oda heroica, y estará mejor en la voluptuosa canción tropical de amores, murmurada al rumorear de las palmas, que en el himno guerrero, enérgico y vibrante como el clarín de la pelea, cuyas notas metálicas derraman el entusiasmo y levantan los corazones. Para la oportunidad en el empleo de esta figura, no hay más regla que la dictada por el buen gusto de cada cual.
En suma, debemos ser parcos en el uso de la sinalefa, de que hemos abusado, y no temer á los Hiatos, los cuales como hemos visto, suelen ser de hermosísimo efecto en manos del buen versificador.
Rosario de Santa Fe, Noviembre 25 de 1893.
PRONUNCIACIÓN AMERICANA
La influencia de las lenguas americanas sobre nuestra pronunciación española es evidente, aun cuando no las hablemos.
El castellano de Chile es distinto del pronunciado por la boca limeña, y ambos se diferencian del de la Habana ó el de Manila. En Méjico, en Quito, en Bogotá, no se habla lo mismo que a orillas del Plata, ni se dice en Tegucigalpa como en Sucre.
Todos en América poseemos el castellano más o menos correctamente; pero lo pronunciamos con diversas alteraciones, cada cual a su manera, como acontece en la misma España, donde del catalán al andaluz no hay pocas variantes, ni poco trecho del gallego al valenciano en la enunciación de la lengua de Castilla.
En América encuentro una causa fisiológica en la herencia, que determina la variedad de entonaciones regionales. Si se la estudia, las más veces se hallará su origen en la lengua americana que allí existe, ó existió y fue dejando sus vestigios.
Los chilenos no hablamos el araucano, y muchos hay que no lo han oído en su vida, y, sin embargo, el araucano influye en la pronunciación viciosa del pueblo, la cual trasciende al salón, al club, al púlpito y al parlamento.
No hablo del empleo de palabras indígenas que los más toman por castellanas, como garúa (llovizna) , huasca (azotillo, fusta), huincha (listón), colihue (especie de caña de Indias), guágua (nene), y muchas otras, pues sólo me refiero al acento, a la entonación, a la dulcificación de algunos sonidos, y apagamiento y supresión de otros, y viceversa.
Aparte de las Andaluzadas que plagan nuestra lengua chilena, hay vicios propiamente araucanos, que se han propagado natural e irresistiblemente.
Siento no tener a la mano un vocabulario de la lengua de los aucas para señalar esos vicios por medio de ejemplos convincentes.
Recordaré únicamente que el araucano carece de s inicial, y es así que cuando Lautaro y Caupolicán oyeron palabras como señor, señal, seremos
repetirían a su manera natural heñor, heñal, heremos, aspirando ligeramente la h en reemplazo de la s desconocida para ellos, como lo era también para los árabes.
De chigua (cuna) araucana es nuestro huaso, (campesino) y en la guerra porfiada de cuatro siglos contra la heroica barbarie de aquel pueblo, ya como mercader llevando vicios, ya como soldado exponiendo su pecho á las formidables quilas (lanzas) y esparciendo la muerte, él tuvo ocasión de volver á su fuente primitiva.
La laringe del huaso es por herencia araucana, y los sonidos del lenguaje se adaptan al instrumento que los impulsa y vivifica. Él, como el araucano, dice todavía heñor, y heñor repiten los señoritos que van a la hacienda del padre a lacear vacas y á domar potros en su compañía. El centauro campesino, por otra parte, no ha hecho más que continuar las enseñanzas de la nodriza, las más veces de estirpe araucana o mestiza, si no las de la misma madre del señorito; que las señoras de la región central de Chile pronuncian bastante mal su propia lengua, aún cuando las educadas la hablan y escriban correctamente.
Por este y otros caminos tales vicios de pronunciación cunden hasta invadir la sociedad, se afianzan y se hacen nacionales.
No diré que en Chile las personas cultas pronuncien heñor en vez de señor, que tales vicios la educación los corrige y borra; pero, otros defectos hay que en fuerza de la costumbre no notamos, y en ellos acaso pueda rastrearse la influencia original que los produce. Así, por ejemplo, ¿cuántos marcan la i en quiero? Todos decimos: ¡No quéro! ¿Quén está ahí?... Quenquera que siáis
aun cuando nadie lo escriba mal.
Pronunciamos las vocales con más dulzura y menos energía que los castellanos y catalanes, acercando á veces la o a la u, y, sobre todo, la e á la i.
Tenemos también la tendencia a suavizar las vocales duras concurrentes oa, oe, ao, ae, eo, reemplazándolas para hacerlas diptongables, en esta forma: ua, ue, au, ai, ia, io, y así se dice: cluáca, hérue, Aráus, tray, linia-férria, olio.
Esta tendencia muy marcada entre nosotros, no es extraña al pueblo español.
A media noche trairán
Cartas de su capitán.
(Tirso de Molina)
Las ss no silban en nuestros labios; las cc y las zz, confundidas entre sí y con las ss, nunca suenan como en boca española; las dd desaparecen, á la andaluza, como en soldao, soledá, y rara vez soleá; las eles se transforman en eres, cárculo, tordo (por toldo), sordao. Convertir la c en s es frecuentísimo en la pronunciación, no en lo escrito; y así siempre se oirá sírculo, susio, dulse. Este vocablo en labios chilenos jamás será dulce, con c española, sino que se transforma en dulse, durse, urse, en orden descendente.
Más de una vez se oirá: No me despresée, por no me desprecie, y otros gazafatones por el estilo, unas veces de origen español, y otras nacidos del medio en que nos hemos desarrollado, incluyendo en éste las influencias de la cuna, sobre todo en la manera de emitir y articular los sonidos, y en la entonación característica.
Nosotros al pronunciar óle-o decimos olio y así también pronunciamos línia por líne-a. Con esa pronunciación formamos un diptongo donde jamás lo consentiría un catalán.
Puntiado, aliniado, mariado, son mucho más frecuentes en Chile que punteado, alineado, mareado, y, ¿acaso esta tendencia á sustituir la e por la i no será también de origen araucano? El latín y las lenguas romances la tienen también.
En general, en la pronunciación chilena hay cierta dejadez que la hace lenta, monótona y defectuosa, por el cambio de algunos sonidos y supresión sistemática de letras y finales. Parece que el castellano rico en sonidos no cupiera en el aparato fónico de nuestra raza.
¿Influye en ello el araucano?
Yo así lo creo.
Esta influencia por cierto que es más notable en los pueblos americanos que hablan su lengua nativa junto con la castellana, como sucede en Bolivia donde todo el mundo habla el quichua.
Con mucha gracia pronuncian las limeña; pero, el habla de las serranas del Perú es un canto y un encanto. No hay en España quien preste al castellano más donaire, más dulzura, más variedad de acentos, más riqueza de inflexiones musicales que aquellas gargantas preciosas aleccio9nadas por el quichua o el aimará.
Eso proviene de que la lengua de los Incas posée todas las voces y sonidos del castellano, y otros muchos más que le permiten ampliarlo y enriquecerlo, al revés de lo que pasa con la lengua de Arauco menos extensa en la escala de los sonidos que la lengua de sus conquistadores.
El castellano en boca quichua se enriquece; en boca araucana palidece y decae.
El araucano es un caramillo rústico donde la vocalización castellana no cabe en toda su extensión. El quichua y el aimará son mágicas flautas de cristal y de oro, capaces de melodías indianas nunca oídas, que ni osó soñar siquiera el castellano opulento de Lope y de Calderón.
De ahí la tosquedad y dejadez del hablar chileno, y de ahí también la finura y la gracia nativa con que conversan las peruanas.
Los chilenos hablan bien el castellano, pero lo pronuncian mal, tan mal al menos como los andaluces. Los peruanos no lo hablan mejor, pero lo pronuncian con mucha donosura, aunque no del todo a la usanza de Castilla, que unos pecamos por cartas de menos y otros por cartas de más.
Influencias de la cuna americana me parecen las que anoto; y no sé si estos hechos tengan otra explicación.
Eduardo León de la Barra.