Exhausto, sin haber dormido nada
por el nudo de angustia que le ronda
y viene torturándole hace días,
ha decidido, al fin, hacerle frente
a la miríada de abyectos ojos,
que implacables se burlan de su miedo.
El temblor de sus manos le da miedo,
sabe que al intentar no pierde nada;
confrontar su dolor en otros ojos
quizás aleje la maligna ronda
de demonios, que estampan en su frente
veloz caducidad para sus días.
Al calendario fue tachando días
faltantes para exorcizar el miedo
en el anónimo y humano frente
que preconiza siempre, más que nada,
el abstenerse a la primera ronda.
Hoy despunta la cita ante sus ojos...
Todos, al comenzar, cierran sus ojos,
piden serenidad para sus días,
escampar la tormenta que les ronda
y saber proscribir sin sentir miedo
al farsante que nunca aporta nada
y daña de soslayo y no de frente.
Ahora tiene a todos frente a frente,
hablan de nubarrones en sus ojos,
del bulevar a convertirse en nada
y que al haber despilfarrado días
la resonancia gutural del miedo
es la amarga constante que les ronda.
Está entregado, en medio de la ronda,
con perlas columpiándose en su frente,
emanación del leviatán del miedo
y sometido a un pelotón de ojos…
-¡Hola! Soy Juan…van diecisiete días
sin beber absolutamente nada…
Hoy sus ojos presagian nuevos días
y esboza el miedo un rótulo en su frente,
“ronda en el bar es pórtico a la nada”
Me ha gustado mucho esta sextina, Miguel. No sufro personalmente de alcoholismo, pero conozco el problema de muy cerca, y me parece que has hecho un tratamiento psicológico acertado. Es un tema delicado, que se presta a darle muchas vueltas; desgraciadamente las consecuencias en el entorno son a veces muy funestas,,,
Me extenderé un poco acerca del verso «faltantes para exorcizar el miedo». Subyacente al ritmo de los endecasílabos petrarquistas está siempre el ritmo yámbico, con acentos en todas las sílabas pares. Mecanismos muy interesantes de la percepción del ritmo intervienen para que el oído perciba las distintas acentuaciones de los endecasílabos petrarquistas consonantes con este modelo subyacente. Estos mecanismos de la percepción fueron estudiados en profundidad por un francés llamado Paul Fraisse (y muchos más que desconozco, seguro). Para el caso, menciono solo tres fenómenos que son relevantes: el primero de ellos es que el oído tiene una especie de «memoria inmediata» de solo 8 pulsos, que en el caso del verso son sílabas (esto explica porque el grupo fónico esencial en español tiene 8 sílabas, y explica también porque en el endecasílabo son fundamentales los acentos a partir de la cuarta sílaba, inclusive: las últimas 8); la percepción tiene mecanismos esenciales de reconstrucción del ritmo, es decir que tiende a ver toda secuencia de pulsos como una secuencia de unidades homólogas: solo hay dos tipos de estas unidades, la binaria (que da para versos de longitud impar los yámbicos) y la ternaria (que da los dactílicos); entre estos mecanismos de reconstrucción se destacan el de intercalación, ante una secuencia oóoooó el oído reconstruye oóoóoó, agregando un acento donde no lo hay, y el de transposición, mucho más curioso, que consiste en que el oído puede reordenar los acentos en algunos casos, por ejemplo transponer oóoóooó en oóoóoóo. En este estudio también es un hecho que frente a dos acentos seguidos, el oído elige uno, ignorando el otro. He leído el libro de Fraisse Psicología del Ritmo, y te aseguro que el tema es fascinante y bastante complejo. En el caso de la acentuación 2.6.10 del endecasílabo, naturalmente se produce la intercalación, el oído agrega un acento en octava y otro en cuarta. En el caso de la acentuación 4.8.10, el oído agrega uno en sexta. Más difícil es el caso 3.6.10, donde se llega al modelo yámbico por intercalación en octava, y transposición del acento de 3 a 2 (este fenómeno lo he visto descripto por los estudiosos del endecasílabo de Shakespeare (que los ingleses llaman «iambic pentameter»), tendría que reencontrar la referencia).
No soy, estimado Miguel, un experto en este tema: he leído algunas cosas, sí: las suficientes como para saber que los fundamentos del ritmo del endecasílabo son sutiles, pero no preceptivos. Los preceptos son, en los mejores casos, un resumen sencillo de fenómenos muy complejos. Es interesante que los poetas con su oído hayan llegado a conclusiones que solo hoy pueden avalarse en los laboratorios.
En fin, a la luz de todo esto te diré que ese endecasílabo tuyo pasa bastante bien en un entorno petrarquista: el acento en segunda nos lleva al yámbico, y no hay mayor resistencia a acentuar «pára» ni «exórcizar». Eso no significa que el modelo 2.8.10 sea un nuevo modelo petrarquista, dado que dentro de este modelo sí podríamos tropezar con resistencias naturales a esas acentuaciones intermedias. Para ponerte un ejemplo: la preposiición «para» es considerada átona por nuestros gramáticos; sin embargo, tolera el acento en la primera «a» con cierta naturalidad, no así en la segunda.
abrazo
Jorge
PS. Veo que el fenómeno de transposición está comentado, con el nombre de «inversion» en el artículo de wikipedia en inglés sobre el «iambic pentameter».