MDERIKJ
Poeta recién llegado
Me gusta la neblina triste que cubre mi nostálgica memoria, que se entrelaza silenciosa con los vientos del norte para traerme las nuevas y las penas. Tarde bella de recuerdos de hojas otoñales no muy lejanas, alegoría de paz melódica, de soledades metódica para escaparse de la presencia. Los ojos se dibujan sobre la nada en un cielo de casi ocaso, por un horizonte empañado, por una cercanía bordeada en la ansiedad y en la añoranza. Polvo blanco que se expande para obnubilar todos mis deseos: menudo polvo de agua de las montañas, nubes descuartizadas... A lo lejos se oye el desconcierto de la lluvia, la pereza de las fuentes, la ignominia del devaneo. Las cortinas confunden mis caminos: se vierten reclamos. Es el marco de la inconstancia, la necesidad de pasado. Es para no seguir encarando nuestro paso furtivo por la nada y por el olvido, para no alimentarnos de ilusiones con forma, para no discurrir en círculo... Vestida está la Luna del aliento de la noche, y el eco despierto de los sueños resuena a través de los polícromos cristales en el neutro palpitante, mientras las criaturas continúan embriagándose con fuego de vacuedad. ¿Hasta cuándo la locura febril de mis actos? ¿Es qué no puede negarse con estoicismo aquello a lo cual hemos renunciado? ¿No son más fuertes la voluntad y la sabiduría por las que con fe hemos clamado? En este pequeño espacio se infiltran laceraciones subletales, casi imperceptibles, y cada pequeño error es tomado en cuenta. La Tierra tiembla, las estrellas son descolgadas, los mares se mecen, emergen montes, se encienden los cielos en indignación. Fuego inmenso se conglomera sobre nuestras cabezas: enferma nuestra atmósfera de gravedad. Grandísimos sucesos pasan desapercibidos, fenómenos determinantes están ocultos a nuestros sentidos. El sol destila horror y nuestros vecinos del Universo se desploman encima de nuestra indiferencia: testigos vigiles de otra talla nos denuncian. Vendimias de miseria, contemplaciones de podredumbre, claridades que menguan, rocío de abatimiento, frutos, panes de venganza, agua de confusión, señales...
Existe un solapamiento voraz en la fugacidad de las horas. La vida, sin esa necesidad innata, de la que dependemos para el bien morir hoy, no es más que una sucesión cíclica de yerros y fracasos... ¿Estamos precondicionados al ocaso?
Existe un solapamiento voraz en la fugacidad de las horas. La vida, sin esa necesidad innata, de la que dependemos para el bien morir hoy, no es más que una sucesión cíclica de yerros y fracasos... ¿Estamos precondicionados al ocaso?