Dvaldés
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ennegrecida torre mortecina,
alabarda del fiero mundo antiguo,
bajo el musgo a los pies de la colina
tu atávico esplendor se muestra exiguo.
Admirable estructura sibilina,
flecha negra, guardián de un mar contiguo,
a tu cuerpo atenaza agreste espina,
derruida vas al reino de lo ambiguo.
En el suelo prendido por la hiedra
levitan inconexos los peldaños
del recuerdo luctuoso de tus días.
Tu apogeo atesora cada piedra
habitando tus viejas utopías
segadas por el paso de los años.
Última edición: