Como proas insolentes o asoladas
avanzan las miradas y sus brillos
desde la noche eterna sin brumas.
No disimulan sus ardores los amantes
que se admiran del lúgubre cantar del búho.
(cercenan las raíces de sus sueños)
En las orillas del sueño como barcas arrumbadas
tus formas curvas de pequeña serpiente verde
adquieren la consistencia de una llamada en la noche
como un enérgico timbrazo del teléfono
que hace titilar estrellas desprevenidas.
(aguas pudorosas para un bautismo de bestias)
Descansan los pasos perdidos en la vieja rosaleda
mientras tú me guías a tu guarida luminosa.
Todo es ahora silencio.
El silencio de los pecios herrumbrosos sobre el fango
el silencio mayestático del caballo en su pesebre o pedestal.
(silencio fecundado por insomnios color malva)
Oculto un instante creador en mi mano jubilosa
ese brillante instante que se escapó de lo eterno
y me arde con el calor de un cuchillo que se hunde en las entrañas.
En la madrugada me rodean los rostros que amé.
Ahora son brasas de espuma como tus cuencas vacías.
(ignorante bestezuela de amor ávida)
Viejo y renovado amor: yo te convoco en esta aurora alocada
A ti, que segaste mis ramas doradas, te ofrezco esta nueva copa
y compruebo el desgaste de tus facciones de luna.
Roca inaudita donde anclé remotas esperanzas.
Barco con sólo estribor condenando mi naufragio.
(...y donde sino en tus ojos iniciaré mi deriva...)
Ilust.: Femme endormie (Fernande) P. Picasso, 1904
avanzan las miradas y sus brillos
desde la noche eterna sin brumas.
No disimulan sus ardores los amantes
que se admiran del lúgubre cantar del búho.
(cercenan las raíces de sus sueños)
En las orillas del sueño como barcas arrumbadas
tus formas curvas de pequeña serpiente verde
adquieren la consistencia de una llamada en la noche
como un enérgico timbrazo del teléfono
que hace titilar estrellas desprevenidas.
(aguas pudorosas para un bautismo de bestias)
Descansan los pasos perdidos en la vieja rosaleda
mientras tú me guías a tu guarida luminosa.
Todo es ahora silencio.
El silencio de los pecios herrumbrosos sobre el fango
el silencio mayestático del caballo en su pesebre o pedestal.
(silencio fecundado por insomnios color malva)
Oculto un instante creador en mi mano jubilosa
ese brillante instante que se escapó de lo eterno
y me arde con el calor de un cuchillo que se hunde en las entrañas.
En la madrugada me rodean los rostros que amé.
Ahora son brasas de espuma como tus cuencas vacías.
(ignorante bestezuela de amor ávida)
Viejo y renovado amor: yo te convoco en esta aurora alocada
A ti, que segaste mis ramas doradas, te ofrezco esta nueva copa
y compruebo el desgaste de tus facciones de luna.
Roca inaudita donde anclé remotas esperanzas.
Barco con sólo estribor condenando mi naufragio.
(...y donde sino en tus ojos iniciaré mi deriva...)
Ilust.: Femme endormie (Fernande) P. Picasso, 1904
Última edición: