Revivo los destierros que obligaron a borrar tu imagen, recordando tu pasado partido en fragmentos, como un rompecabezas que no encaja y cuyas piezas se pierden en el tiempo; cuando me pediste que te olvidara, que no le escribiera a tu ausencia, para luego esfumarte sin dejar rastro ni huella.
Perdí el significado de tu silueta y te convertiste en mi musa. Te marchaste temprano, batallando con fantasmas de la muerte. Soy un escritor nato, moldeado para reflejar cómo mi alma se desmenuza, y es que casi siempre son palabras de melancolía las que suelo ofrecerte.